{"id":36791,"date":"2018-02-22T12:23:24","date_gmt":"2018-02-22T18:23:24","guid":{"rendered":"http:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/?p=36791"},"modified":"2018-02-22T12:23:24","modified_gmt":"2018-02-22T18:23:24","slug":"espacios-simbolicos-e-identidades","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/espacios-simbolicos-e-identidades\/","title":{"rendered":"Espacios simb\u00f3licos e identidades"},"content":{"rendered":"<p>Sexismo y machismo<\/p>\n<p>Mario Jos\u00e9 Lope Herrera (*)<\/p>\n<p>La necesaria irrupci\u00f3n del papel protag\u00f3nico de la mujer en la segunda mitad del siglo XX se hubiera dilatado unas d\u00e9cadas m\u00e1s de no ser por la clarividencia intelectual de Rosario Castellanos. La chiapaneca fue la \u00fanica en denunciar en los 70, mediante un discurso frente al presidente Luis Echeverr\u00eda, que la abnegaci\u00f3n era \u201cuna virtud loca\u201d.<\/p>\n<p>Entre otras cosas, se\u00f1al\u00f3 la falta de oportunidades y de equidad de la mujer frente al hombre. Contextualizando, las palabras de la escritora debieron haber sido un \u201cirreverente\u201d aguij\u00f3n en el orgullo cultural del machismo mexicano. Hablar de sexismo en 1970 era aplicar al lenguaje folcl\u00f3rico nacional un neologismo dif\u00edcil de digerir no s\u00f3lo por la imperante hegemon\u00eda masculina, sino por la incipiente identidad de g\u00e9nero que no fue abordada en M\u00e9xico hasta que Rosario Castellanos empu\u00f1\u00f3 la pluma.<\/p>\n<p>Influenciada por los movimientos sociales de finales de los a\u00f1os 60 en Francia, Castellanos fue devorada por la obra existencialista de Simone de Beauvoir y de narradoras de vanguardia en Europa como Virginia Woolf y Doris Lessing, y la norteamericana Betty Friedan.<\/p>\n<p>Cierto que las mujeres han ocupado espacios en la estratificada sociedad (a\u00fan machista) mexicana. Empero, no son ni suficientes ni reales. Y si a este escenario le sumamos fen\u00f3menos sociales que mitigan a trav\u00e9s del miedo su papel en sociedad, como los feminicidios y su acepci\u00f3n en el imaginario colectivo de \u201cobjeto\u201d, se agregan otros fen\u00f3menos no menos importantes como la cosmovisi\u00f3n popular de que \u201cla mujer es expropiada de su cuerpo\u201d, como lo afirma la escritora Rosa Beltr\u00e1n.<\/p>\n<p>De acuerdo con esta \u00faltima, nuestro lenguaje est\u00e1 sometido a marcas de g\u00e9nero que subyacen en nuestra conducta. Heriberto Y\u00e9pez, en su libro \u201cLa incre\u00edble haza\u00f1a de ser mexicano\u201d, describe los mitos de la femineidad desde el seno materno. Para este autor, el machismo posee una naturaleza que se perpet\u00faa a s\u00ed mismo. Es decir, el estereotipo de madre abnegada es la que (sin darse cuenta) reproduce la ideolog\u00eda cultural machista al hacer al hombre-hijo a su semejanza (callada, sumisa, abnegada). Cuando el producto ideol\u00f3gico (el hombre adulto) ha sido moldeado culturalmente, asimilar\u00e1 a su mujer como su propia madre. Y este c\u00edrculo vicioso se repite, seg\u00fan Freud, en las mujeres, quienes inconscientemente buscar\u00e1n una pareja de vida con rasgos psicol\u00f3gicos y sociales del padre.<\/p>\n<p>En la sociedad mexicana contempor\u00e1nea encontramos una simbolog\u00eda sexista que carga de prejuicios la identidad de g\u00e9nero. Nuestro lenguaje y su folclor est\u00e1n intr\u00ednsecamente ligados a s\u00edmbolos verbales asociados a la biolog\u00eda sexual del hombre y la mujer. M\u00e1s all\u00e1 de \u201cLa chingada\u201d que describi\u00f3 Octavio Paz, la supremac\u00eda f\u00e1lica que caracteriza la verborrea mexicana moderna, intuye que la conducta simb\u00f3lica del hombre sobre la mujer proyecta abnegaci\u00f3n y sumisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero si los espacios en el mundo laboral y acad\u00e9mico han sido habitados por mujeres, \u00bfpor qu\u00e9 nuestra sociedad a\u00fan se asimila machista? El problema no son los espacios ni las oportunidades que reclam\u00f3 Rosario Castellanos. El tema es y seguir\u00e1 siendo sociocultural. Es decir, la educaci\u00f3n formal e informal contin\u00faa siendo en esencia homocentr\u00edpeta: el hombre como centro de la sociedad.<\/p>\n<p>El conocimiento y el poder son t\u00f3picos que tambi\u00e9n definen los l\u00edmites de la identidad de g\u00e9nero. En M\u00e9xico las escritoras fueron las que agitaron el meg\u00e1fono del reclamo social, las que derribaron el mito y situaron su condici\u00f3n cultural, moral y de g\u00e9nero fuera del molde concebido por los hombres. Nombres como Elena Garro, Mar\u00eda Luisa Mendoza, Nellie Campobello, Josefina Vicens, \u00c1mparo D\u00e1vila, Mar\u00eda Luisa Puga y muchas m\u00e1s, dejaron un legado cuya lectura revela que la femineidad fue un mito construido socialmente por la cultura predominantemente machista, y que los espacios simb\u00f3licos a los que estaba confinado ese mito fueron reemplazados por el arte y el intelecto. Fue un acto de emancipaci\u00f3n frente a \u201cla presencia masculina siempre hostil\u201d, dir\u00eda Elena Poniatowska.<\/p>\n<p>Espacio simb\u00f3lico denota poder. En el caso de la mujer se le ha confinado, hist\u00f3ricamente, a espacios sin trascendencia, aun en Latinoam\u00e9rica. Para Carlos Monsiv\u00e1is \u201cel molde del machismo \u2018reeduca\u2019, sirve para someter el impulso rebelde, y le quita poder persuasivo a la conducta civilizada\u201d. Sin embargo, aduce que el machismo es \u201cun invento cultural\u201d pues ser macho es una forma de resentimiento del complejo de inferioridad que \u201cfreudianiza\u201d al mexicano. La tesis de Heriberto Y\u00e9pez refuerza esta teor\u00eda.<\/p>\n<p>Espacios sociales o simb\u00f3licos, la mujer sigue siendo una deuda social y su rol deber\u00e1 ser estudiado en su contexto sociocultural. Pero m\u00e1s all\u00e1 de ser estudiado, la mujer es una realidad social cuyo protagonismo hist\u00f3rico ser\u00e1 el que le d\u00e9 un golpe de autoridad a tantos paradigmas de identidad que la han limitado aun desde el seno familiar.\u2014 M\u00e9rida, Yucat\u00e1n.<\/p>\n<p>mjlope77@gamil.com<\/p>\n<p>@lopeherrera77<\/p>\n<p>Licenciado en Ciencias Antropol\u00f3gicas egresado de la Uady y escritor<\/p>\n<p>En M\u00e9xico, las escritoras agitaron el meg\u00e1fono del reclamo social, derribaron el mito y situaron su condici\u00f3n cultural, moral y de g\u00e9nero fuera del molde concebido\u2026<\/p>\n<p>Fuente: Diario de Yucat\u00e1n<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div class='share-to-whatsapp-wrapper'><div class='share-on-whsp'>Share on: <\/div><a data-text='Espacios simb\u00f3licos e identidades' data-link='https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/espacios-simbolicos-e-identidades\/' class='whatsapp-button whatsapp-share'>WhatsApp<\/a><div class='clear '><\/div><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sexismo y machismo Mario Jos\u00e9 Lope Herrera (*) La necesaria irrupci\u00f3n del papel protag\u00f3nico de la mujer en la segunda mitad del siglo XX se hubiera dilatado unas d\u00e9cadas m\u00e1s de no ser por la clarividencia intelectual de Rosario Castellanos. 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