Miércoles , noviembre 22 2017
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Vida dramática de la bella Edith Piaf

Franck Fernández (*)

 

La calle de Belleville, en París, divide dos de los distritos más populares de la capital francesa: el distrito 19 a la derecha y el 20 a la izquierda. En el número 72 de la Rue de Belleville hay un edificio sobre cuya puerta hay una tarja que dice: “En los escalones de esta casa nació el 19 de diciembre de 1915 en la mayor de las miserias Edith Piaf, cuya voz más tarde trastornaría al mundo”.

Al menos así habla la leyenda que incluso dice que fue un gendarme parisino que recibió en su capa a  la bebé. Los actores y personajes famosos de antaño debían crearse ciertos mitos para tener áurea de misterio. En realidad, el certificado de nacimiento de Edith Giovanna Gassion está certificado como nacida en el 4 rue de Chine, donde se encuentra el hospital Tenon, cerca de la Rue de Belleville.

Nació de un padre maromero y de una madre cantante que se presentaban en circos itinerantes o incluso en la calle para ganarse algunas monedas.

La madre desde muy pequeña entregó a Edith a su abuela materna, que la alimentaba con un biberón lleno de vino tinto. A los pocos meses vino su padre, reclutado que estaba en el ejército francés por la Primera Guerra Mundial, y se llevó  a  la bebé en un lamentable estado de salud.

A partir de ese momento fue su abuela paterna, propietaria de un prostíbulo en Normandía, quien se ocupó de la niña. Allí Edith fue alimentada con buena leche normanda y bien tratada por las pupilas de la abuela.

A los 8 años de edad, y debido a su muy maltratada primera infancia, enfermó de queratitis en ambos ojos. La abuela sabía de una niña de la región que se había curado milagrosamente de la misma enfermedad por intervención de Santa Teresita del Niño Jesús de Lisieux.

Rápidamente salió la abuela con todas sus pupilas en viaje en tren a llevar a la pequeña y a rogarle a Santa Teresita. Se obró el milagro al cabo de los pocos días, desde entonces Edith Piaf llevó siempre en su cuello una imagen de la Santa, a la que cariñosamente llamaba Petite Thérèse.

Terminada la guerra su padre vino a buscarla para continuar la vida de antes de la guerra, cantando y haciendo maromas en la calle. En 1930 dejó de acompañar a su padre para cantar con otra chica, fue cuando encontró a Louis Dupont, mensajero de 18 años de edad.

Se instalaron en un pequeño apartamento de Montmartre donde nació en 1933 su única hija: Marcelle. Como Edith continuaba con su vida de cantante barata en bares y clubes de prostitutas, Louis se llevó a la pequeña Marcelle y dos años más tardes murió a consecuencia de una meningitis. Contaba Edith que la única vez que se prostituyó fue para pagar el entierro de su hija.

En el otoño de 1935 fue contratada para cantar en el cabaret Le Gerny’s, hasta que su propietario fue asesinado. En ese año de 1935 se le propuso grabar su primer disco que conoció un gran éxito, acto seguido fue invitada a cantar en directo en Radio City, haciéndose aún más conocida entre el público francés.

De esta época son sus grandes éxitos musicales Mi Legionario, el Himno al Amor, Los amantes de un día… Durante la ocupación alemana de París Edith Piaf continuó cantando en los distintos cabarets de la ciudad, incluso llegó a vivir en el prostíbulo más famoso de la ciudad a dos pasos de la sede de la Gestapo, donde era frecuente ver a los altos oficiales de esta organización alemana. Incluso llevó la canción francesa a Berlín en 1943.

Con la liberación de París pasó por un comité de depuración que la absolvió porque su secretaria personal dijo que las fotografías que se tomaba Edith en Alemania con los prisioneros de guerra franceses servían para después hacer pasaportes falsos con los que ellos lograban escapar. En 1945 cantó la más famosa de todas sus canciones, “La Vida en Rosa”.

En esa época conoció a Yves Montand a quien le enseñó los secretos de la profesión y lo lanzó al estrellato. Charles Aznavour y George Moustaki fueron otros de sus amores y a quienes también lanzó al estrellato.

En 1946 grabó su canción “Las Tres Campanas” que la lleva de gira a Nueva York.

En 1948 durante una gira triunfal en Nueva York vivió el gran amor de su vida con el boxeador Marcel Cerdán, campeón del mundo en peso medio. En un viaje de Air France de París a Nueva York fallece su gran amor en un accidente sobre las islas Azores. Destruida por el sufrimiento y poliartritis aguda, Edith comienza a utilizar fuertes dosis de morfina.

Finalmente se casa con el francés Jacques Pills en la iglesia de San Vicente de Paul en Nueva York, siendo su madrina la famosa Marlene Dieterich.

Su carrera internacional la llevaba por todo el mundo teniendo una carrera particularmente triunfal en el Carnegie Hall de Nueva York donde se presentaba con frecuencia. A pesar de sus múltiples amantes y su matrimonio con Pills, Edith no logra olvidar a su gran amor. Abusa del alcohol y de la morfina. En 1959 durante una gira por los Estados Unidos tuvo que ser sometida a una operación de urgencia debido a múltiples úlceras y hemorragias digestivas.

En 1961 sacó de la quiebra al teatro Olympia de París. Una serie de conciertos, entre los cuales se encuentran los más inolvidables, hizo volver a salir a flote este teatro. El 9 de octubre de 1962 a los 46 años, ya agotada y enferma, se casó con el joven cantante Theo Sarapo de origen griego en el rito ortodoxo griego. Theo era 20 años menor que ella y a él también lo lanzó al estrellato.

El público francés criticó mucho este matrimonio, porque decía que el joven griego se aprovechaba de la enfermedad para vivir de su dinero. La realidad es que la Piaf se encontraba al borde de la bancarrota acosada por Hacienda. A su muerte, el joven Theo pagó todas sus deudas para lavar su nombre de su esposa.

La muerte de Edith Piaf fue de gran pesar. Se calcula que más de medio millón de personas acompañaron el cortejo. Fue el capellán de los artistas de Francia quien ofició la misa de despedida.

Theo Sarapo falleció en un accidente automovilístico en 1970. Edith Piaf descansa en el cementerio de Père Lachaise en compañía de los restos de Theo, su padre y de su hija Marcelle.

 

Traductor, intérprete y filólogo.altus@sureste.com

Fuente: Diario de Yucatán

 

 

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