sábado , 22 agosto 2026
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Factura de la salud gratis

Edgardo Arredondo Gómez (*)

Fuente: Diario de Yucatán

  • De todas las formas de desigualdad, la injusticia en la salud es la más impactante e inhumana”.— Martin Luther King Jr.

Vamos a los hechos, a lo comprobable. Hay países que ofrecen servicios médicos, incluyendo medicamentos, en forma gratuita o con un costo mínimo y cuotas llamémosle… simbólicas y en un esquema que no es un sistema universal gratuito, al menos no del todo.

En el Reino Unido se tiene el National Health Service (NHS) que provee atención y recetas con tarifas muy reducidas o exentas para ciertos grupos (algunos desempleados, personas en situación de calle, discapacitados, etc.). Países escandinávicos: Noruega, Suecia y Dinamarca (el modelo anhelado de López Obrador) dan atención médica integral gratuita en el punto de servicio, con una especie de tabulador, tras alcanzar un tope anual de gastos por parte del paciente, éste tiene que hacerlo por su cuenta, y sí, conforme envejece va a apareciendo la cobertura. Estos son modelos financiados con una alta carga impositiva que garantizan acceso médico general y medicamentos subsidiados. En Alemania se utiliza un sistema mixto de seguros de salud obligatorios administrados por fondos públicos y privados. En España el sistema nacional de salud es financiado por impuestos con cobertura universal, casi total para residentes. En Canadá este sistema universal de salud es conocido como Medicare y está administrado por cada provincia y financiado públicamente (como debiera ser, nada de centralización). Australia opera el mismo programa Medicare, el cual subvenciona gran parte de los servicios médicos y hospitalarios públicos. Hay un punto relevante: Todos estos países destinan en promedio de un 9.5% hasta un 12 % del Producto Interno Bruto (PIB). México aplica aproximadamente 2.5% a 2.7% del PIB a través del gasto público en salud, una cifra que se eleva a 5.2% al incluir el valor total del sector, el gasto privado y el trabajo no remunerado de los hogares, aun así, está debajo del 6.0% recomendado por la Organización Mundial de la Salud.

Vayamos a América Latina. Argentina garantiza atención médica pública y gratuita en hospitales estatales para cualquier habitante, hasta hace unos días incluían extranjeros. Pero, pregúnteles a los argentinos si les duele más la reciente derrota contra España o el sistema de salud rebasado. La combinación de recortes presupuestarios nacionales, la caída del empleo formal y el aumento en las cuotas de la medicina privada provocaron que más de 230,000 personas perdieran su cobertura prepaga y pasaran a depender exclusivamente de los hospitales públicos, los cuales concentran ya al 35.6% de la población… Consecuencia de malas decisiones de un líder de ultraderecha populista. En Cuba los tratamientos y medicamentos en hospitales son gratuitos para los ciudadanos; diríamos el otro extremo…, la izquierda dictatorial. Lo de Cuba se cuenta solo, lejos de los tiempos del apoyo soviético…, la tragedia está a la vista: sin energía eléctrica, alimentos, medicamentos, etc., atribúyaselo usted a lo que quiera. Por cierto, en Argentina el promedio del PIB asignado a salud ha oscilado de un 7.8% a un 9.4%, mientras que Cuba es alrededor del 5.8% al 9.5%.

Desde la llegada de la 4T se tiene una marcada obsesión con que el tema de la cobertura universal de salud sea totalmente gratuito. Esta insistencia ha llevado al régimen a dar tumbos tras tumbos. El golpe de timón se dio con la presente administración, resolviendo problemas como el de la vacunación, tratando de tener más camas hospital o contratando médicos, pero si no se hace un diagnóstico preciso no hay cura de nuestro sistema de salud que, tristemente está colapsado. Y esto lo sabe el Dr. David Kersenobich que está luchando contra esta inercia de la que es al parecer imposible desprenderse. No se debe enarbolar la bandera de la gratuidad cuando es evidente que el país no está en condiciones, y aquí hay que volver al tema de la eficiencia. Todos los “Martes de la salud” vemos a un combativo Eduardo Clark mostrando cifras de cómo se maneja la adquisición de medicamentos y se intenta llegar a la cobertura, pero la realidad, y esto es simple, basta preguntar a los pacientes derechohabientes o no, pues no llegan y entonces nos enteramos de los millones de medicamentos e insumos caducados en bodegas, de compras a precios inflados, de algunas distribuidoras “patitos”, o lo peor: gente allegada al sistema, sin escrúpulos, convertidos en mercenarios de la salud. Se intenta por todos los medios de hacer licitaciones públicas y vemos en la treintena de solicitantes, si acaso una tercera parte conformada por industrias sólidas, algunas farmacéuticas y es cuando habría que empezar por erradicar estos agentes patógenos. Y hay que decirlo: el IMSS Bienestar creado para sustituir al Seguro Popular sigue dando bandazos en gran medida por ser un modelo centralista, más que federal, en donde ya no solo se decide la cantidad, calidad y destino de los recursos, sino también las instalaciones médicas incluyendo las que forman parte del IMSS.

“Las familias yucatecas se han ahorrado 13 millones de pesos gracias a la atención médica gratuita, medicamentos y servicios especializados brindados a través del esquema de salud IMSS-Bienestar”. Palabras del gobernador Joaquín Díaz Mena. Fue enfático al señalar este total ahorrado. Esta cifra se calculó por el número de las consultas con especialistas, entrega de medicamentos gratuitos y procedimientos médicos de alta especialización sin costo. Impacto principal: “Atención a pacientes que antes no contaban con recursos para costear cirugías o tratamientos complejos en comunidades del interior del estado”… ¿Y por qué esto no se está reflejando en el sentir de la gente? En verdad, tanto dinero ahorrado, cuando las quejas son directamente proporcionales a estas cifras e inversamente a la atención que se está recibiendo.

Todo período de transición se comprende, lleva un lapso de adaptación, pero hay que prestar atención al personal sanitario que está sufriendo el embate de este cambio. Es muy fácil juzgar a la ligera, decir que el médico prefiere irse a la Medicina Privada, cómo si afuera de la institución la oferta superara a la demanda de médicos. Mejor plantearse por qué el médico —incluyo especialistas— ya no quiere trabajar en un sistema de salud pública. Dejemos el tema del salario, que no es lo único; la falta de insumos termina atrapando a los recién egresados en una espiral de desidia, la saturación, pero también como en todo, el no tener en cuenta la opinión de los trabajadores desplazados, el no ser considerados en las decisiones, no consultar, no consensuar y carecer de voz y voto en qué es lo que más nos conviene a los yucatecos en materia de salud. Lamentablemente no es tema exclusivo de nuestras autoridades locales, es simplemente consecuencia de un muy particular estilo de gobernar de López Obrador, cuya herencia sigue viva: Quitar lo que había, no importa si funcionaba o no, si era imperfecto, pero perfectible: “Esto es del neoliberalismo: ¡eliminemos…, luego averiguamos!” Obcecación antes de redención y aceptar los errores (el gran ejemplo es la compra y abasto de medicamentos). Construir sin planear, inaugurar sin concluir, conformar sin organizar…, evaluar sin objetividad y finalmente culpar al pasado. Hay descontento popular, la pregunta es: ¿en cuánto tiempo la factura política los va a rebasar?

Así en los tiempos de la Medicina de la 4 T y el estandarte de la gratuidad: Más cerca de Argentina y Cuba…, y cada vez más lejos de Dinamarca.— Mérida, Yucatán

(*) Médico y escritor

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