miércoles , 7 octubre 2026
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Dos leyes, una misma amenaza: el poder frente a la crítica

Gabriela Salido

Fuente: El Sol de México

Hay que dejar algo muy claro: no existe una sola “Ley Antimemes”.

Hay dos reformas distintas, y conviene diferenciarlas porque, aunque atacan problemas jurídicos diferentes, ambas generan una pregunta incómoda sobre los límites que el poder pretende imponer a lo que los ciudadanos pueden publicar en internet.

La primera es la reforma aprobada por el Senado a la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial y al Código Penal Federal. El nuevo artículo 403 Bis establece sanciones de hasta cinco años de prisión y multas de hasta aproximadamente 1.17 millones de pesos para determinados usos de identidad gráfica institucional, cuando concurran los supuestos establecidos por la norma.

El argumento oficial es combatir la falsificación, la piratería y la suplantación de instituciones públicas.

Pero el problema está, precisamente, en lo que la norma no define con suficiente claridad. ¿Qué ocurre con una caricatura política que utiliza un logotipo oficial? ¿Con una parodia? ¿Con un meme que reproduce deliberadamente elementos de una institución para ridiculizarla?

El PAN advirtió durante la discusión que conceptos como “identidad gráfica”, “imitar” y “escala comercial” pueden dejar un margen de interpretación demasiado amplio para una norma que considera consecuencias penales.

Y cuando hablamos de cárcel, la ambigüedad no es un detalle técnico. Es un problema democrático. Una conducta que puede llevar a una persona ante un Ministerio Público tiene que estar descrita con absoluta precisión.

El Partido Acción Nacional ha planteado, precisamente, que la ley debe excluir expresamente la parodia, la sátira, el periodismo, la caricatura y las expresiones de interés público.

La segunda reforma está en la Cámara de Diputados y es distinta. Modifica la Ley Federal del Derecho de Autor para establecer nuevas responsabilidades y obligaciones para proveedores de servicios de internet y plataformas frente a determinadas infracciones de derechos de autor.

Aquí aparece otro vacío preocupante: si una plataforma enfrenta sanciones de hasta 4.69 millones de pesos por incumplir determinadas obligaciones, el incentivo puede ser retirar primero y revisar después.

El propio PAN presentó reservas para proteger la libertad de expresión y para evitar que pueda suspenderse el servicio de internet sin una resolución judicial previa; ambas fueron rechazadas en comisión.

Eso puede generar un fenómeno todavía más delicado que una prohibición directa: la autocensura. No hace falta que el gobierno retire personalmente cada meme. Basta con que las plataformas tengan suficientes incentivos para eliminar contenido ante la duda.

Y aquí está el punto político de fondo. Cuando un gobierno tiene dificultades para imponer una narrativa en las redes sociales, el debate democrático exige más libertad de expresión, no menos.

La crítica puede ser incómoda, exagerada, satírica o incluso profundamente molesta para quien gobierna. Precisamente por eso debe estar protegida. Desde Acción Nacional hemos advertido que una democracia no puede depender de la interpretación de una autoridad para decidir cuándo una crítica deja de ser sátira y comienza a ser delito.

Esa frontera debe estar escrita en la ley, no en el criterio del funcionario que la aplique.

El Congreso tiene todavía una oportunidad para corregir esos vacíos. Si el propósito realmente es combatir la falsificación, la suplantación y las infracciones de derechos de autor, entonces que la ley sea precisa y que establezca expresamente qué conductas quedan fuera de su alcance.

Porque una democracia madura no protege únicamente los mensajes que agradan al poder. Protege también, y especialmente, aquellos que lo incomodan.

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