{"id":212649,"date":"2026-04-09T12:48:46","date_gmt":"2026-04-09T17:48:46","guid":{"rendered":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/?p=212649"},"modified":"2026-04-09T12:48:48","modified_gmt":"2026-04-09T17:48:48","slug":"opinion-desaparecidos-y-desconocidos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/opinion-desaparecidos-y-desconocidos\/","title":{"rendered":"Opini\u00f3n | Desaparecidos\u2026 y desconocidos"},"content":{"rendered":"\n<p>Por: SemM\u00e9xico<\/p>\n\n\n\n<p>Dulce Ma. Sauri Riancho (*)<\/p>\n\n\n\n<p>SemM\u00e9xico, M\u00e9rida, Yucat\u00e1n, 08 de abril, 2026.-En M\u00e9xico, hay muertos que siguen desaparecidos<\/p>\n\n\n\n<p>Algunas tragedias se viven en silencio. Y otras, aunque se cuenten, no terminan de asumirse.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e9xico lleva a\u00f1os intentando dimensionar el horror de sus desaparecidos. Las cifras han crecido hasta superar las ciento treinta mil personas. Hoy se discute c\u00f3mo depurar el registro: clasificar, ordenar, distinguir entre casos con indicios suficientes y aquellos que no los tienen. Se habla de consistencia de datos, de metodolog\u00edas, de depuraci\u00f3n estad\u00edstica.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero mientras se ordenan las cifras, persiste una pregunta inc\u00f3moda: \u00bfen d\u00f3nde est\u00e1n? Y junto a ella, otra a\u00fan m\u00e1s perturbadora: \u00bfqui\u00e9nes son los que ya est\u00e1n\u2026 pero no tienen nombre?<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Muertos sin nombre<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La crisis de las desapariciones tiene un espejo silencioso y estremecedor: la crisis forense.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay decenas de miles de cuerpos sin identificar bajo custodia del Estado. Se acumulan en servicios m\u00e9dicos forenses, en resguardos provisionales, en panteones ministeriales. Algunos permanecen en c\u00e1maras frigor\u00edficas durante meses o a\u00f1os; otros han sido sepultados como \u201cdesconocidos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no sabemos con precisi\u00f3n cu\u00e1ntos son, dicen que 70 mil. No sabemos exactamente d\u00f3nde est\u00e1n. Este desconocimiento no es un dato t\u00e9cnico. Es, en s\u00ed mismo, parte del problema. Porque revela que el pa\u00eds no s\u00f3lo ha perdido a miles de personas. Ha perdido tambi\u00e9n la capacidad de reconocer a sus muertos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay algo profundamente perturbador en esta coexistencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Por un lado, miles de familias buscan. Por otro, miles de cuerpos esperan.<\/p>\n\n\n\n<p>Unos no aparecen. Otros ya est\u00e1n\u2026 pero no han sido identificados.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre ambos extremos se abre un vac\u00edo que no es administrativo. Es moral.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque la desaparici\u00f3n no termina con la muerte. Termina \u2014si es que lo logra\u2014 con la identificaci\u00f3n. Mientras esto no suceda, la desaparici\u00f3n contin\u00faa. Se prolonga en la incertidumbre, en la espera, en la imposibilidad del duelo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>L\u00edmites del lenguaje<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El Estado ha construido categor\u00edas jur\u00eddicas para entender el fen\u00f3meno: desaparici\u00f3n forzada, desaparici\u00f3n cometida por particulares. Son necesarias para investigar, para sancionar, para delimitar responsabilidades.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Pero hay un punto en el que ese lenguaje deja de alcanzar<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Para las familias, no hay tipolog\u00edas. Hay ausencia. No importa qui\u00e9n se llev\u00f3 a la persona. Importa que est\u00e1 desaparecida.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso inquieta la idea de depurar cifras a partir de \u201cdatos insuficientes\u201d. Porque se corre el riesgo de convertir personas en folios y expedientes incompletos, y las desapariciones en n\u00fameros manejables, como los c\u00f3digos de las marcas y los almacenes comerciales.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero un expediente incompleto no es una vida inexistente o que se pueda borrar. Es m\u00e1s: puede ser una vida que se extingui\u00f3 y un cuerpo que espera en la plancha de una morgue.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Decisi\u00f3n, no s\u00f3lo ciencia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La crisis forense expone con crudeza los l\u00edmites del Estado.<\/p>\n\n\n\n<p>Identificar un cuerpo mediante ADN es, en t\u00e9rminos t\u00e9cnicos, un procedimiento conocido con certeza cient\u00edfica. Puede realizarse en d\u00edas. Su costo es acotado. Los protocolos existen.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Lo que falta no es ciencia. Es capacidad. Y sobre todo, decisi\u00f3n<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e9xico enfrenta un problema de escala: miles de cuerpos sin identificaci\u00f3n, sistemas fragmentados, laboratorios insuficientes, bases de datos que no dialogan entre s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>El resultado es devastador: restos humanos que se acumulan; muestras que no se procesan; registros que no se cruzan.<\/p>\n\n\n\n<p>El Estado busca a los desaparecidos. Pero al mismo tiempo administra cad\u00e1veres sin nombre.<\/p>\n\n\n\n<p>La magnitud de ambos universos \u2014el de los desaparecidos y el de los cuerpos sin identificar\u2014 no es distante. No son cifras equivalentes, pero su cercan\u00eda plantea una posibilidad inquietante: que una parte de quienes son buscados ya fue encontrada\u2026 sin ser reconocida.<\/p>\n\n\n\n<p>No es una afirmaci\u00f3n. Es una pregunta. Y basta para entender la gravedad del problema.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Ellas no se detienen<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En medio de este vac\u00edo, hay quienes no han dejado de buscar.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s de doscientos colectivos recorren el pa\u00eds. Est\u00e1n integrados, en su mayor\u00eda, por mujeres: madres, esposas, hermanas. Son ellas quienes han sostenido la b\u00fasqueda cuando las instituciones han sido insuficientes o se han dado por vencidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Las mujeres buscadoras han tocado una y otra vez las puertas de los servicios forenses. Llegan con fotograf\u00edas, con expedientes improvisados, son memoria viva. Y, muchas veces, con hallazgos: restos humanos que ellas mismas ayudaron a encontrar en entierros clandestinos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Pero del otro lado encuentran un muro<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>La burocracia administra la espera. Responde con tr\u00e1mites, con oficios, con turnos. Y, casi siempre, con la misma explicaci\u00f3n: no hay presupuesto suficiente, no hay capacidad t\u00e9cnica.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, lo que las familias encuentran en la tierra queda atrapado en el aparato del Estado. Y lo que podr\u00eda convertirse en una respuesta vuelve a diluirse en la incertidumbre.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a esta realidad, la discusi\u00f3n no puede reducirse a la depuraci\u00f3n de registros.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Ordenar cifras es necesario. Pero no es suficiente.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>M\u00e9xico necesita empezar a reconocer a sus muertos.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Primer paso posible<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Esa decisi\u00f3n puede tomar forma concreta. Una Jornada Nacional de Identificaci\u00f3n permitir\u00eda enfrentar el rezago forense: integrar una base nacional de ADN de familiares de personas desaparecidas; sistematizar registros; realizar cruces masivos de informaci\u00f3n gen\u00e9tica y devolver identidad al mayor n\u00famero posible de personas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Es t\u00e9cnicamente viable<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Su costo, estimado entre 500 y 1,000 millones de pesos, cubrir\u00eda la toma de muestras, el procesamiento en laboratorios especializados y la integraci\u00f3n de bases de datos interoperables.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a la magnitud de la tragedia, es un costo \u00ednfimo.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque identificar a una persona no es un procedimiento t\u00e9cnico o estad\u00edstico. Es devolverle su nombre. Y, con ello, darle a alguien la posibilidad de dejar de buscar. Es \u201cvolverte a casa\u201d, como le dijo Ceci Flores a los restos de su hijo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>No hacerlo tiene consecuencias<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada cuerpo sin identificar es una historia interrumpida. Cada registro incompleto es una b\u00fasqueda prolongada. Cada fosa sin trazabilidad es una forma de olvido institucionalizado.<\/p>\n\n\n\n<p>Y cada d\u00eda que pasa sin resolver esta brecha ampl\u00eda la distancia entre el Estado y la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay, adem\u00e1s, otra dimensi\u00f3n que deber\u00eda inquietarnos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La indiferencia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo se normaliza que haya decenas de miles de personas desaparecidas? \u00bfC\u00f3mo se acepta que existan miles de cuerpos sin nombre bajo custodia p\u00fablica? \u00bfC\u00f3mo se asume que no sepamos cu\u00e1ntos son ni d\u00f3nde est\u00e1n con exactitud?<\/p>\n\n\n\n<p>La repetici\u00f3n de la tragedia ha generado resignaci\u00f3n. Se empieza por tolerar la incertidumbre. Se termina por convivir con el horror como si fuera parte de un paisaje inevitable.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Pero no lo es.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y no deber\u00eda serlo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En un pa\u00eds que aspira a ser democr\u00e1tico, ninguna persona deber\u00eda desaparecer sin dejar rastro. Y ning\u00fan cuerpo deber\u00eda permanecer sin nombre.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Esa es una l\u00ednea b\u00e1sica de civilizaci\u00f3n<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e9xico no enfrenta solo una crisis de seguridad. Enfrenta una crisis de reconocimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>No sabemos cu\u00e1ntos nos faltan. No sabemos cu\u00e1ntos ya est\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>Y lo m\u00e1s grave: estamos empezando a aceptar que esa incertidumbre es inevitable. Porque un pa\u00eds que no nombra a sus muertos no solo pierde a sus desaparecidos: aprende poco a poco, a convivir con lo intolerable.<\/p>\n\n\n\n<p>dulcesauri@gmail.com<\/p>\n\n\n\n<p>(*) Licenciada en Sociolog\u00eda con doctorado en Historia. Ex gobernadora de Yucat\u00e1n<\/p>\n<div class='share-to-whatsapp-wrapper'><div class='share-on-whsp'>Share on: <\/div><a data-text='Opini\u00f3n | Desaparecidos\u2026 y desconocidos' data-link='https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/opinion-desaparecidos-y-desconocidos\/' class='whatsapp-button whatsapp-share'>WhatsApp<\/a><div class='clear '><\/div><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: SemM\u00e9xico Dulce Ma. Sauri Riancho (*) SemM\u00e9xico, M\u00e9rida, Yucat\u00e1n, 08 de abril, 2026.-En M\u00e9xico, hay muertos que siguen desaparecidos Algunas tragedias se viven en silencio. Y otras, aunque se cuenten, no terminan de asumirse. M\u00e9xico lleva a\u00f1os intentando dimensionar el horror de sus desaparecidos. 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