sábado , diciembre 5 2020
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Una explicación de cajón

¿Manzana podrida?

Sergio Aguayo (*)

Fuente: Diario de Yucatán

Tras la detención del general Salvador Cienfuegos, militares y civiles tenemos el derecho de saber hasta dónde llega la corrupción militar, cómo piensa combatirla el gobierno de la 4T y cuáles son los planes de los Estados Unidos.

Bosquejo, para empezar, los orígenes recientes del protagonismo militar, tomando como punto de partida la “Noche de Tlatelolco” y la “Operación Intercepción”. El 2 de octubre de 1968, el presidente Gustavo Díaz Ordaz le tendió una trampa al Ejército: envió a un grupo de francotiradores a Tlatelolco para que dispararan contra civiles y militares. Díaz Ordaz justificó la represión del “Movimiento Estudiantil”, la opinión pública culpó al Ejército de la masacre y el secretario de la Defensa, Marcelino García Barragán, enfureció. Así comenzó un proceso de fortalecimiento institucional cuantitativo y cualitativo (para esto último proliferaron las instituciones educativas).

Un año después, en septiembre de 1969, Richard Nixon ordenó la “Operación Intercepción”, que consistió en el cierre de la frontera para alentar al gobierno mexicano a combatir con mayor enjundia el tráfico de drogas. Fue un chantaje vil, pero efectivo: el presidente Díaz Ordaz cedió y eso generó un proceso que desembocaría, años después, en la “Operación Cóndor”, símbolo de un mayor involucramiento militar en el combate a la producción y tráfico de drogas. Desde entonces, ahí siguen.

En los 50 años transcurridos ha crecido el poder de los militares mientras se debilitan —por diversos motivos— otras instituciones del Estado. Entre 2000 y 2020, Sedena incrementó su presupuesto en 450% y en el proyecto para el próximo año, sus partidas aumentarán en casi 20%. La Marina también se ha fortalecido, aunque sus aumentos han sido menores (cifras provenientes de Casede, Atlas de la Seguridad y la Defensa de México 2019-2020, de próxima aparición).

Durante estas décadas han ido saliendo casos sobre la corrupción de militares de alto rango y tropas de élite (pienso en el origen de los Zetas y en las atrocidades que cometieron). La explicación de cajón es que son “manzanas podridas”, casos excepcionales. El Presidente acaba de usar el mismo argumento para explicar la detención del general Salvador Cienfuegos Zepeda (lo opuesto pasa con académicos, activistas y periodistas: para AMLO todos somos corruptos).

Tengo un profundo respeto hacia las instituciones armadas y hago lo posible por entenderles. Sin embargo, las acusaciones contra el exsecretario de la Defensa son de tal magnitud que la explicación de cajón, la “manzana podrida”, es insuficiente. Necesitamos saber ¿cuál es el alcance de la corrupción o cuando menos las redes creadas por el general Cienfuegos? ¿Por qué han decidido, la DEA y el Departamento de Justicia estadounidenses, judicializar una corrupción que antes pasaban por alto? Finalmente ¿cómo piensa combatir la 4T la infiltración criminal en el instituto armado?

El Presidente tiene un dilema monumental. No investigan a los militares porque son su brazo operativo más eficaz y porque, ante la debilidad de las corporaciones policiacas, depende de ellos para combatir a los criminales. Las tendencias a futuro son preocupantes: militares fuertes, Estado débil, crimen organizado empoderado y Estados Unidos decidido a perseguir a las redes de protección estatal del crimen organizado mexicano.

En este esquema ubiquemos el papel estratégico de la sociedad organizada. En el último medio siglo ha crecido el número de medios de comunicación, colectivos de víctimas, organismos sociales y académicos que se han puesto a estudiar a los militares. De ahí han salido estudios y denuncias que, en algunos casos, han desembocado en encuentros fructíferos y en demandas y encarcelamiento de militares.

Es tiempo de pasar de la protesta a la propuesta. Y la principal —pienso— es una reforma a profundidad de las relaciones cívico-militares. A los uniformados, a los gobiernos y a la sociedad conviene una puesta al día, que permita una mayor rendición de cuentas y que los blinde y arrope ante el complot que amenaza a México: el creciente poder del crimen organizado y de quienes lo protegen desde el gobierno y la sociedad.— Boston, Massachusetts.

Investigador y analista

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