El origen del mango se remonta a más de cuatro mil años en el sur de Asia, transitando entre leyendas antiguas, religiones y una red comercial global que lo consolidó en México y América tropical.
Raíces asiáticas y valor cultural
Surgido de manera silvestre en regiones que hoy ocupan la India, Bangladesh y Myanmar, el cultivo del mango por seres humanos comenzó hace más de cuatro milenios. En la tradición india y en antiguos textos sánscritos, la fruta ha mantenido una posición destacada en la poesía, la pintura y la jardinería real, siendo asociada con la fertilidad, la abundancia y el amor.
Asimismo, la fruta guarda una relación estrecha con el budismo:
- Las crónicas señalan que Buda recibió un huerto de mangos como obsequio de la cortesana Amrapali para enseñar y meditar.
- Tradiciones antiguas narran que Buda plantó una semilla de mango que creció milagrosamente en una sola noche, vinculando al fruto con la sabiduría y la vida espiritual.
Rutas comerciales y llegada a México
El comercio de esta fruta inició hacia el siglo IV a. C. en el subcontinente indio, extendiéndose hacia el oeste por intermediación de comerciantes persas y árabes. Posteriormente, durante el siglo XVI, navegantes portugueses trasladaron el producto a sus colonias en África y luego a Brasil. Desde Sudamérica se propagó por la América tropical, convirtiéndose en un cultivo habitual en México y el Caribe.
Variedad agrícola y valor cotidiano
La selección agrícola a lo largo de los siglos ha dado lugar a una amplia diversidad de tipos de mango, con estimaciones que van desde más de 70 hasta más de 2,000 variedades con distintos sabores, aromas y texturas.
A diferencia de otros bienes, la fruta destaca por su accesibilidad cotidiana y por haber perdurado a lo largo de imperios, rutas comerciales y cambios civilizatorios durante más de cuatro mil años.
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