miércoles , diciembre 2 2020
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Un cubrebocas singular, incluyente

Camino que va de regreso

Alberto López Vadillo (*)

Fuente: Diario de Yucatán

Hace unos días cargábamos las despensas con las que con generosidad el Ayuntamiento de Mérida apoya a la agrupación “Camino que va de regreso, A.C.” en su labor con las personas de la tercera edad recluidas en el Centro de reinserción social.

Agotados después de subir 150 paquetes a la camioneta, nos detuvimos en una tienda de conveniencia para tomar un refresco. Al entrar, me llamó la atención que los empleados detrás del mostrador llevaban el cubreboca, con un plástico transparente en el centro, lo que permitía verles los labios.

No pude evitar preguntarles la razón de tan singular cubreboca.

—Es que tenemos un colaborador con discapacidad auditiva —me platicó cordial un joven que en su gafete decía “Lalo” y señalándome a su compañero que atendía con mucha cortesía la otra caja.

—Se llama Carlos, pero aquí todos le decimos “Carlitos” —finalizó sonriendo.

A veces la providencia te hace un guiño y acude a ti cuando más lo necesitas, porque ese momento entraron Diana y Miguel, supervisores de la tienda. Me presenté con ellos y les pregunté interesado sobre la historia de “Carlitos”.

Ellos me platicaron sobre este feliz hombre de 30 años que aprendió a valerse por sí mismo desarrollando la habilidad de leer los labios y con ello acceder y comunicarse con los demás.

Hace tres años lo contrataron dentro al programa de inclusión laboral que esta empresa de tiendas de conveniencia promueve para discapacitados. Venía de un sinfín de problemas para conservar los empleos en los que lo aceptaban, en muchos de ellos le pagaban menos solo por el hecho de no poderse comunicar con los demás, sufriendo maltrato y discriminación.

—Es un colaborador sumamente inteligente, comprometido con su trabajo, conoce y maneja perfectamente todo el sistema…, de hecho, lo estamos preparando para promoverlo a un puesto mayor —me decía Miguel con cierto orgullo paternal.

—Pero desde marzo la contingencia sanitaria nos obligó a cambiar todas las reglas del juego —intervino Diana—. La nueva normalidad es que ahora debemos cubrirnos la boca de manera permanente cada vez que salimos a la calle.

—“Carlitos”, como muchos discapacitados auditivos, aprendió a leer los labios para comunicarse con su entorno y de pronto la nueva regla hizo que esta forma cotidiana de hacerlo les fuera arrebatada. Esto nos obligó a buscar alternativas para que nuestros muchachos con su mismo padecimiento pudieran seguir laborando —concluyó su reflexión.

Definitivamente, el gran desafío para las empresas que tienen en su plantilla discapacitados auditivos es brindarles las condiciones de igualdad que les permitan seguir laborando de manera normal, a pesar de la pandemia.

Nuevo paradigma

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) subraya la importancia de avanzar hacia un nuevo paradigma social y de derechos humanos, donde las más de 7.5 millones de personas con discapacidad en nuestro país ya no sean vistas como objetos de caridad y asistencia.

Durante el tiempo que estuve en la tienda, miraba cómo la gente al entrar, preguntaba, curiosa como yo, la razón de ese cubre boca tan singular y cuando les explicaban tenían esta expresión de comprensión. No podía ver sus labios por obvias razones, pero estoy seguro que sonreían y buscaban hacer contacto visual con “Carlitos” para saludarlo.

Me parece entrañable cómo un simple cubrebocas se convirtió en una extraordinaria enseñanza a la comunidad. La empresa transformó un acto de empatía en un derecho laboral, cambiando con ello el discurso compasivo por hechos reales de igualdad e inclusión que además es mostrado a cada persona que entra a sus tiendas donde hay personas con esta discapacidad, contribuyendo de manera activa a modificar el inconsciente colectivo sobre la inclusión social y laboral.

Es importante que todos, especialmente las empresas y organizaciones, los conviertan en sujetos de derechos y obligaciones, con respeto pleno a sus libertades fundamentales y sin discriminación alguna por motivos de su condición.

Pero aún faltaba lo más importante. ¿Qué pensaba “Carlitos” del cubreboca transparente que usaban sus compañeros? Finalmente, esta sencilla acción le permitía recuperar sus condiciones laborales de igualdad.

Lalo nos ayudó con la traducción y le pregunto: —¿“Carlitos”, qué piensas de que todos tengamos estos cubrebocas transparentes? El sonrió, levantó los hombros y nos enseñó la mano derecha con los dedos de en medio hacia abajo y los demás hacia arriba. En la lengua de señas significa “Los quiero”.

Su mirada era de profundo agradecimiento, la de quien encuentra en el otro ser humano la empatía que se necesita para continuar el camino.

“Carlitos” ha sido tomado en cuenta por su organización como un ser humano, ni más ni menos, y se le ponían las condiciones que necesitaba para poder desempeñar su trabajo con igualdad de circunstancias ante una situación como la que vivimos hoy. Eso, si me lo permiten estimados lectores, es algo digno de contarse. Que así sea.— Mérida, Yucatán

alberto.lopez.v@-hotmail.com

El camino que va de regreso

@elcaminoquevade

Psicólogo

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