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Yolanda Canto, un talento musical fuera de serie

Fuente: Informe Fracto

Ariel Avilés Marín

Una noche de concierto en el Teatro Peón Conteras, la cola para acceder a la sala se extiende sobre la calle 60 y se prolonga por un buen trecho de la calle 57, es de pronosticarse que el teatro se llenará hasta la gayola, lo cual sucede con pocos eventos, ¡Claro, cómo no ha de ser así, se presentan Las Maya Internacional! El fenómeno musical que constituyó el conjunto femenil Las Maya Internacional, marcó una época inolvidable de la canción popular en Yucatán, y especialmente en el género de la canción yucateca, no sólo como intérpretes, pues algunas de sus integrantes aportaron valiosas composiciones a la Trova Yucateca. El grupo nace en el año de 1966, a iniciativa de Judith Pérez Romero, su directora, pero cada una de estas talentosas mujeres, fue una verdadera estrella en su actividad. Judith, era la directora, ejecutante del piano, y muchas veces segunda voz del grupo; Alicia Escalante Barrera, era baterista; Lía Baeza Mézquita, tocaba el contrabajo y era la primera voz; y Yolanda Canto Pacheco, era una polifacética artista que era una verdadera estrella en los instrumentos que dominaba maravillosamente: el violín, la mandolina, el saxofón, el banjo, y las maracas, que ejecutaba como nadie lo ha hecho.

Tengo contacto auditivo, por primera vez, con el conjunto en 1967, al llegar a la casa mi padre con un disco de acetato de 33 rpm, que el grupo había grabado, y que se convirtió en uno de mis favoritos de la colección de la fonoteca de mi casa. El long play contenía popurrís de Agustín Lara, de la trova yucateca, uno especial dedicado a la obra de Guty Cárdenas, y remataba en la última pieza del lado B, con una Tarantela Napolitana, en la que, Yolanda Canto daba una verdadera cátedra en la ejecución de la mandolina. Las vi actuar incontables veces, de las cuales, las más entrañables, eran con motivo de los onomásticos de Totó Jiménez y Margot Ham. Las quise profundamente, y mi cariño fue correspondido, pues siempre me trataron con gran afecto, y tenían conmigo rasgos de cariño muy patentes. Uno de ellos, la invitación a asistir frecuentemente a sus ensayos, que se efectuaban en casa de Alicia y Yolanda, que vivían en la calle 68 entre 57 y 59. Algunas veces, a esos inolvidables ensayos, se unían Momy Rejón y Lilia Canto, y entonces el grupo cambiada de denominación y se llamaba Conjunto Lira de Oro. Este grupo de mujeres, ha dejado una huella de arte y talento en la historia de la música en Yucatán, y su memoria debe ser mantenida viva.

Dice un dicho, y dice bien, que no hay plazo que no se cumpla, y el tiempo y su paso son inexorables, y esto se ha cumplido también en la trayectoria de Las Maya Internacional. Uno a uno, estos floridos rosales fueron cayendo ante el paso del tiempo; Alicia, la primera; luego se nos fue Lía “La Voz”, mujer con un sentido del humanismo que nos merece un artículo aparte. Judith siguió a la brega algunos años más, hasta que también pagó el obligado tributo a la tierra. Sólo nos quedó Yolanda, la multifacética ejecutante de tantos instrumentos, tan bien tocados todos ellos. Y ahora, por el amable conducto de nuestro dilecto amigo, Luis Pérez Sabido, nos hemos enterado de que Yoly, como cariñosamente la llamamos siempre, se ha ido también. Yoly, se nos fue desde el 19 de septiembre pasado e, injustamente, se fue en total silencio. Ella, que era un ser hecho para la música, se ha ido sin una nota musical que la acompañara en su tránsito, sin un arpegio o un acorde que pusiera el digno marco a lo que no es un adiós, sino un hasta luego. Yoly Canto, se ha reintegrado al eterno mudo de la música, al cual pertenece sin duda ninguna. Las notas de sus instrumentos, ahora y para siempre, suenan en el éter y se seguirán escuchando hasta el fin de los tiempos. Con la partida  de Yoly, se cierra un brillante capítulo de la música yucateca, un capítulo que lleva el nombre de Las Maya Internacional.

Foto de Salvador Peña L.

Yolanda Canto Pacheco, nació en la ciudad de Izamal, Yucatán, el 1 de febrero de 1914. Aunque parezca increíble, Yoly no tuvo una enseñanza musical en forma. Una noche, en el cumpleaños de Margot Ham, nos sentamos juntos a la mesa y le pregunté quién había sido su maestro de violín; y con una risa de cristal me dijo: “Nadie, a mí, mi papá, de chiquita, me puso los dedos en el mástil del violín, me enseñó algo de notas, y listo, desde entonces me puse a tocar, como lo ves hasta la fecha”. El talento musical era innato en ella. Así, fue tomando en sus manos los otros instrumentos, uno a uno; y con su talento natural se hizo una maestra en cada uno. Yoly, participó en varias orquestas sinfónicas; fue primer violín en la Orquesta de Cámara de la UADY, de la cual era miembro fundador. En mis tiempos de adolescente que frecuentaba los coros de las iglesias de Mérida, con mi maestra Mimí Concha, tuve la oportunidad de profundizar mi relación de amistad con ella, pues ella, me conocía desde mi más temprana infancia. Era gran amiga de mis tías Rosita y Judith Marín, y siempre asistía a sus cumpleaños, a los cuales siempre concurría yo con mi madre; entonces tenía cuatro años de edad; y Yoly, siempre me recordaba esas reuniones, y lo inquieto que yo era, y como ponía a mi mamá en gran agitación; me lo relataba entre su risa de cristal, pues la alegría marcó siempre su carácter.

Platicando con Judith, una tarde en su casa, me explicó: “El grupo se llamó originalmente Conjunto Maya Internacional, pero la gente decidió llamarlo sencillamente: Maya Internacional; así que, todas tomamos el acuerdo y se quedó con el nombre de Las Maya Internacional, definitivamente”. Y así, han pasado a la historia. En las inolvidables actuaciones del grupo, el violín de Yoly cantaba dulcemente las melodías de boleros, claves, bambucos y cuanta obra fuera ejecutada; en las canciones de gran sentimiento, el violín de Yoly gemía acompañando a la voz de Lía; si la pieza tenía un sabor de dulce intimidad, su sax sonaba cálido y acariciante. La mandolina, era un estallido de alegría sin igual en las manos de Yoly. Cuando sonaba el banjo, un ritmo que nos evocaba el Oeste Americano inundaba el recinto. Al tomar las maracas, el alma de Yoly se elevaba por una cuesta de ritmo y alegría, como nadie podía imprimir a este sencillo instrumento, tan esencial en la música de nuestro trópico.

Ahora, a sus gloriosos ciento seis años de edad, Yoly se ha marchado, se ha ido dejando un vacío muy difícil de llenar en la música vernácula, en la canción popular, en la historia de la música en Yucatán. Ha  regresado a su eterno mundo de la música, y con ella se ha dio el último reducto de las inmortales mujeres que recordaremos siempre como Las Maya Internacional. Mérida, Yuc., a 23 de noviembre de 2020.

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