{"id":219589,"date":"2026-11-06T18:22:49","date_gmt":"2026-11-07T00:22:49","guid":{"rendered":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/?p=219589"},"modified":"2026-11-06T18:22:51","modified_gmt":"2026-11-07T00:22:51","slug":"el-dolor-del-que-cura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/el-dolor-del-que-cura\/","title":{"rendered":"El dolor del que cura"},"content":{"rendered":"\n<p>Edgardo Arredondo G\u00f3mez*<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: Diario de Yucat\u00e1n<\/p>\n\n\n\n<ul><li><strong><em>Los m\u00e9dicos son apostadores desdichados a los que al final siempre derrota el destino, Rafael P\u00e9rez Gay<\/em><\/strong><\/li><\/ul>\n\n\n\n<p>M\u00e9rida, 6 de noviembre de 2026.- Me encontraba cursando el \u00faltimo a\u00f1o de la preparatoria en el Colegio Americano. En aquel entonces dividido por grupos, en Ciencias Biol\u00f3gicas, cursaba la materia de Anatom\u00eda y como parte del programa educativo asistimos a clases de disecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La cita: la sala de Morfolog\u00eda en la Facultad de Medicina de aquella entonces Universidad de Yucat\u00e1n. El instructor se dedicaba a recitar con envidiable memoria, los segmentos del cuerpo. Me encontraba por vez primera frente a un cad\u00e1ver. El grupo de preparatorianos rodeaba la mesa, una escena sin duda \u201cmata vocaciones\u201d para m\u00e1s de uno, incluyendo a tres vomitados y dos que acabaron desmayados.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir del segundo a\u00f1o de la carrera, de la simple vista pas\u00e9 al tacto y m\u00e1s, pues me convert\u00ed en prosector, un apasionado de la Anatom\u00eda, encargado de preparar disecciones en cad\u00e1veres para su demostraci\u00f3n, estudio o investigaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Distinto de lo que hubiera pensado antes de aquel primer contacto visual, el primer cuerpo sin vida parec\u00eda estar formado de cart\u00f3n, color madera. El fuerte olor a formol impregnaba no solo las fosas nasales, quedaba la bata embebida del tufo al qu\u00edmico. Una \u00e9poca dorada en mi formaci\u00f3n. Qu\u00e9 tremendo contraste, a diferencia de los textos de Anatom\u00eda, del Testut, Rouviere, Quiroz, bellamente ilustrados, donde las arterias est\u00e1n pintadas de rojo, las venas de azul, los nervios de amarillo; las v\u00edsceras de colores: el h\u00edgado caf\u00e9 obscuro, es\u00f3fago, est\u00f3mago color naranja, intestinos delgados\u2026rosaditos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron dos a\u00f1os m\u00e1s, antes de que la parca apareciera por primera vez en mi formaci\u00f3n. Siendo estudiante, una madrugada solicitaron mi presencia unos vecinos, alarmados por su padre que se sent\u00eda mal, cruc\u00e9 la calle, orgulloso, con sobrada arrogancia y soberbia, estetoscopio al cuello; ah\u00ed estuve con mi artilugio tratando de detectar los saludos habituales de t\u00f3rax y abdomen y fue cuando escuch\u00e9 la voz de la muerte: el silencio, la fanfarria que anuncia la ca\u00edda del tel\u00f3n de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Revancha<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Tiempo despu\u00e9s pude cobrar venganza. Cursaba el 5o. grado, y desde entonces hac\u00eda mis pininos en la Cruz Roja, aquella situada en el centro de la ciudad. Se recibi\u00f3 una llamada de auxilio. Los socorristas acudieron cerca del Mercado Grande, el motivo: una paciente epil\u00e9ptica hab\u00eda convulsionado. La ambulancia parti\u00f3 veloz rumbo al Hospital O\u2019Hor\u00e1n, pero hubo un cambio de planes, la joven mujer hab\u00eda ca\u00eddo en paro, as\u00ed que en veloz carrera se desviaron y llegaron a nosotros. No hab\u00eda tiempo que perder, fue bajada y ah\u00ed en el estacionamiento, despu\u00e9s de comprobar que no ten\u00eda signos vitales proced\u00ed por vez primera a una reanimaci\u00f3n cardiopulmonar (RCP). No hab\u00eda amb\u00fa. Ahora s\u00ed que, respiraci\u00f3n de boca a boca, mientras nos altern\u00e1bamos para el masaje y una enfermera buscaba una v\u00eda para administrar medicamentos\u2026, y a los dos minutos, jam\u00e1s olvidar\u00e9, aquella bocanada, cuando ella por sus propios medios impregn\u00f3 sus pulmones.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que sigui\u00f3 fue el complemento con medicamentos, la estabilizamos y continuamos con calma hacia el hospital. Me qued\u00e9 con una sensaci\u00f3n totalmente in\u00e9dita, no solo en mi carrera, en mi vida. Y a pesar de que en estos casi 40 a\u00f1os he participado desde el internado, la residencia y luego en la instituci\u00f3n en equipo muchas veces a una RCP, nada comparado a lo que experiment\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>L\u00edmite<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El m\u00e9dico se enfrenta a la muerte no solo como un hecho biol\u00f3gico o el cese de funciones vitales, sino como el l\u00edmite de su saber t\u00e9cnico, un conflicto emocional profundo y un desaf\u00edo \u00e9tico. Pero adem\u00e1s parte de nuestra derrota ante la muerte es la pesada losa de ser los primeros en comunicar la noticia a la familia. Y muy, pero, muy lejos, se los aseguro, es pensar que el m\u00e9dico se endurece y pierde sensibilidad, que no nos duele porque no lo soltamos, pero el mal sabor comienza desde el momento en que las miradas de los allegados al paciente observan cada uno de nuestros movimientos, analizan nuestras gesticulaciones y hasta la modulaci\u00f3n de la voz, de cierta forma, y no se diga cu\u00e1ndo ocupamos el sitio de ser el m\u00e9dico de la familia.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, no debe verse la muerte como \u201cfracaso\u201d en la formaci\u00f3n m\u00e9dica. La facultad de medicina nos entrena para conservar la vida, diagnosticar y curar, desde luego consolar cuando no sea posible hacer m\u00e1s. Cuando llega el deceso, muchos m\u00e9dicos lo viven subjetivamente como una derrota personal o profesional y se pierde la objetividad de que la muerte es tambi\u00e9n un b\u00e1lsamo para el paciente terminal, el de larga agon\u00eda, que asfixia en dolor a los seres queridos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Vac\u00edo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Siempre ha existido un vac\u00edo en el plan de estudios: una carencia hist\u00f3rica de formaci\u00f3n en el manejo del duelo, la comunicaci\u00f3n de malas noticias y los cuidados paliativos.<\/p>\n\n\n\n<p>Para no frustrarse y lidiar con la impotencia, el m\u00e9dico suele refugiarse en tecnicismos, distanciamiento afectivo o en la sobreintervenci\u00f3n terap\u00e9utica (encarnizamiento terap\u00e9utico). El contacto constante con el sufrimiento ajeno si no se modula genera ansiedad frente a la propia muerte, culpa y s\u00edntomas som\u00e1ticos. Lidiar con desenlaces fatales frecuentes eleva el riesgo de agotamiento emocional y depresi\u00f3n en el personal sanitario, como ocurri\u00f3 en la pandemia. Pero tambi\u00e9n y por parad\u00f3jico que pareciera, grave podr\u00eda ser el lado opuesto, y ante los frecuentes decesos, volverse insensibles o indolentes y qui\u00e9rase o no es un riesgo posible cuando los sistemas de salud colapsan.<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed hemos transitado los que pueden volverse de h\u00e9roes de capa blanca a verdugos indolentes, sin que la mayor parte comprenda que no demostrar el dolor no significa que al m\u00e9dico no le duela.<\/p>\n\n\n\n<p>Me atrevo a decir que, si algo pudiera hacer distinto al m\u00e9dico mexicano, sobre todo cada a\u00f1o, en los primeros d\u00edas de noviembre, es contemplar a la muerte no como un final absoluto, sino una etapa m\u00e1s de la vida con la que se convive de manera familiar, \u00edntima y, a menudo, con humor. Lo que nos permite hasta bromear con los familiares cuando fuimos art\u00edfices de salvar una vida: \u201cno se\u00f1ora, no se confunda\u2026, su marido no se fue porque vaya usted a saber que culpas tiene todav\u00eda que pagar\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que no me cabe duda es que en esos momentos y siempre, la bata cl\u00ednica debe estar tejida con algo elemental: empat\u00eda; as\u00ed podemos sostener con m\u00e1s firmeza los b\u00e1rtulos de guerra con los cuales nos enfrentamos a la muerte, s\u00ed, a la que terminaremos tambi\u00e9n sucumbiendo. Mientras tanto, prepararnos para no contemplarla desde gayola como el colof\u00f3n de la vida, y en todos estos a\u00f1os, no se debe de olvidar que: ser m\u00e9dico no te hace ser mejor persona, pero ser buena persona te hace ser mejor m\u00e9dico.\u2014 M\u00e9rida, Yucat\u00e1n<\/p>\n\n\n\n<p><strong>*M\u00e9dico y escritor<\/strong><\/p>\n<div class='share-to-whatsapp-wrapper'><div class='share-on-whsp'>Share on: <\/div><a data-text='El dolor del que cura' data-link='https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/el-dolor-del-que-cura\/' class='whatsapp-button whatsapp-share'>WhatsApp<\/a><div class='clear '><\/div><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Edgardo Arredondo G\u00f3mez* Fuente: Diario de Yucat\u00e1n Los m\u00e9dicos son apostadores desdichados a los que al final siempre derrota el destino, Rafael P\u00e9rez Gay M\u00e9rida, 6 de noviembre de 2026.- Me encontraba cursando el \u00faltimo a\u00f1o de la preparatoria en el Colegio Americano. En aquel entonces dividido por grupos, en Ciencias Biol\u00f3gicas, cursaba la materia &hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":155047,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_exactmetrics_skip_tracking":false},"categories":[44],"tags":[56888,56889,56890],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/219589"}],"collection":[{"href":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=219589"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/219589\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":219591,"href":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/219589\/revisions\/219591"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-json\/wp\/v2\/media\/155047"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=219589"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=219589"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=219589"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}