{"id":217462,"date":"2026-09-01T15:18:20","date_gmt":"2026-09-01T20:18:20","guid":{"rendered":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/?p=217462"},"modified":"2026-09-01T15:18:22","modified_gmt":"2026-09-01T20:18:22","slug":"la-banqueta-donde-vivia-merida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/la-banqueta-donde-vivia-merida\/","title":{"rendered":"La banqueta donde viv\u00eda M\u00e9rida"},"content":{"rendered":"\n<p>Antoine Abraham Pompeyo *<\/p>\n\n\n\n<p>Grupo Megamedia<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e9rida, 1 de septiembre de 2026.- Hubo un tiempo en M\u00e9rida en que la banqueta era una extensi\u00f3n de la casa. Al caer la tarde, las puertas permanec\u00edan abiertas y las familias sacaban sus sillas para tomar fresco y conversar mientras el calor comenzaba a ceder. Los ni\u00f1os corr\u00edan de una casa a otra, jugaban bicicleta, escondidas o f\u00fatbol con porter\u00edas imaginarias. Las abuelas saludaban a quien pasaba. Los vecinos compart\u00edan noticias, un vaso de agua o una taza de caf\u00e9 sin necesidad de ponerse de acuerdo. Nadie organizaba reuniones; simplemente, la vida ocurr\u00eda ah\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>No era extra\u00f1o que alguien terminara la noche sentado frente a una casa que ni siquiera era la suya. Tampoco hac\u00eda falta conocer el n\u00famero de una vivienda. Bastaba decir: \u201cLa casa donde siempre hay gente sentada afuera\u201d, y todos sab\u00edan cu\u00e1l era. Aquellas conversaciones, que parec\u00edan no tener importancia, iban construyendo algo mucho m\u00e1s valioso que una simple amistad: constru\u00edan confianza.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el paso de los a\u00f1os, muchas cosas comenzaron a cambiar. Las bardas crecieron, aparecieron los portones, las c\u00e1maras y las alarmas. Poco a poco, la banqueta dej\u00f3 de ser un lugar para quedarse y se convirti\u00f3 \u00fanicamente en un sitio por donde pasar. No ocurri\u00f3 de un d\u00eda para otro. Fue sucediendo casi sin que nos di\u00e9ramos cuenta. Entre los cambios de la ciudad, el ritmo acelerado de la vida y el miedo que empez\u00f3 a instalarse silenciosamente en muchas conversaciones, dejamos de salir. Y cuando dejamos de salir, tambi\u00e9n dejamos de encontrarnos.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo curioso es que el miedo casi nunca roba de golpe. Empieza con peque\u00f1as renuncias. Hoy mejor no salgo. Hoy mejor cierro la puerta. Hoy mejor no hablo con quien no conozco. Hasta que un d\u00eda descubres que llevas a\u00f1os viviendo junto a personas cuyo nombre nunca aprendiste.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 por eso las ciudades no cambian \u00fanicamente cuando se construyen nuevas avenidas o aparecen edificios m\u00e1s altos. Tambi\u00e9n cambian cuando las personas dejan de mirarse. Porque una ciudad est\u00e1 hecha de concreto, pero una comunidad est\u00e1 hecha de confianza.<\/p>\n\n\n\n<p>Ojal\u00e1 M\u00e9rida conserve aquello que durante tantos a\u00f1os la distingui\u00f3. No solamente la tranquilidad de caminar por sus calles, sino esa costumbre tan nuestra de sentir que el vecino no era un extra\u00f1o, sino alguien que, si un d\u00eda hac\u00eda falta, estar\u00eda dispuesto a ayudarte.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez nunca volvamos exactamente a aquellas tardes de sillas en la banqueta. Los tiempos cambian y las ciudades tambi\u00e9n. Pero todav\u00eda podemos recuperar algo que no depende de las rejas ni de los portones: volver a saludar, aprender el nombre del vecino, preguntar c\u00f3mo est\u00e1 quien vive al lado y descubrir que la confianza tambi\u00e9n se construye en los peque\u00f1os gestos de todos los d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque, al final, las ciudades m\u00e1s seguras no son \u00fanicamente aquellas donde hay menos delitos. Son aquellas donde las personas todav\u00eda sienten que no est\u00e1n solas. Una ciudad comienza a morir, no cuando se vac\u00edan sus calles, sino cuando sus habitantes dejan de tener motivos para sentarse juntos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>NOTA HIST\u00d3RICA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Hay un s\u00edmbolo de M\u00e9rida que miles de personas fotograf\u00edan cada a\u00f1o sin preguntarse por qu\u00e9 existe. Las bancas \u201ct\u00fa y yo\u201d comenzaron a instalarse en M\u00e9rida a finales del siglo XIX y principios del XX. Su dise\u00f1o permit\u00eda que las parejas conversaran frente a frente, respetando las normas sociales de la \u00e9poca, cuando el cortejo era vigilado por las familias y el contacto f\u00edsico era muy limitado.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el tiempo dejaron de ser mucho m\u00e1s que un simple elemento del mobiliario urbano. Se convirtieron en el reflejo de una \u00e9poca en la que conversar era tan importante que hasta una banca pod\u00eda ser dise\u00f1ada para favorecer el encuentro. Nos recuerdan que una ciudad no solo se construye con calles y edificios, sino tambi\u00e9n con espacios donde las personas pueden mirarse, escucharse y construir comunidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Antoine Abraham Pompeyo<\/p>\n\n\n\n<p>*Doctor en ingenier\u00eda mec\u00e1nica y maestro en bio\u00e9tica<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"http:\/\/www.antoineabraham.com\">www.antoineabraham.com<\/a><\/p>\n<div class='share-to-whatsapp-wrapper'><div class='share-on-whsp'>Share on: <\/div><a data-text='La banqueta donde viv\u00eda M\u00e9rida' data-link='https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/la-banqueta-donde-vivia-merida\/' class='whatsapp-button whatsapp-share'>WhatsApp<\/a><div class='clear '><\/div><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Antoine Abraham Pompeyo * Grupo Megamedia M\u00e9rida, 1 de septiembre de 2026.- Hubo un tiempo en M\u00e9rida en que la banqueta era una extensi\u00f3n de la casa. 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