{"id":45837,"date":"2018-10-02T12:14:27","date_gmt":"2018-10-02T17:14:27","guid":{"rendered":"http:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/?p=45837"},"modified":"2018-10-02T12:14:27","modified_gmt":"2018-10-02T17:14:27","slug":"testimonios-de-tlaltelolco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/testimonios-de-tlaltelolco\/","title":{"rendered":"Testimonios de Tlaltelolco"},"content":{"rendered":"<p>Una versi\u00f3n honesta y verdadera; la segunda no<\/p>\n<p>Alberto C\u00e1mara Patr\u00f3n (*)<\/p>\n<p>Publicado en Diario de Yucat\u00e1n<\/p>\n<p>El 8 de octubre de 1973, cinco a\u00f1os despu\u00e9s de la cruenta represi\u00f3n del movimiento estudiantil de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, Tlaltelolco, asist\u00ed a mi primera clase en la Facultad de Ciencias Pol\u00edticas y Sociales de la UNAM. Todo el entorno era extra\u00f1o para m\u00ed, que hab\u00eda pasado once a\u00f1os en el familiar ambiente de mi amada escuela Marista de M\u00e9rida. Me llamaron la atenci\u00f3n los grafitis que en casi todos los muros de la Universidad condenaban la acci\u00f3n del Ej\u00e9rcito y del gobierno y exhortaban a no olvidar que la lucha de los estudiantes segu\u00eda en pie. Las cafeter\u00edas de la UNAM hab\u00edan sido clausuradas porque fueron las sedes del Consejo Nacional de Huelga y los estudiantes nos reun\u00edamos en los jardines llamados \u201cislas\u201d donde platic\u00e1bamos, descans\u00e1bamos, ech\u00e1bamos romance y no pocos fumaban mariguana. El movimiento estudiantil hab\u00eda muerto, mas no del todo: segu\u00eda el resentimiento contra el gobierno y se se\u00f1alaba al Ej\u00e9rcito como culpable, convicci\u00f3n alimentada por las dictaduras castrenses que proliferaban en Sudam\u00e9rica por aquel entonces. Los estudiantes de mayor edad no cejaban en su activismo, pero los de nuevo ingreso est\u00e1bamos demasiado preocupados por abrirnos paso en la vida y todo eso era un poco lejano, ajeno, aunque el mensaje de los muros se nos qued\u00f3 grabado.<\/p>\n<p>Muchos a\u00f1os despu\u00e9s, al iniciar la d\u00e9cada de los noventa, trab\u00e9 una c\u00e1lida amistad con el comandante de la Zona Militar con sede en M\u00e9rida y tuve la oportunidad de convivir innumerables veces con \u00e9l y su familia, muchas veces en mi casa. No sobra decir que siempre me pareci\u00f3 un caballero, muy equilibrado en sus opiniones y firme en sus valores y convicciones.<\/p>\n<p>Un domingo en la tarde, despu\u00e9s de comer en mi casa, le pregunt\u00e9 qu\u00e9 opinaba de la participaci\u00f3n del Ej\u00e9rcito en la represi\u00f3n de Tlaltelolco. \u00c9l y su esposa casi saltaron de sus sillas; se voltearon a ver y despu\u00e9s de breve rato mi amigo el general me narr\u00f3 la siguiente historia:<\/p>\n<p>En\u00a0 Tlaltelolco<\/p>\n<p>\u201cYo estuve en Tlaltelolco bajo las \u00f3rdenes de mi general Hern\u00e1ndez Toledo, comandante del batall\u00f3n de fusileros paracaidistas; otro compa\u00f1ero y yo \u00e9ramos los oficiales de mayor grado bajo el mando del comandante. Llegamos a Tlaltelolco poco despu\u00e9s de las dos de la tarde y llev\u00e1bamos \u00f3rdenes de vigilar la manifestaci\u00f3n, cuidar el orden e impedir que hubiera desmanes en las calles cercanas\u201d.<\/p>\n<p>\u201cLos muchachos fueron llegando a partir de las cuatro de la tarde y todo estaba dentro de lo habitual en ese tipo de manifestaciones, a las cuales ya est\u00e1bamos acostumbrados; yo estaba al frente de un cuerpo del batall\u00f3n y nadie de nosotros sent\u00eda algo que nos inquietara. Un joven que parec\u00eda uno de los l\u00edderes se me acerc\u00f3, me salud\u00f3 amigablemente y me pregunt\u00f3 si todo estaba bien; le dije que s\u00ed, que nada m\u00e1s \u00edbamos a vigilar y que por favor despu\u00e9s de la manifestaci\u00f3n se fueran tranquilamente a sus casas. As\u00ed me lo ofreci\u00f3, me volvi\u00f3 a dar la mano y regres\u00f3 a su grupo, no lejos de m\u00ed. Al rato empezaron los discursos y despu\u00e9s de las seis, empezando a oscurecer, la plaza estaba llena a reventar. Estaban por terminar los discursos cuando un helic\u00f3ptero sobrevol\u00f3 la plaza y de pronto lanz\u00f3 tres bengalas; o\u00edmos ruidos como de petardos y la enorme multitud comenz\u00f3 a moverse, a agitarse; nos pusimos en alerta al comprender que eran balazos, la gente comenz\u00f3 a correr y el muchacho que le cont\u00e9 corri\u00f3 hacia m\u00ed gritando \u2018qu\u00e9 pasa coronel, qu\u00e9 est\u00e1 pasando\u2019 cuando un balazo le entr\u00f3 por la nuca y cay\u00f3 sobre mis piernas ba\u00f1\u00e1ndome con su sangre y pedazos de masa encef\u00e1lica\u201d.<\/p>\n<p>\u00d3rdenes<\/p>\n<p>\u201cUno de los soldados a mi cargo cay\u00f3 por un balazo y recibimos \u00f3rdenes de repeler el fuego. Pero no sab\u00edamos qui\u00e9n nos disparaba, alguien se\u00f1al\u00f3 que los tiros ven\u00edan de dos edificios que luego supimos eran el Chihuahua y el Dos de Abril y comenzamos a disparar hacia all\u00ed. Vimos personas que estaban con un guante blanco en la mano izquierda corriendo pistola en mano en la periferia de la multitud que se iba desbordando para salir de la Plaza. Mi general Hern\u00e1ndez Toledo orden\u00f3 tomar los edificios y detener a cualquier persona armada. Desde arriba de esos edificios le tiraban abiertamente a la multitud y comenzamos a disparar directamente a las ventanas donde supon\u00edamos hab\u00eda alg\u00fan francotirador y al cabo de un rato nos impusimos, el fuego de arriba mengu\u00f3 y cuando est\u00e1bamos entrando en uno de ellos le pegaron a mi general en el costado derecho y comenz\u00f3 a sangrar por la boca. Unos compa\u00f1eros lo sacaron a un lado, los dem\u00e1s subimos las escaleras con nutrido fuego a discreci\u00f3n y la gente que estaba arriba se rindi\u00f3 tirando sus armas. Los detuvimos y amarramos, los fuimos poniendo en el piso de los pasillos y revisamos cada uno de los departamentos donde lo mismo encontramos gente armada con las manos en alto que a vecinos espantados. Recibimos \u00f3rdenes de detener a cuanta persona pareciera sospechosa\u201d.<\/p>\n<p>Su esposa era enfermera militar retirada, pero activa cuando los sucesos del 2 de octubre. Al hospital donde trabajaba comenzaron a llegar soldados heridos y muertos y ella espantada trat\u00f3 de localizar a su marido, que sab\u00eda estaba en Tlaltelolco. Pas\u00f3 la noche atendiendo sus obligaciones en el hospital y con la angustia de que en cualquier momento llegara el cad\u00e1ver de su esposo. Al amanecer le dijeron que su coronel estaba bien y hasta dos d\u00edas despu\u00e9s se encontraron en su casa; ambos estaban derrumbados.<\/p>\n<p>Una trampa<\/p>\n<p>\u201cNos tendieron una trampa\u201d, me dijo el general. Qui\u00e9n se las tendi\u00f3, le pregunt\u00e9. Su mirada gir\u00f3 hacia el jard\u00edn y as\u00ed estuvo largos minutos.<\/p>\n<p>Algunos a\u00f1os despu\u00e9s, no muchos, un amigo me invit\u00f3 a reunirme con el licenciado Luis Echeverr\u00eda \u00c1lvarez, expresidente de M\u00e9xico. La raz\u00f3n, Echeverr\u00eda ten\u00eda unos terrenos en Cozumel y quer\u00eda o\u00edr sobre una experiencia exitosa en el ramo inmobiliario que recientemente yo hab\u00eda tenido en San Jos\u00e9 del Cabo, Baja California Sur. Eso motiv\u00f3 que me reuniera con el licenciado Echeverr\u00eda en m\u00faltiples ocasiones, que nunca arrojaron ning\u00fan acuerdo de negocios. Pero nuestro trato era afable, muy cordial; en una ocasi\u00f3n en que me acompa\u00f1\u00f3 a la puerta de su casa estaban haciendo el cambio de la guardia militar que invariablemente estaba apostada tanto en el jard\u00edn de entrada como en el exterior de la casa. Lo tienen bien cuidado, licenciado, le dije y me respondi\u00f3: No cuidado, vigilado. Aprovech\u00e9 el momento y me atrev\u00ed a preguntarle: \u00bfQu\u00e9 pas\u00f3 en Tlaltelolco? Y o\u00ed la respuesta de siempre: Extranjeros que no quer\u00edan a M\u00e9xico se aprovecharon del romanticismo de los estudiantes y armaron una tragedia.<\/p>\n<p>Hoy se habla de una Comisi\u00f3n de la Verdad que investigue desde el 68 hasta Ayotzinapa y los miles de desaparecidos y me parece correcto: Una naci\u00f3n necesita verdad y justicia para sanar sus heridas. En el caso de Tlaltelolco, cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s no sabemos a ciencia cierta qui\u00e9nes fueron los culpables, pero los testimonios anteriores me llevan a pensar que el Ej\u00e9rcito no es uno de ellos. La versi\u00f3n del general me pareci\u00f3 honesta y verdadera; la segunda no.\u2014M\u00e9rida, Yucat\u00e1n.<\/p>\n<p>Empresario<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div class='share-to-whatsapp-wrapper'><div class='share-on-whsp'>Share on: <\/div><a data-text='Testimonios de Tlaltelolco' data-link='https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/testimonios-de-tlaltelolco\/' class='whatsapp-button whatsapp-share'>WhatsApp<\/a><div class='clear '><\/div><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una versi\u00f3n honesta y verdadera; la segunda no Alberto C\u00e1mara Patr\u00f3n (*) Publicado en Diario de Yucat\u00e1n El 8 de octubre de 1973, cinco a\u00f1os despu\u00e9s de la cruenta represi\u00f3n del movimiento estudiantil de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, Tlaltelolco, asist\u00ed a mi primera clase en la Facultad de Ciencias Pol\u00edticas y &hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":45838,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_mi_skip_tracking":false},"categories":[44],"tags":[12599,12704],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/45837"}],"collection":[{"href":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=45837"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/45837\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":45839,"href":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/45837\/revisions\/45839"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-json\/wp\/v2\/media\/45838"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=45837"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=45837"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=45837"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}