sábado , octubre 31 2020
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”Un cuentista campechano llamado Juan”

Fuente: Diario de Yucatán

Por MANUEL GRACIÁN (*)

En 1928 Azorín escribía la etopeya del poeta levantino Félix Vargas; así marcaba nueva ruta literaria al publicar la novela “Un caballero inactual”. Seis años antes, cuando fue elegido académico de la RAE, había publicado su novela “Don Juan”, calificada por Cristóbal de Castro: primoroso lirismo en prosa. Muchos años después conocería yo al verdadero Don Juan, en Campeche, con motivo de la concesión de un premio literario, que ostenta su nombre. Esbozo algunos rasgos de su carácter, acciones y costumbres; es decir, su etopeya.

Don Juan no es un hombre como todos los hombres. No es alto ni bajo, ni delgado ni grueso. Su frente es amplia; su pelo cano desciende lacio sobre la nuca hasta el cuello de la camisa. Sus ojos, pequeños y vivos, proyectan riqueza imaginativa y fulgor de congruencia. Viste don Juan con pulcritud, sin apariencias fastuosas; no usa joyas ni olores. Habla con sencillez y elegancia; a veces atropelladamente, sin pronunciar completas las palabras, sin pausas, con entusiasmo colorido. Ofrece y cumple. Su vida en la senectud despide aura de serenidad y buen humor, aunque de cuando en cuando aparece en su rostro un arrebol de coraje o añoranza. Sus andanzas por el mundo, y la observación de los sentimientos humanos, le han enseñado a conocer a los hombres. Trata al rico con respetuosa naturalidad. Y nunca tiene para el pobre la fingida y humillante cordialidad de los grandes señores: su afecto es campechano compañerismo.

Desde la adolescencia en su natal Campeche, don Juan ha ejercido decenas de oficios. Ha reunido, a través de los años, experiencias y recuerdos. Gusta don Juan evocar los hechos pasados —reales o imaginados–; los narra y los escribe. Practica el oficio de escritor. A nadie pide permiso para escribir. Para él, borronear, es inevitable, una compulsión. Piensa que la creación de una obra debe reflejar siempre al hombre interior. Así ha contado muchos cuentos, relatos, fábulas, novelas cortas, guiones cinematográficos…

Desde sus primeros escritos, don Juan ha estado atento a la cuestión social. Siempre ha tratado de evocar las preocupaciones de los hombres, especialmente de los más desamparados. Su obra ha arraigado en el pueblo y se ha nutrido de la cultura popular. El sufrimiento ante la opresión existe en todo el mundo.

La universalidad y consecuencia son valores constantes en la obra de don Juan. Cree el escritor que hay que luchar contra la literatura que daña la mente de los pueblos, y contra los gobernantes opresores que tratan de vejar el derecho a la libre expresión. Recomienda sustraer a los niños de la nociva avalancha de comerciales televisivos, telenovelas amorales e historietas cómicas chabacanas que invaden la población. A pesar que las fábulas nacionales– y las mañaneras– están a la altura de las mejores del teatro del absurdo, no las conoce la niñez. En México no hay literatura infantil —lo más probable es que los niños, en lo futuro, sean quienes escriban cuentos para los adultos— ha presagiado don Juan, con el formidable buen humor que lo caracteriza.

Es la obra de don Juan óptima y valiosa, oro viejo. La Universidad Autónoma de Sinaloa la ha editado en su totalidad: “Paseo de mentiras”, “La Guaranducha”, “Ahora y en la hora”, “La conjura y los alcances”, “Cuentos del camino”, “El brazo fuerte” (enlatada por muchos años por el gobierno federal), “Subida al cielo”, “Maratón de baile”, “Lola de mi vida”, “Misericordia”, “Raíces”, “Simitrio”, y diez tomos más (¿y la Universidad Autónoma de Campeche? ¿y la Secretaría de Cultura?).

Don Juan, con su vida y su obra ha trascendido el ámbito estatal y nacional. Su obra constituye una aportación emblemática de Campeche para nuestra vida cultural. Irrumpe en mi memoria la voz de don Alfonso Reyes —calificado por Borges como el mejor prosista de su tiempo–: “Juan de la Cabada, vigor auténtico, creación verdadera, bondad y virtud legítimas, escritor y hombre de primera. Lo quiero y lo admiro. No hay en él página perdida”.

Don Juan, hombre auténtico y veraz, campechano universal… no fue un hombre como todos los hombres.

Cardiólogo. mgracianb@ gmail.com

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