{"id":201879,"date":"2025-04-16T11:51:24","date_gmt":"2025-04-16T16:51:24","guid":{"rendered":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/?p=201879"},"modified":"2025-04-16T11:51:25","modified_gmt":"2025-04-16T16:51:25","slug":"cuando-la-prohibicion-tropieza-con-la-cultura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/cuando-la-prohibicion-tropieza-con-la-cultura\/","title":{"rendered":"Cuando la prohibici\u00f3n tropieza con la cultura"},"content":{"rendered":"\n<p>Dulce Mar\u00eda Sauri Riancho (*)<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: Diario de Yucat\u00e1n<\/p>\n\n\n\n<p>En las \u00faltimas semanas dos temas aparentemente inconexos han provocado reacciones sociales intensas: la prohibici\u00f3n de corridos tumbados con referencias al narcotr\u00e1fico en algunos escenarios p\u00fablicos, y la venta clandestina de comida chatarra por parte de escolares dentro de las instituciones educativas.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno pertenece al \u00e1mbito de la m\u00fasica popular; el otro, al de la alimentaci\u00f3n infantil. Sin embargo, ambos comparten una ra\u00edz com\u00fan: son manifestaciones de una cultura profundamente arraigada que entra en conflicto con regulaciones impulsadas desde el Estado. M\u00e1s all\u00e1 de lo anecd\u00f3tico, estamos frente a un choque estructural entre la norma legal y la pr\u00e1ctica cotidiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de seguir adelante, estimad@s lectores, perm\u00edtanme ofrecer una breve definici\u00f3n sobre \u201clo prohibido\u201d, tanto en m\u00fasica como en alimentaci\u00f3n. Los narcocorridos surgieron en las d\u00e9cadas de 1970 y 1980 en el norte de M\u00e9xico \u2014especialmente en estados como Sinaloa, Chihuahua y Durango\u2014 como una evoluci\u00f3n del corrido tradicional. Mientras los corridos del siglo XIX y principios del XX narraban gestas heroicas, haza\u00f1as revolucionarias o tragedias rurales, los narcocorridos comenzaron a relatar la vida y obra de figuras del narcotr\u00e1fico, en muchos casos idealiz\u00e1ndolos como hombres valientes, astutos o \u201cde palabra\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Su auge coincidi\u00f3 con la expansi\u00f3n del narcotr\u00e1fico como fen\u00f3meno econ\u00f3mico y social, y con la creciente desconfianza hacia las instituciones del Estado. Al igual que los corridos revolucionarios, los narcocorridos funcionaron como una forma de narrar \u201cla otra historia\u201d: la que no aparec\u00eda en los discursos oficiales. Pero a diferencia de aquellos, dejaron de lado la causa colectiva y se centraron en la glorificaci\u00f3n individual del poder, el dinero y la violencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Corridos tumbados y comida chatarra<\/p>\n\n\n\n<p>El debate sobre los corridos \u201ctumbados\u201d \u2014una versi\u00f3n contempor\u00e1nea de estos relatos, con influencias del rap y el reguet\u00f3n\u2014 se ha encendido tras la cancelaci\u00f3n de conciertos, multas a recintos e investigaciones en contra de grupos que interpretan canciones con menciones expl\u00edcitas a figuras del crimen organizado. La reacci\u00f3n oficial se ha justificado con el argumento de que estas expresiones musicales promueven la violencia, exaltan al narco y contribuyen a la normalizaci\u00f3n de estilos de vida delictivos. Por su parte, los defensores del g\u00e9nero apelan a la libertad de expresi\u00f3n y sostienen que los corridos no crean la realidad: la narran.<\/p>\n\n\n\n<p>En el \u00e1mbito de la alimentaci\u00f3n, se considera comida chatarra a los alimentos y bebidas ultraprocesados, con bajo valor nutricional y alto contenido de az\u00facares, grasas saturadas, sal o \u201ccalor\u00edas vac\u00edas\u201d (engordan, pero no nutren). En M\u00e9xico, su venta est\u00e1 prohibida en escuelas primarias y secundarias desde 2010, como parte de una estrategia nacional contra la obesidad infantil. Entre los productos m\u00e1s comunes que entran en esta categor\u00eda est\u00e1n los refrescos y bebidas azucaradas, las papas fritas, pastelillos, dulces y botanas empaquetadas, as\u00ed como galletas, cereales azucarados y productos horneados con grasa a\u00f1adida.<\/p>\n\n\n\n<p>Al reactivar con energ\u00eda la prohibici\u00f3n supuestamente vigente desde hace 15 a\u00f1os, diversas escuelas del pa\u00eds han reportado que estudiantes llevan en sus mochilas productos como refrescos y botanas para venderlos entre sus compa\u00f1eros. Lo que comenz\u00f3 como una medida de salud p\u00fablica para enfrentar la alarmante epidemia de obesidad infantil en M\u00e9xico \u2014una de las m\u00e1s altas del mundo\u2014 se ha convertido en una suerte de \u201cmercado negro escolar\u201d. Padres y madres que justifican a sus hijos, docentes que miran hacia otro lado, e incluso compa\u00f1eros que celebran la rebeld\u00eda de quienes traen \u201clo que s\u00ed gusta\u201d a ni\u00f1os y ni\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<p>Rechazo de la sociedad<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque en campos distintos, ambos fen\u00f3menos expresan una resistencia similar: el rechazo de una parte de la sociedad \u2014ni\u00f1os, j\u00f3venes, familias\u2014 a normas que perciben como ajenas, impuestas o desconectadas de su realidad. En ese sentido, tanto los corridos tumbados como la comida chatarra no son solo consumos, sino tambi\u00e9n s\u00edmbolos de identidad, pertenencia y hasta de agencia frente a un sistema que no siempre ofrece alternativas dignas o deseables.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s preocupante a\u00fan es que esta resistencia se reproduce en una cultura c\u00edvica que no valora el largo plazo ni siente el peso de las consecuencias futuras. En una sociedad donde prevalece la satisfacci\u00f3n inmediata, la norma sin convicci\u00f3n no solo fracasa: genera el efecto contrario. Lo prohibido se vuelve deseado, lo regulado se burla y lo sancionado se esquiva con ingenio. Las infancias y juventudes aprenden que la transgresi\u00f3n es parte del juego, y que la norma es un obst\u00e1culo m\u00e1s que un horizonte de convivencia com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Este patr\u00f3n no es nuevo. M\u00e9xico ha mostrado hist\u00f3ricamente una relaci\u00f3n ambigua con la ley: respetarla cuando conviene, esquivarla cuando estorba. Pero cuando el Estado busca cambiar h\u00e1bitos profundamente enraizados \u2014como fumar, comer, cantar o vestir\u2014 sin construir legitimidad cultural, suele encontrarse con un muro social. En ese sentido, el paralelismo con el declive del consumo de cigarrillos en las \u00faltimas d\u00e9cadas es ilustrativo: solo funcion\u00f3 cuando se combin\u00f3 la restricci\u00f3n legal con campa\u00f1as sostenidas, educaci\u00f3n clara, narrativas emotivas y alternativas viables. No se prohibi\u00f3 fumar: se transform\u00f3 el imaginario del fumador.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso es precisamente lo que falta hoy. La prohibici\u00f3n de corridos tumbados no ha venido acompa\u00f1ada de una reflexi\u00f3n cultural m\u00e1s amplia sobre las causas del narco como aspiraci\u00f3n social. Tampoco la restricci\u00f3n de comida chatarra se ha traducido en una transformaci\u00f3n efectiva de los entornos alimentarios escolares. En ambos casos, el Estado regula, pero no educa; impone, pero no transforma; proh\u00edbe, pero no propone.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s que buenas intenciones<\/p>\n\n\n\n<p>Las pol\u00edticas p\u00fablicas necesitan m\u00e1s que buenas intenciones. Requieren di\u00e1logo con las culturas vivas, pedagog\u00eda social, construcci\u00f3n de comunidad. No basta con se\u00f1alar que algo hace da\u00f1o; es necesario generar las condiciones para que otra cosa sea deseada, accesible y valorada. Eso implica invertir en arte, en nutrici\u00f3n, en espacio p\u00fablico, en acompa\u00f1amiento familiar. Implica tambi\u00e9n una pol\u00edtica del ejemplo: gobiernos que no solo digan, sino que act\u00faen coherentemente.<\/p>\n\n\n\n<p>En el fondo, lo que est\u00e1 en juego no es si se canta o se come algo espec\u00edfico, sino si somos capaces de construir una ciudadan\u00eda que respete la norma porque la entiende, no porque la teme. Una ciudadan\u00eda que asuma las consecuencias de sus actos, aunque no sean inmediatas. Una ciudadan\u00eda que prefiera el cuidado al exceso, la salud al mercado, la decision voluntaria a la imposici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras eso no ocurra, seguiremos viendo corridos cantados con m\u00e1s fuerza tras cada intento de censura, y papitas vendidas con mayor astucia en cada rinc\u00f3n del recreo. No porque el Estado no tenga raz\u00f3n en sus preocupaciones, sino porque ha fallado en convertirlas en convicciones colectivas.<\/p>\n\n\n\n<p>La cultura no se impone: se transforma desde dentro. Y eso, en M\u00e9xico, sigue siendo la gran tarea pendiente.\u2014 M\u00e9rida, Yucat\u00e1n<\/p>\n\n\n\n<p>Correo: dulcesauri@gmail.com<\/p>\n\n\n\n<p>*Licenciada en Sociolog\u00eda con doctorado en Historia. Ex gobernadora de Yucat\u00e1n<\/p>\n<div class='share-to-whatsapp-wrapper'><div class='share-on-whsp'>Share on: <\/div><a data-text='Cuando la prohibici\u00f3n tropieza con la cultura' data-link='https:\/\/visionpeninsular.com\/mid\/cuando-la-prohibicion-tropieza-con-la-cultura\/' class='whatsapp-button whatsapp-share'>WhatsApp<\/a><div class='clear '><\/div><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dulce Mar\u00eda Sauri Riancho (*) Fuente: Diario de Yucat\u00e1n En las \u00faltimas semanas dos temas aparentemente inconexos han provocado reacciones sociales intensas: la prohibici\u00f3n de corridos tumbados con referencias al narcotr\u00e1fico en algunos escenarios p\u00fablicos, y la venta clandestina de comida chatarra por parte de escolares dentro de las instituciones educativas. 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