{"id":47559,"date":"2018-11-12T09:56:57","date_gmt":"2018-11-12T15:56:57","guid":{"rendered":"http:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/?p=47559"},"modified":"2018-11-12T09:56:57","modified_gmt":"2018-11-12T15:56:57","slug":"un-castillo-por-todo-ese-amor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/un-castillo-por-todo-ese-amor\/","title":{"rendered":"Un castillo por todo ese amor"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/castillo-de-coral-2.png\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-47561\" src=\"http:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/castillo-de-coral-2.png\" alt=\"\" width=\"200\" height=\"280\" \/><\/a><\/p>\n<p>Algunos elementos del castillo de coral que construy\u00f3 Eduard Leedskalnin en honor a la mujer que no quiso casarse con \u00e9l<\/p>\n<p>Frank Fern\u00e1ndez<\/p>\n<p>Publicado en el Diario de Yucat\u00e1n<\/p>\n<p>Existen hombres que le regalan flores a sus novias, otros les regalan bombones y los m\u00e1s afortunados incluso pueden regalar joyas. Pero no creo que en este mundo haya muchos hombres que regalen castillos a sus dulcineas. Y \u00e9ste es el caso de Eduard Leedskalnin de qui\u00e9n les quiero hablar en esta ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Eduard naci\u00f3 en 1887 en Letonia, una de las tres rep\u00fablicas b\u00e1lticas que, a la saz\u00f3n, formaba parte del imperio ruso. De su abuelo aprendi\u00f3 el oficio de alba\u00f1il y, a los 26 a\u00f1os, se enamor\u00f3 de una chica de tan solo 16, Agnes Scuff. Como era correspondido se fij\u00f3 la fecha de la boda, pero la v\u00edspera, Agnes le dijo que no se quer\u00eda casar con \u00e9l.<\/p>\n<p>La excusa fue que era muy viejo para ella. Eduard tom\u00f3 el asunto muy a pecho y, tal fue su dolor, que decidi\u00f3 poner oc\u00e9ano de por medio. Tom\u00f3 un barco que lo llev\u00f3 a Estados Unidos.<\/p>\n<p>All\u00e1 trabaj\u00f3 y tambi\u00e9n en Canad\u00e1, como minero, talador de bosques, ranchero; cualquier cosa era buena para ganarse la vida.<\/p>\n<p>As\u00ed estaban las cosas hasta que enferm\u00f3 de tuberculosis y, como en aquella \u00e9poca no hab\u00eda cura para esta enfermedad, hizo lo que dec\u00edan los m\u00e9dicos ten\u00edan que hacer los tuberculosos: ir a vivir a un clima templado y soleado, por lo que decidi\u00f3 mudarse al sur de la Florida, el \u201cestado del Sol\u201d.<\/p>\n<p>All\u00ed compr\u00f3 un acre de terreno por $12 en 1926 y comenz\u00f3 a construir con la roca coralina del sustrato de esta zona de la Florida muebles megal\u00edticos en la ciudad de Florida City.<\/p>\n<p>En 1933 tuvo la posibilidad de comprarse un terreno mayor a 16 kil\u00f3metros de all\u00ed, en Homestead. Durante tres a\u00f1os se ocup\u00f3 de trasladar a su nueva propiedad lo que ya hab\u00eda terminado, utilizando solo la ayuda de un amigo, con su tractor, al que le pagaba dos d\u00f3lares al d\u00eda.<\/p>\n<p>El detalle de todo esto es que Eduard med\u00eda 1.50 metros y pesaba 45 kilogramos, es decir, un pedacito de hombre, am\u00e9n de su cruel enfermedad. Nunca nadie lo vio cargar ni descargar enormes moles de piedra coralina.<\/p>\n<p>Una vez instalado en su propiedad de Homestead, comenz\u00f3 la construcci\u00f3n de algo a\u00fan mayor, un Castillo de Coral que dedic\u00f3 a Agnes, a quien llamaba \u201cMi dulce 16\u201d, en alusi\u00f3n a la edad de la chica, con la esperanza de que, al saber ella all\u00e1 en Letonia que en el sur de la Florida le esperaba un castillo, corriera al lado de su despechado antiguo novio.<\/p>\n<p>Nunca nadie vio construir a Eduard y, si tomamos en consideraci\u00f3n su peque\u00f1o tama\u00f1o, las descomunales medidas de las piezas que sac\u00f3 de la tierra, movi\u00f3 e instal\u00f3 en el lugar y su enorme peso, s\u00f3lo se puede pensar en que alguna fuerza oculta lo ayud\u00f3 para hacerlo. Al ser humano le gustan las conspiraciones y las especulaciones.<\/p>\n<p>Cuando su castillo estuvo medio terminado decidi\u00f3 cobrar la entrada para visitarlo y con ello obtener un ingreso. Cobraba entre 10 y 25 centavos a los visitantes para que vieran lo que hab\u00eda realizado. \u00c9l mismo contribuy\u00f3 al misterio diciendo que conoc\u00eda el secreto de c\u00f3mo los egipcios hab\u00edan construido las pir\u00e1mides, que \u00e9l sab\u00eda c\u00f3mo mover las piedras a pesar de su descomunal tama\u00f1o y peso y, como si esto fuera poco y para a\u00f1adir secretismo al asunto, solo trabajaba de noche a la luz de una linterna.<\/p>\n<p>Los que vivimos en t\u00f3rridas tierras podemos entender la raz\u00f3n por la que trabajaba s\u00f3lo de noche: el inclemente sol.<\/p>\n<p>Pero Eduard no solo ten\u00eda conocimientos de alba\u00f1iler\u00eda y de c\u00f3mo mover estas enormes piedras, sino que tambi\u00e9n sab\u00eda de astronom\u00eda. Dentro de su castillo de coral hay un montaje de dos piedras en las que perfor\u00f3 sendos orificios y a trav\u00e9s de los cuales se puede localizar la posici\u00f3n de la Estrella Polar. Tambi\u00e9n existe un calendario solar, que es el \u00fanico construido en el mundo que no s\u00f3lo indica las horas con una precisi\u00f3n de unos tres minutos, sino que tambi\u00e9n indica las estaciones del a\u00f1o y el mes.<\/p>\n<p>Como si todo esto fuera poco, Eduard tambi\u00e9n era mas\u00f3n y, am\u00e9n del n\u00famero 16 que hace referencia a la edad de Agnes y que es una constante en la obra, otra constante en el Castillo son estrellas de 6 puntas, las estrellas de David, que tambi\u00e9n son un s\u00edmbolo mas\u00f3nico.<\/p>\n<p>Entre los numerosos muebles que cre\u00f3 existe una mesa que tiene la forma del Estado de la Florida, incluyendo el lago de Okeechobee. Alrededor de esta mesa hay sillas, siendo la principal de ellas la designada al gobernador del Estado. Los vecinos y contempor\u00e1neos dec\u00edan que Eduard era un hombre extremadamente jovial, amable, de excelente car\u00e1cter y que amaba a los ni\u00f1os. Escribi\u00f3 algunos folletos sobre electricidad, magnetismo e incluso sobre c\u00f3mo mantener una buena relaci\u00f3n marital, \u00e9l que nunca se cas\u00f3 y nunca tuvo mujer.<\/p>\n<p>Un buen d\u00eda del a\u00f1o 1951 a la puerta de su Castillo colg\u00f3 un letrero con el mensaje: \u201cCamino al hospital\u201d. Tom\u00f3 un autob\u00fas que lo llev\u00f3 al Jackson Memorial Hospital en Miami y all\u00ed falleci\u00f3 tres d\u00edas m\u00e1s tarde, mientras dorm\u00eda, como consecuencia de un c\u00e1ncer estomacal a la edad de 64 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Atr\u00e1s dej\u00f3 su Castillo para su Dulcinea, su \u201cdulce diecis\u00e9is\u201d, Agnes la letona.<\/p>\n<p>Traductor, int\u00e9rprete y fil\u00f3logo. altus@sureste.com<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div class='share-to-whatsapp-wrapper'><div class='share-on-whsp'>Share on: <\/div><a data-text='Un castillo por todo ese amor' data-link='https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/un-castillo-por-todo-ese-amor\/' class='whatsapp-button whatsapp-share'>WhatsApp<\/a><div class='clear '><\/div><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; Algunos elementos del castillo de coral que construy\u00f3 Eduard Leedskalnin en honor a la mujer que no quiso casarse con \u00e9l Frank Fern\u00e1ndez Publicado en el Diario de Yucat\u00e1n Existen hombres que le regalan flores a sus novias, otros les regalan bombones y los m\u00e1s afortunados incluso pueden regalar joyas. 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