miércoles , 2 septiembre 2026
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Mujeres y Política/ En Jauja no hay personas desaparecidas

Soledad Jarquín Edgar

Fuente: Las Caracolas

Oaxaca, 2 de septiembre de 2026.- Un cartel con el rostro de una persona no conocida, su nombre tampoco me suena, a pesar de ello algo me punza en el cuerpo, aunque solo miro y sigo, la pared es un continuo de rostros de personas de todas las edades, sigo mi camino, en pocos minutos viene el olvido.

La ciudad está como siempre, llena de turistas, de personas que van de compras, de gente que entra y sale de las universidades y de otras escuelas, de habituales visitantes a los cajeros automáticos, vuelven a mí los rostros de los pequeños carteles tamaño carta, con nombres desconocidos que se quedaron una cuadra atrás. Me doy cuenta de que cada persona está en lo suyo, nadie ve esas fichas de búsqueda. ¡Y nadie, es nadie!

El dolor es ajeno, el dolor es de quien lo padece y de nadie más, por eso doña Nadie y don Nadie no miran la pared superficial instalada frente al zócalo de la ciudad donde los rostros de hombres y mujeres se vuelven puntos infinitos. Pregunto: qué logran ver en el infinito. Yo, nada.

Cuando era niña, había un señor adulto que salía en la televisión. La impresionante voz del tío Gamboín, que confieso vi muy pocas veces, se detenía de pronto para mostrar los rostros de niños y niñas extraviadas, desaparecidas, robadas… Me quedaba impactada, me preguntaba si esas niñas y niños habrían vuelto a sus casas.

Hace más o menos 20 años desaparecer en México tomó otro rumbo. Porque es verdad siempre han existido personas desaparecidas. Primero, las desapariciones por razones políticas, un problema ampliamente visibilizado, guiado como hoy por las mujeres que caminan, que van a las marchas. Lo que empezó con el nuevo siglo ha dejado una huella de dolor hondo, el dolor del abandono, porque lo que entienden las familias de las personas desaparecidas lo ignoran las autoridades.

Hay una generación de periodistas que hicimos notas sobre la violencia provocada por los poderes facticos o caciquiles, que también encarcelaban, asesinaban o desaparecían, de ese punto pasamos a la operación de los grupos criminales, que convertidos en crimen organizado gozan de total protección, en cambio. En ambos casos el Estado mexicano sigue operando la misma fórmula: criminalizar a las víctimas, es una estrategia.

Cada rostro plasmado en las fichas tiene una historia sin contar, en México existen sin presencia más de 130 mil de esas historias, historias que casi nadie escucha. Hay un clamor permanente, madres, hermanas, hijas desesperadas rascando la tierra, recorriendo el país, olfateando a sus hijas e hijos persiguiendo ese olor que se les quedó impregnado desde el minuto uno cuando les dieron vida, les pusieron nombre y vieron para ellas y ellos una vida feliz. El otro inconveniente es que muchas veces la tierra no es fértil a su amorosa maternidad.

Un sin embargo más camina en paralelo y cada tanto se cruza: la tierra que rascan se parece un tanto a la sociedad que las rodea, vacunada para no sentir el dolor ajeno. Se olvida por salud mental, dicen algunas personas. ¿Será esa la razón por la que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y sus asesores decidieron desaparecer a los desaparecidos en el segundo informe?

30 de agosto, el día especial de cada año, el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, volvieron a salir, aunque lo hacen cada día, volvieron a exigir su localización, avances en las investigaciones de las autoridades. Sabemos que casi todas esas pesquisas dolosamente no existen son apenas unas cuantas fojas que contienen una denuncia, una fotografía y un nunca más, y si existen, las mujeres con tierra entre las uñas saben que se hicieron mal y que las autoridades tienen que volver a hacer cada carpeta, eso dice el imaginario de las leyes.

A pesar de los pesares la esperanza nunca muere. Alguna vez encontraran lo que buscan, sueñan a sus hijas e hijos, se despiertan con la posibilidad de que ese será el día. No es una tarea fácil en un país en donde el bienestar se cobra bimestralmente y se deja solas a las mujeres buscadoras, tan solas que entre 2010 y 2026, 27 buscadoras y 18 buscadores (45 en total) fueron víctimas de ataques: 23 mujeres y 14 hombres fueron asesinados, e igual número de hombres y mujeres (4 y 4) están desaparecidas, datos de organismos internacionales.

Desaparecer en México es desaparecer en todo, excepto por la necedad del periodismo, porque insisto y reclamo las personas desaparecidas y no localizadas tampoco están en el segundo informe de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. Como no lo está la palabra feminicidio. Eso no existe. No es casualidad es intencionalidad. En Jauja, donde los homicidios dolosos disminuyeron hasta un 51 por ciento, como aseguró la presidenta, no pueden existir tampoco personas desaparecidas.

Fotografía de Carolina Jiménez

Por SOLJAR

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