jueves , 8 octubre 2026

El México que envejece

Claudia Corichi

Fuente: El Sol de México

Mérida, 8 de octubre, 2026.- Hay momentos en que las cifras demográficas dejan de ser estadísticas para convertirse en una llamada de atención sobre el futuro. Los resultados de la Encuesta Intercensal 2025 del INEGI muestran uno de ellos: México tiene 130.9 millones de habitantes, pero ya no es el país predominantemente joven que conocimos durante buena parte del siglo XX.

La edad mediana pasó de 29 años en 2020 a 32 en 2025, mientras que la población de 60 años y más aumentó de 12 a 14.7 por ciento. En contraste, la población menor de 15 años disminuyó de 25.2 a 21.6 por ciento.

No se trata únicamente de que haya más personas mayores. Está cambiando la estructura misma de la sociedad: hay menos nacimientos, la tasa de fecundidad era casi de 7 hijos e hijas en 1970 durante toda su vida y pasó a 1.2 en 2025, menos niñas y niños, menor crecimiento poblacional y una mayor proporción de personas que vivirán más años.

México ya enfrentó, hace medio siglo, una transformación demográfica de enormes dimensiones. En los años sesenta y principios de los setenta, las proyecciones advertían que, de mantenerse las tendencias, la población podía triplicarse. La respuesta fue construir una política de población.

En 1974 se reformó la Ley General de Población y se creó el Consejo Nacional de Población. Se impulsaron políticas de planificación familiar, educación sexual, servicios de salud y comunicación pública. La fecundidad, que alcanzaba casi siete hijas e hijos por mujer en los años setenta, disminuyó de manera acelerada.

Fue una transformación que involucró al Estado, pero también a la sociedad. Cambiaron las expectativas sobre el tamaño de las familias, aumentó la escolaridad y se consolidó el derecho a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y espaciamiento de la descendencia.

Ahora necesitamos aprender de aquella experiencia. La pregunta ya no es cómo frenar el crecimiento de la población, sino cómo garantizar bienestar en una sociedad que envejece. Y la respuesta no puede limitarse a las pensiones.

Una población más longeva obliga a repensar los sistemas de salud, seguridad social, vivienda, movilidad, ciudades, empleo y cuidados. También exige servicios de atención de largo plazo y políticas que eviten que la vejez se convierta en sinónimo de pobreza, dependencia, soledad o exclusión.

El reto es todavía mayor para las mujeres. Su participación laboral se concentra en mayor medida en la informalidad, donde muchas no tienen prestaciones, cotizaciones para el retiro ni acceso pleno a la seguridad social. A ello se suman las interrupciones de sus trayectorias laborales por las tareas de cuidado. Llegar a una edad avanzada después de una vida con menores ingresos y menor protección social puede traducirse en una vejez con mayor vulnerabilidad económica.

Por eso, la respuesta al envejecimiento también debe ser una política de igualdad: autonomía económica, empleo formal, pensiones decentes, derechos patrimoniales y un sistema de cuidados que distribuya responsabilidades entre las familias, el Estado y la sociedad.

El envejecimiento es, en buena medida, resultado de un logro: vivimos más y tenemos menos hijas e hijos. Pero los beneficios de vivir más años sólo serán reales si podemos hacerlo con dignidad.

Hace cincuenta años México entendió que la demografía debía formar parte de la planeación nacional. Hoy necesitamos recuperar esa visión de largo plazo. La Encuesta Intercensal no sólo nos dice cuántas personas somos. Nos muestra quiénes seremos. Y el tiempo para prepararnos no está en el futuro: es ahora.

@ClauCorichi

INEGI Envejecimiento Poblacion

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