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Valor de lo maya

La celebración de los finados

Macedonio Martín Hu (*)

Fuente: Diario de Yucatán

“En todos los tiempos, regiones y pueblos, se han generado y se siguen generando elementos culturales que apoyan y reproducen estructuras de dominación y otras que abren caminos de liberación” — Dr. Esteban Krotz

Estos días son propicios para reflexionar sobre las cuestiones relacionadas con la cultura. Los elementos de una cultura constituyen los rasgos que conforman la identidad de un pueblo.

Un caso relevante es la cosmovisión de los pueblos originarios de América. Entre ellos los mayas, que vivieron muchos siglos con una ideología avanzada y lograron conciliar los fenómenos naturales con los elementos científicos.

Con la conquista de los mayas, los españoles impusieron a los indios su lengua y su religión; además, menospreciaron sus avances científicos, así como la adoración de sus deidades; un ejemplo fue el execrable Auto de Fe de Maní, que se realizó el 12 de julio de 1562, hecho ordenado y encabezado por el fraile Diego de Landa.

Merced a un arrebato de ira, debido a la postura indomable de los indios mayas, quienes se negaban a aceptar la imposición de una religión extraña, sufrieron ataques y vejaciones a su dignidad y la destrucción de sus valiosos códices.

Un acontecimiento de la cultura maya, practicado con mucho respeto hasta nuestros días, es la celebración de los finados y es motivo de controversias, debates e interpretaciones sobre su significado.

La celebración de los finados que se lleva al cabo en los tres estados de la Península de Yucatán: Campeche, Quintana Roo y Yucatán, ha sufrido modificaciones. En las poblaciones rurales se practican las ceremonias apegadas a las tradiciones de antaño. Los rituales no se reconocen como el “Janal Pixán”, sino como días de los Fieles Difuntos y se realizan el 31 de octubre, 1º y 2 de noviembre; el día 2 es un agregado de la religión católica, y es un sincretismo cultural.

Al respecto, la activista indígena maya de Guatemala Rigoberta Menchú Tum, premio Nobel de la Paz 1992, interpreta el sincretismo cultural como una forma de represión, sutil si se quiere, en contra de los valores de las culturas de los pueblos originarios.

En las poblaciones del interior del Estado, desde semanas antes, mujeres y hombres inician los preparativos para los días cuando honrarán a sus muertos. Los hombres cortan leña, limpian los terrenos, pintan con cal las albarradas, arreglan los cementerios. Las mujeres bordan sus servilletas y manteles, lavan jícaras y “leques” nuevos, arreglan la casa para recibir la visita de los seres que moran en el otro mundo y llegarán puntualmente en lo que fue su hogar.

Las comidas y bebidas que se ponen en la mesa de tres niveles, tienen que estar muy caliente, porque los espíritus tomarán la esencia de los alimentos.

En los vecindarios reina un ajetreo, niñas y niños aprovechan jugar libremente y están prestos a brindar su ayuda. En la mesa se colocan velas, agua, flores de la región, frutas y verduras que se producen en las milpas y solares.

Ahora las cosas han cambiado, porque el mundo está en movimiento permanente y las prácticas culturales no son la excepción. Se utiliza lo que está disponible, hay cosas que no se producen o son muy costosas, pero se utilizan las que se pueden adquirir.

Las personas del interior del Estado saben que la preparación de las comidas como los “pibes” es un ritual, desde la excavación de la tierra para el horno, las maderas para la leña, las hojas de roble o jabín, que se ponen encima de los “pibes” para que adquieran su aroma singular.

En las ciudades como Mérida, la conmemoración del Día de Muertos, se circunscribe al Janal Pixán (comida de espíritus). Con la modernidad y la comodidad, se han perdido elementos importantes para esos rituales de gran significación.

Los que atentan contra uno de nuestros máximos valores culturales son los “concursos de altares” o las manifestaciones donde las mujeres se pintan la cara para simular calaveras, como si fuera un carnaval. En algunas escuelas se ha distorsionado el valor que representan los días de finados.

En Yucatán, los responsables de establecer las medidas para preservar, revalorar y fortalecer nuestra cultura ancestral, lo que “promueven” lamentablemente, es el folclorismo, y mercantilismo para “deslumbrar” a los visitantes extranjeros.

Los herederos de los pueblos originarios son los llamados a combatir las prácticas colonialistas y la falsa idea de que lo proveniente de Europa y del extranjero es mejor y de mayor valor cultural.

Estos días de finados deben recobrar su grandeza, su celebridad y valor cultural. Para ello, es menester y urge, una cruzada permanente para la defensa, preservación y fortalecimiento de nuestras raíces culturales. Un valor de la cultura maya, es la celebración de los finados.— Mérida, Yucatán.

chilambalam945@hotmail.com

Maestro de la Universidad Pedagógica de Mérida

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