domingo , 22 mayo 2022
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El triste fin del SS Morro Castle

Franck Fernández *

Fuente: Diario de Yucatán

Por mucho que lo quieran negar los detractores de lo que fue antes de 1959, Cuba era un país pujante e importante dentro del coro de las naciones.

Fue un país que, gracias a su fuerte economía y a sus posibilidades de desarrollo, era destino de muchos emigrantes. No se puede negar esta evidencia. Había injusticias, imposible de negar, pero básicamente era un país donde el que se esforzaba tenía posibilidades de salir adelante y abrirse un camino. Este tráfico de carga y pasajeros hacía que los viajes, hacia y desde Cuba, fueran algo muy necesario.

En las épocas en las que aún no existía la aviación o su uso era limitado, forzosamente las comunicaciones se realizaban vía marítima considerando la insularidad del país.

En 1958, desde el aeropuerto de La Habana cada 20 minutos salía un avión hacia Miami. Es necesario reconocer que eran aviones pequeños, pero la frecuencia de los viajes da cuenta de lo importante que era La Habana como destino.

También ya existía el proyecto para que La Habana contara con tres aeropuertos. El único que existe hoy, conocido como Aeropuerto Internacional José Martí que se encuentra en la localidad de Rancho Boyeros, sería un aeropuerto para vuelos nacionales. Al este del Castillo del Morro de La Habana habría un gran aeropuerto que serviría solo para las conexiones de la capital cubana con destinos de Estados Unidos. Habría un tercero en la Playa de Baracoa, al oeste, destinado exclusivamente a vuelos internacionales.

Siempre me he preguntado, con el abundante parque automovilístico que ya existía en 1959 y que forzosamente estaba destinado a crecer, ¿cómo un viajero que llegó a un aeropuerto pudo trasladarse al otro?

El hecho de tener este fuerte tráfico marítimo a la larga también generaría accidentes. Ya en el pasado he hablado del naufragio del barco español Valbanera. Hoy quiero hablar de otro accidente marítimo del que me hablaron mucho mis mayores. Es el incendio del SS Morro Castle a tan solo 8 millas náuticas de las costas de Nueva Jersey en un viaje que, habiendo partido de La Habana, se dirigía hacia el puerto de Nueva York.  Hagamos un poco de historia.

En 1928, el Congreso de los Estados Unidos pasó una ley mediante la cual se le daban importantes préstamos a las navieras que quisieran construir nuevos barcos con el fin de cumplir con los nuevos estándares de la navegación. El préstamo llegaba hasta el 75% del precio total del buque, siendo el tipo de interés muy bajo y pagadero en varios años. Quien rápidamente optó por financiar nuevos barcos fue la naviera Ward Line, que desde mediados del siglo XIX cubría la ruta entre los puertos de La Habana y Nueva York, tanto de pasajeros como de carga.

Tan pronto como enero de 1929 ya habían terminado los trabajos del primero de los dos buques gemelos que decidió encargar la Ward Line. Al primero se le dio el nombre de SS Morro Castle. Al segundo, que se terminó pocos meses más tarde, el nombre de SS Oriente. El primero en honor a la fortaleza que se encuentra a la entrada de la bahía del puerto de La Habana y el segundo en honor a la provincia oriental cubana.

Poco tiempo después llegó el “crack” económico de Wall Street y la ley seca en Estados Unidos. A pesar de la quiebra en la que se sumieron muchas empresas y personas, el Morro Castle era utilizado por muchas personas que decidían visitar La Habana o Nueva York en el sentido contario, sabiendo que el trayecto duraría solo unas 58 horas en cada una de las dos direcciones. Siempre viajaba lleno.

Como el barco viajaba por aguas internacionales, con precios relativamente asequibles, el pasajero podía disfrutar no solo del viaje sino de una orgía de alcohol sin límites. Así estuvieron las cosas durante 4 años, sin ningún tipo de accidente ni incidente. Hasta la noche del 8 de septiembre de 1934, casualmente día de la Santísima Virgen de la Caridad del Cobre.

Inicio de eventos desafortunados

Una serie de eventos marcaron el fin de este barco. Es necesario mencionar que, en el momento de su construcción, los barcos fueron equipados con lo más moderno que existía en ese momento. Tenían muy elegantes decorados. Los salones estaban revestidos con las más preciosas maderas. Ambos barcos gemelos contaban con 155 metros de largo y pesaban 11,520 toneladas de peso bruto. Podían recibir un total de 498 pasajeros en sus dos clases más los 240 miembros de la tripulación y los oficiales.

El capitán titular del Morro Castle era el capitán Robert Rennison Willmort que esa noche, después de pedir que le trajeran la comida a su camarote, dijo sentirse mal del estómago. Pocas horas después falleció víctima de un paro cardíaco.

Ante esta situación, asumió el cargo de capitán el oficial William Warm, hombre que no contaba con la experiencia para enfrentarse a los eventos oestaban por producirse.

Esa noche se desataron los vientos, llegando a aumentar a más de 30 millas por hora. Cuando se encontraban a tan solo unas millas náuticas de las costas de Nueva Jersey, en lo que era el salón para escribir de la zona de primera clase, dentro de uno de sus armarios, se desató un incendio. Eran las 2:50 de la madrugada. Las habitaciones contaban con detectores de incendio, pero no las zonas comunes, como era el caso de este salón. El barco estaba completamente en llamas 30 minutos más tarde. Los cables eléctricos, que para la fecha no eran recubiertos con material ignífugo, fueron pasto de las llamas, así como las líneas hidráulicas que permitían manejar el timón. Inevitablemente esto causó que el barco se quedara sin gobierno y sin electricidad. Los pasajeros fueron avisados por una alarma casi inaudible y se dirigieron a popa. Los tripulantes, prácticamente sin adiestramiento para este tipo de situación, no sabían bajar como es debido los botes salvavidas que, para colmo de males, no podían bajarse debido al mal tiempo que imperaba.

El rescate tardó en llegar porque solo se logró lanzar una señal de SOS. El protocolo para hacerlo era muy estricto y estaba rota la cadena de mando, por lo que finalmente el telegrafista decidió hacerlo sin el acuerdo necesario, justo antes de que se cortara la electricidad.

Los tripulantes para llegar a los lugares donde se encontraban los pasajeros rompían los cristales haciendo que los fuertes vientos entraran al barco y se propagaran las llamas con más rapidez. Las 42 bombas de agua destinadas para luchar contra los incendios no tenían la fuerza necesaria porque habían sido diseñadas para ser utilizadas solo 6 al mismo tiempo.

De los 12 botes con los que contaba el barco solo se lograron bajar 6. Llevaban un total de 85 personas, la mayoría de ellos tripulantes que huían ante el infierno que se desataba en el Morro Castle.

Célebres personajes a bordo

Entre los personajes célebres se encontraba a bordo la escritora cubana Renée Méndez Capote a la que inicialmente se le acusó del fuego por tener ideas izquierdistas. Otro de los célebres pasajeros del barco era el conocido nadador con varios premios a su haber, Franz De Beche, de 17 años quien generosamente entregó su chaleco salvavidas a la señorita Rosario Camacho León porque la vio llorando por no tener salvavidas ni saber nadar. Confiaba en que sus capacidades de nadador le permitirían llegar a la cercana costa. Nunca llegó a la costa y su cuerpo nunca se encontró.

Una persona que tuvo una actitud heroica para orientar y desalojar a los pasajeros, incluso tirando sillas para que los que habían optado tirarse al agua ante la perspectiva de morir quemados pudieran encontrar una tabla de salvamento, fue el operador de radio Georges White Rogers. Sin embargo, pronto recayeron sobre él las sospechas.

Es evidente preguntarse cómo dentro de un armario que solo contenía material para escribir pudiera declararse un incendio de madrugada. Hubo quienes pensaron que el señor Rogers había sido contratado por la compañía naviera para incendiar el barco y cobrar el seguro. También se sospechó que Rogers había envenenado al capitán. Con el paso del tiempo se vio involucrado en varios eventos de policía, incluso siendo acusado de pirómano. En 1954 fue declarado culpable por el asesinato de una pareja vecina a la que le debía dinero muriendo 3 años y medio después en prisión.

Con el paso de las horas, el barco a la deriva vino a encallar ante la Sala de Convenciones de Asbury Parks Beach de New Jersey y era una atracción para los vecinos que venían de paseo a ver al barco todavía en llamas.

Cuando las autoridades lograron subir al barco, una vez apagado completamente al fuego y volviendo a la normalidad las temperaturas dentro de lo que quedaba de lo que fuera el orgulloso y elegante SS Morro Castle, se determinó el lugar donde comenzó el incendio y los restos calcinados de las víctimas. Por último, el barco terminó en manos de una empresa de chatarra que emprendió su desguace.

El accidente del Morro Castle ha sido tema para varias películas y escritos de toda naturaleza. A partir de este incendio, para los viajes por mar se tomaron toda una serie de medidas que, debido a la desgracia que les tocó vivir a sus desdichados pasajeros y tripulantes, al menos sirvió para demostrar la ineficacia de las existentes hasta el 8 de septiembre de 1934.

(*) Traductor, intérprete y filólogo. altus@sureste.com

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