Sergio Aguayo (*)
Fuente: Diario de Ycatán
En el foro de Davos acaban de reunirse algunos de los empresarios y políticos más poderosos del mundo. Algunos acontecimientos se relacionan con México y la 4T.
En Davos, 400 millonarios se pronunciaron a favor de que los ricos paguen más impuestos y advirtieron que los potentados se han convertido en un peligro para la democracia. No es algo menor que el 1% de la población concentre 95% del ingreso mundial.
El argumento lo reforzó Bloomberg con una tabla que actualiza diariamente; en ella podemos ver la evolución de las fortunas personales de las personas más ricas del mundo.
El pasado domingo los seis primeros lugares los encabezaban dueños de tecnológicas estadounidenses que en conjunto tienen un billón 957 mil millones de dólares; algo más del PIB de todo México en 2024.
Si consideramos el valor de todas las tecnológicas el monto se vuelve sideral. Y en esa lista, Bloomberg puso al mexicano Carlos Slim en el decimosexto lugar.
La revista Forbes empezó a hacer listas de ese tipo en 1987 y desde entonces apareció un mexicano; en 2024 ya eran 22. Slim entró en 1991 con 1.7 mmd. Para 2018 su caudal ya estaba en 67.1 mmd.
La 4T, que presume y con razón, de haber logrado una encomiable reducción de la pobreza, guarda silencio sobre cómo se han beneficiado los más ricos. Slim es el caso más notable pues incrementó su riqueza en casi 50 mmd; el domingo pasado tenía 116 mmd.
A pesar de esa concentración de riqueza, en 1,783 mañaneras Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum han rechazado en 96 ocasiones (79 el primero y 17 la segunda) la posibilidad de una reforma fiscal descalificada por AMLO por ser una receta neoliberal “venida del extranjero”.
La propuesta de ambos se ha centrado en que el gobierno gaste menos, combata más la corrupción, cobre mejor los impuestos y eluda una alianza con potentados que pagan en promedio entre el 18 y el 21.6 por ciento de sus ingresos cuando la tasa máxima es del 35%.
Es cierto que ha mejorado el cobro de impuestos, pero el gasto gubernamental ha crecido, la corrupción florece y hay indicios de alianzas de diverso tipo con los más pudientes. Buena parte de los acuerdos son legítimos, pero es enorme la cantidad de notas sobre negocios turbios, y sobre la opacidad y la impunidad que reina en esa constelación.
Una consecuencia —nos dicen las encuestas— es que la mayoría de los mexicanos considera altas o muy altas las tasas impositivas y que el SAT utiliza criterios parciales.
Otro fruto es la legitimación de la evasión fiscal también practicada por quienes gobiernan.
Un ejemplo es el sainete de las camionetas blindadas entregadas a los nueve ministros de la Suprema Corte. Ya las rechazaron y este lunes el ministro presidente acompañado de otros seis integrantes ofrecieron una conferencia de prensa en la que hablaron mucho, sin mostrar evidencias. El presidente de la Corte tachó de falsa la versión de que un vehículo fue emplacado en Morelos donde se pagan menos de 900 pesos en lugar de los 140 mil que cobran en la CDMX. Lo dijo, pero no lo demostró.
Crece la percepción de que hay un chaparrón permanente de corrupción mexicana. En el índice de Transparencia Internacional México tuvo en 2024 el lugar 140 de 180 países evaluados, lo que nos pone en la categoría de uno de los países más corruptos del mundo.
El problema seguirá agravándose porque los organismos públicos autónomos y el poder judicial ya fueron colonizados por la 4T y sus aliados. La ciudadanía carece de instrumentos independientes que protejan el derecho a la transparencia, a la rendición de cuentas y a elecciones limpias y confiables. Y ni así se dan por satisfechos; en la 4T ya brillan los machetes para disputarse la titularidad de la ya de por sí blandengue Auditoría Superior de la Federación.
¿Existe esperanza? Sí. México tiene una franja de funcionarios federales y locales honestos y una parte de la sociedad trabaja, se compromete con principios y se involucra en la batalla global entre la democracia y el autoritarismo.
Por ahora, la reciente reunión en Davos y la forma como ejerce el poder el nuevo autoritarismo se subsumen en la frase hecha famosa por Paco Ignacio Taibo II en 2018: “sea como sea se las metimos doblada” (Colaboraron Elena Simón Hernández y José María Vázquez Cabanillas).— Ciudad de México.
@sergioaguayo
Analista político
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