lunes , julio 22 2019
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Van Gogh, ¿nació o se hizo?

Franck Fernández (*)

Publicado en Diario de Yucatán

¿Los genios nacen o se hacen? Hay personas que han mostrado sus capacidades desde la más tierna edad y hay otros que han logrado hacerse un camino gracias a esfuerzo, tesón, estudio y disciplina.  Estoy pensando en el pintor holandés Vincent Willem van Gogh. No quiero decir que Van Gogh no mostró afición por el dibujo desde su más temprana edad, sino que su trabajo no fue fruto de la improvisación. Van Gogh nació el 30 de marzo de 1853 en un pequeño poblado de Holanda y falleció el 29 de julio de 1890 en Francia. Nació en el seno de una familia burguesa que desde generaciones se dedicaba a la iglesia protestante predominante en Holanda y al negocio del arte.

Su madre nunca le tuvo mucho amor porque le recordaba a su primer hijo que había nacido muerto y con cuyo nombre había sido bautizado. Esta será una constante en la vida de van Gogh, nunca conoció el verdadero amor. A los 16 años llega a La Haya como aprendiz en Goupil et Cie, la filial de una importante casa de venta de cuadros, dibujos y reproducciones fundada por uno de sus tíos. Allí aprendió los rudimentos para la venta de cuadros y dibujos, aprendió pronto y pronto fue enviado a la sucursal Londres. Más tarde sus parientes dirían que sus años londinenses fueron los años más felices de su vida. Fue en Londres que conoció su primera decepción amorosa. De Londres pasó a la filial de París, dónde se encontraba la sede principal del negocio y, molesto por ver cómo se trataba el arte como pura mercancía, fue despedido.

De regreso a su casa natal, la familia trato de colocarlo como vendedor en una librería, tarea en la que también fracaso. Poco a poco, Vincent fue introduciéndose en la lectura de los libros sagrados y creyó entender que su camino era el de predicador, como su padre y otros hombres de la familia. Estudió teología, pero a pesar de ser políglota, se negó a pasar el examen de latín considerando que era una lengua muerta y por ello también fue expulsado de la universidad. Después de tantos fracasos consideró que lo mejor era comenzar como predicador laico y fue asignado a un pequeño poblado de Bélgica donde vivían mineros del carbón. Allí van Gogh se solidarizó con todos los horrores de esta pobre gente. Dejó su casa a una familia pobre de mineros, entregó toda su ropa y fue a trabajar con ellos a la mina. Las autoridades protestantes consideraban que su estilo de vida no correspondía con el prestigio que tenía que tener un predicador. Una vez más fue expulsado.

Vincent tenía varios hermanos y el menor era Theo, quién por el resto de su vida será su gran amigo y quién ayudará al artista en los numerosos momentos de angustia económica. Theo obtuvo el cargo de director de la filial parisina de Goupil et Cie. Vincent se dedica de forma más seria a la pintura, recibió un poco de clases, participó con otros pintores en sus talleres para aprender a utilizar los colores y las pinturas, Van Gogh no sólo se interesó por los paisajes y las flores, sino también por querer representar el estado de ánimo de la pobre clase trabajadora de este final del siglo XIX. Ejemplo importe de esta tendencia es su famoso cuadro “Los comedores de papas”, en el que a través de juegos de sombra y luz y poco color representa la miseria con la que unos trabajadores logran comerse unas papas después de una extenuante jornada de trabajo.

Termina instalándose en un apartamento en París con su hermano Theo y, gracias a los contactos de este, conoce a todo el mundillo de pintores de la capital francesa influenciados casi todos por el impresionismo de moda en ese momento. Conoce los dibujos japoneses que hacían furor en esa época y se deja influenciar por esta corriente, lo que lo lleva a buscar más luz de que la que él había conocido hasta ese momento en Holanda, Bélgica, Londres y París. En busca de sol decide instalarse en el sur, en Provenza, en la ciudad de Arles, donde queda maravillado por la intensidad de los colores. Allí quiere crear un taller para que los pintores parisinos vinieran a disfrutar de la intensidad de color que brinda el sol de Provenza, pero solo llega Paul Gauguin, con quien tenía una entrañable amistad. Comparten un apartamento, pero ambos, de carácter fuerte y empujados por el alcohol no logran convivir. Un día de disputa en el que Gauguin amenaza a Vincent con irse de la casa, con una navaja en mano y para no atacar a su amigo, van Gogh se automutila cortándose el lóbulo de la oreja izquierda (y no toda la oreja). De inmediato llevó el pedazo de su precioso cuerpo a un prostíbulo y se lo entregó a una de las pupilas.

Al cabo del tiempo Theo se casa con una chica holandesa y tiene un pequeño al que se le pone el nombre de tío, Vincent Willem, quien también es su padrino de bautizo. Con la responsabilidad de su familia, Theo ya no estaba en condiciones de ayudar a Vincent como antes, por lo que abandona Provenza y se instala a las afueras de París donde continúa su trabajo como pintor.

Van Gogh era un nombre enfermo, padecía varias enfermedades venéreas que había obtenido por sus múltiples visitas a los prostíbulos, no vendía a su trabajo, apenas comía y bebía mucho ajenjo que es una bebida que produce alucinaciones. En estas condiciones casi vive de la caridad de su casero. Una tarde salió a pintar al campo, a los campesinos, como a él le gustaba, y regresó a su hospedaje mal herido. Aparentemente fue un intento de suicidio, aunque existe la versión de que él calló por el hecho de que unos jóvenes del poblado lo habían herido accidentalmente. De inmediato se informó a Theo y 2 días más tarde Vincent muere en los brazos de su querido hermano. Este le sigue 6 meses más tarde víctima de la sífilis y de trastornos neurológicos.

Mucho se ha hablado de la estabilidad mental de Van Gogh, de hecho, en la época las enfermedades mentales eran poco conocidas y mal tratadas y aparentemente padecía de paranoia, ya que decía que escuchaba voces (¿o era el ajenjo?). En vida escribió más de 850 cartas, de las cuales más de 600 estaban dirigidas a su hermano Theo en las que hablaba de su relación fraternal y profesional. La viuda de Teo decidió agrupar todas estas cartas, las dio a traducir a varios idiomas para ser publicadas. La obra pictórica de Van Gogh cuenta con más de 2000 cuadros y dibujos y, si bien después de su muerte fue apreciada en algunos países de Europa, su reconocimiento internacional solo vino a partir del año 1930 gracias a una gran exposición que se realizó con su trabajo en Nueva York.

Desde 1973 existe el Museo Van Gogh en la Plaza de los Museos de Ámsterdam, donde se conserva la más amplia colección de cuadros, dibujos y cartas de este gran artista del impresionismo.

** Traductor, intérprete, filólogo (altus@sureste.com).

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