{"id":208075,"date":"2025-10-29T17:22:49","date_gmt":"2025-10-29T23:22:49","guid":{"rendered":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/?p=208075"},"modified":"2025-10-29T17:22:51","modified_gmt":"2025-10-29T23:22:51","slug":"el-oraculo-y-la-cuerda-de-seda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/el-oraculo-y-la-cuerda-de-seda\/","title":{"rendered":"El or\u00e1culo y la cuerda de seda"},"content":{"rendered":"\n<p>Por: SemM\u00e9xico<\/p>\n\n\n\n<p>Dulce Mar\u00eda Sauri Riancho (*)<\/p>\n\n\n\n<p>SemM\u00e9xico, M\u00e9rida, Yucat\u00e1n, 29 de Octubre, 2025.-En el vocabulario pol\u00edtico mexicano, pocas palabras se pronuncian con tanta solemnidad \u2014y tan poca reflexi\u00f3n\u2014 como lealtad y fidelidad. Se confunden, se intercambian y, en ese movimiento, pierden su sentido original. Sin embargo, distinguirlas no es un ejercicio sem\u00e1ntico menor pues de esa confusi\u00f3n depende, hoy, buena parte de la autonom\u00eda de la presidenta Claudia Sheinbaum frente a la figura que la llev\u00f3 al poder y cuya sombra sigue proyect\u00e1ndose sobre su mandato.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La ra\u00edz de las palabras<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Lealtad viene del lat\u00edn legalitas, derivado de lex, legis: la ley. En su origen significaba actuar conforme a la norma, honrar la palabra dada dentro de un marco p\u00fablico. Es una virtud c\u00edvica: se debe a los compromisos, a las instituciones, al deber. La lealtad pertenece al mundo de la \u00e9tica y de la responsabilidad pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>Fidelidad, en cambio, proviene de fides, la fe. Designa la confianza, la creencia, la adhesi\u00f3n personal. No necesita ley ni contrato, basta la convicci\u00f3n \u00edntima. Su ra\u00edz es moral, afectiva, incluso religiosa. Por eso puede decirse que la lealtad mira a la ley y al deber; la fidelidad, a la persona y al v\u00ednculo. Una construye instituciones; la otra, devociones.<\/p>\n\n\n\n<p>El problema surge cuando el poder pol\u00edtico borra la frontera entre ambas. Cuando el respeto a la Constituci\u00f3n se traduce como obediencia al l\u00edder, y la fidelidad se presenta como virtud c\u00edvica. En ese punto la rep\u00fablica se transforma en un templo, y la ciudadan\u00eda, en creyente.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La lealtad despu\u00e9s del poder<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En una democracia, la lealtad a la persona-presidente\/a termina con su mandato. La investidura pertenece al Estado, no a quien la encarna. Por eso, al dejar el cargo, cesa toda obligaci\u00f3n de lealtad institucional hacia su figura individual. Lo que puede permanecer es la fidelidad pol\u00edtica o afectiva, pero esa condici\u00f3n pertenece al \u00e1mbito privado, no al p\u00fablico. Cuando un expresidente conserva \u201cleales\u201d en el gobierno, se produce una anomal\u00eda: una doble soberan\u00eda moral, donde la obediencia al pasado compite con el deber del presente. La lealtad deja entonces de ser virtud republicana y se convierte en mecanismo de sujeci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La presidenta Sheinbaum enfrenta ese dilema. Su poder formal se asienta en la Constituci\u00f3n; su poder real, en la herencia simb\u00f3lica de L\u00f3pez Obrador. Y mientras esa fidelidad no encuentre un l\u00edmite, su gobierno correr\u00e1 el riesgo de ser percibido como una administraci\u00f3n interina del or\u00e1culo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El yugo moral de la fidelidad<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El v\u00ednculo de Sheinbaum con su antecesor no es solo pol\u00edtico, sino casi espiritual. No se le exige obediencia administrativa, sino fidelidad moral a una narrativa: la del l\u00edder fundador que encarn\u00f3 al \u201cpueblo\u201d y cuya palabra y sus actos a\u00fan resuenan como verdad revelada. Ese tipo de fidelidad, cuando sustituye o compite con la lealtad institucional, se convierte en un yugo moral, una cuerda de seda que adorna pero tambi\u00e9n estrangula.<\/p>\n\n\n\n<p>El or\u00e1culo del pueblo, esa voz que dictaba la verdad desde Palacio Nacional, se mud\u00f3 a Macuspana. La presidenta de la rep\u00fablica, acaso la m\u00e1s fiel de sus oyentes, ha heredado el eco, pero no los c\u00f3digos. Puede repetir las f\u00f3rmulas, pero ya no recibe las revelaciones. Y sin embargo, su poder depende todav\u00eda de ese eco: si lo ignora, es ingrata; si lo obedece, es reh\u00e9n. He ah\u00ed el l\u00edmite de su autoridad.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Los nuevos or\u00e1culos del pueblo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En el viejo presidencialismo mexicano, el or\u00e1culo permanec\u00eda en Palacio Nacional. Durante todo su gobierno, el presidente hablaba en nombre del pueblo, y cuando dejaba el cargo, el or\u00e1culo se quedaba tras los muros de Palacio y lo heredaba el nuevo mandatario. Era la continuidad simb\u00f3lica del Estado. Hoy, en cambio, el or\u00e1culo se fue con su int\u00e9rprete. Y en su ausencia, se multiplicaron los or\u00e1culos menores. Ahora, no hay una \u201cor\u00e1cula mayor\u201d, ni siquiera la presidenta. Los coordinadores de las c\u00e1maras, excompetidores por la candidatura presidencial; los gobernadores morenistas, los voceros ideol\u00f3gicos\u2026 todos pretenden ser int\u00e9rpretes aut\u00e9nticos del pueblo. Cada uno habla en nombre de una fracci\u00f3n de la verdad revelada. Esa dispersi\u00f3n produce un fen\u00f3meno in\u00e9dito: el polior\u00e1culo. Un gobierno con muchos int\u00e9rpretes y ninguna voz definitiva. Lo que antes era una vertical de mando se ha vuelto una liturgia coral, donde cada actor reclama ser el custodio del esp\u00edritu original. Y en lugar de democratizar la palabra, la disuelve. Entonces el pueblo convertido en met\u00e1fora, deja de ser sujeto pol\u00edtico para volver a ser pretexto ret\u00f3rico.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El pueblo como or\u00e1culo y como excusa<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLealtad al pueblo\u201d: pocas frases tan invocadas, tan vac\u00edas y tan peligrosas. Porque cuando el pueblo se vuelve entidad m\u00edstica y no conjunto de ciudadano\/as, cualquiera puede proclamarse su int\u00e9rprete. No hablan las urnas ni los congresos; habla \u201cla voz del pueblo\u201d, escuchada solo por quienes aseguran tener el o\u00eddo m\u00e1s fino. Como en el santuario de Delfos, el pueblo-or\u00e1culo nunca se expresa directamente: necesita sacerdotes que traduzcan su palabra. Y en esa traducci\u00f3n se juega el poder.<\/p>\n\n\n\n<p>Sheinbaum, si quiere escapar de la tutela del or\u00e1culo original, debe devolver la voz del pueblo a sus cauces institucionales: las elecciones, el Congreso, los contrapesos. La verdadera lealtad al pueblo consiste en escucharlo sin int\u00e9rpretes, no en hablar por \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El deber de ingratitud<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En las monarqu\u00edas y en los reg\u00edmenes personalistas, la gratitud es virtud: el favorecido debe obediencia eterna a quien lo elev\u00f3. Pero en una rep\u00fablica, la l\u00f3gica se invierte: el\/la gobernante tiene el deber de ingratitud. Debe actuar conforme al inter\u00e9s p\u00fablico, aunque eso signifique contrariar al benefactor. La ingratitud pol\u00edtica \u2014parad\u00f3jica y necesaria\u2014 es la forma m\u00e1s alta de lealtad republicana.<\/p>\n\n\n\n<p>La presidenta Sheinbaum puede conservar su gratitud privada hacia L\u00f3pez Obrador; ser\u00eda mezquino negarla. Pero su lealtad p\u00fablica pertenece a otra esfera: la de la Constituci\u00f3n y las instituciones que encarna. Ejercer el deber de ingratitud no significa romper con el pasado, sino liberarse del tutelaje moral que le impide gobernar plenamente. Agradecer sin obedecer; reconocer sin repetir.<\/p>\n\n\n\n<p>Solo as\u00ed podr\u00e1 cumplir la tarea que la historia le ha puesto enfrente: convertir la fidelidad al l\u00edder en lealtad a la ley. Negarse a ser la Sibila de Delfos, a trav\u00e9s de quien habla el Or\u00e1culo. Y volver al sitio de donde nunca debi\u00f3 moverse: la Rep\u00fablica, ese espacio donde la voz del pueblo no necesita int\u00e9rpretes, sino reglas.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"mailto:dulcesauri@gmail.com\">dulcesauri@gmail.com<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>(*) Licenciada en Sociolog\u00eda con doctorado en Historia. Exgobernadora de Yucat\u00e1n<\/p>\n<div class='share-to-whatsapp-wrapper'><div class='share-on-whsp'>Share on: <\/div><a data-text='El or\u00e1culo y la cuerda de seda' data-link='https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/el-oraculo-y-la-cuerda-de-seda\/' class='whatsapp-button whatsapp-share'>WhatsApp<\/a><div class='clear '><\/div><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: SemM\u00e9xico Dulce Mar\u00eda Sauri Riancho (*) SemM\u00e9xico, M\u00e9rida, Yucat\u00e1n, 29 de Octubre, 2025.-En el vocabulario pol\u00edtico mexicano, pocas palabras se pronuncian con tanta solemnidad \u2014y tan poca reflexi\u00f3n\u2014 como lealtad y fidelidad. 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