Marcelo Pérez Rodríguez *
Fuente: Diario de Yucatán
Mérida, 1 de abril de 2026.- Algo está pasando en nuestra sociedad que muchos niños, adolescentes y jóvenes se sienten aislados, sin afecto, rechazados y como único amigo inseparable el celular, y este aislamiento lo canalizan en las drogas, el alcohol y la delincuencia, y al final son protagonistas de dolorosas tragedias en el hogar, la escuela y las calles.
¿Qué hacemos o no hacemos los padres para que los hijos se sientan solos, sin afecto, vulnerables? ¿Qué impulsa a los adolescentes y jóvenes a refugiarse en las drogas, en la violencia, a tomar un arma blanca o un rifle y acuchillar a otro joven o dispararle a los compañeros o maestros?
Esto viene a colación porque el caso reciente del adolescente de 15 años que disparó contra dos maestras en una preparatoria de Lázaro Cárdenas, Michoacán, ha sacudido a la sociedad en general.
l adolescente al no poder entrar porque llegó tarde a la escuela, se dirigió a su casa, tomó un rifle de alto poder, Un AR-15, propiedad de su padrastro, lo guardó en un estuche de guitarra, se dirigió al plantel y cuando entró disparó contra la maestra de guardia y luego a otra que quiso resguardarse. Hizo 27 disparos antes de que alumnos y un empleado lo sujetaran.
¿Qué problemas tenía el joven que nadie notó? ¿Qué hace un arma de alto poder en un hogar? El joven envió mensajes en sus redes sociales: fotografías con el arma en las manos, expresiones amenazantes contra las mujeres, fotografías de asesinos seriales y la expresión “Hoy es el día”. Pero nadie vio con anticipación esos mensajes, ni los problemas emocionales del adolescente.
El hogar es el espacio vital y primario para una educación de respeto, de igualdad, de valores y democrática. La escuela luego será complemento para fortalecer los saberes, la cultura, las aptitudes y los talentos de los estudiantes. Pero la escuela no suplirá al hogar, ni los maestros suplirán las responsabilidades de los padres de familia.
Lamentablemente, la convivencia familiar se ha resquebrajado. Padres e hijos ya no dialogan, ni conviven. Es más fácil darles a los hijos un celular de última generación, una tablet, un televisor gigante o una computadora para que se distraigan, sin vigilancia, ni límites, que conversar con ellos, salir a caminar al parque y realizar tareas de equipo en el hogar.
Tampoco hay la comida familiar, ni los domingos, ni en los días festivos. Muchos se levantan tarde, toman el celular o la tablet y se encierran en el cuarto durante horas y comen en ese espacio comida rápida o productos “chatarra”. Y la alimentación es parte de la educación.
No hay límites, ni acuerdos. El respeto se pierde y muchos padres están decididos a dar cosas materiales y dinero e incluso automóviles o camionetas, antes de divertirse y convivir juntos. Sin límites, el adolescente utilizará a su antojo el automotor, manejará alcoholizado y a alta velocidad, lo utilizara de cantina con los amigos, pues sabe que papá lo apoyará si hay algún siniestro e, incluso, la justicia podría ser doblegada para evitar castigos severos.
Recordemos: En abril del año pasado un joven alcoholizado que manejaba una camioneta Lincoln impactó una motocicleta, bajo el puente de Altabrisa, y fallecieron en este siniestro tres personas: el esposo y la esposa embarazada; un joven dormitó mientras conducía un Mercedes Benz y se impactó violentamente, por la velocidad en que viajaba, contra un poste de alumbrado público en el fraccionamiento Gran Santa Fe, lamentablemente murió; recientemente, en pleito entre adolescentes de dos escuelas, un estudiante salió acuchillado y está gravemente herido, y ahora el crimen de dos maestras en Michoacán a manos de un adolescente de 15 años.
¿Qué está pasando con los jóvenes? Entre alcohol, drogas, alta velocidad y violencia estamos perdiendo a muchos adolescentes y jóvenes. En esta época de avanzada tecnología, de adicción al celular y en donde las redes son espacios para manipular emociones, los padres deben estar alertas y cerca de los hijos para platicar con ellos de lo que miran por internet y saber los contactos que tienen.
Es necesario poner límites y hacer acuerdos con los hijos. No solo es otorgarle cosas materiales, también necesitan ser escuchados, sentirse amados y protegidos. Una “operación hormiga” en el hogar, en donde todos participen en limpiar cuartos, la casa, el jardín, pintar paredes y demás, ayudaría mucho a la convivencia familiar.
No debemos caer en la adicción al trabajo y del celular y dejar solos a los hijos con otro celular. Este abandono dejaría a los niños, adolescentes y jóvenes aislados, confusos, sin rumbo, y esto puede desencadenar impactos motivadores para que ellos, vulnerables, caigan en las redes del alcohol, las drogas y la violencia. ¿Qué queremos para nuestros hijos?— Mérida, Yucatán
*Profesor
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