jueves , febrero 27 2020
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Trump en Yucatán

Frente a lo inaceptable

Antonio Salgado Borge (*)

Publicado en el Diario de Yucatán

En la última instancia de la siempre interesante serie de foros de discusión organizados por Diario de Yucatán se presentaron dos visiones contrastantes: Para George Ann Huck, doctora por la universidad de Tulane, reconocida activista y exdirectora del Central College, el mayor peligro del gobierno de Donald Trump son sus expresiones de odio y la serie de mentiras que han surgido de su presidencia; “Jamás habíamos visto este tipo de situaciones”. La doctora Huck se mostró contrariada porque “no pase nada” ante un presidente que recita alrededor de 30 mentiras diarias. También compartió su preocupación por la discriminación que sufren individuos mexicanos en Estados Unidos y los efectos negativos que esto genera en el mundo.

Por su parte, el empresario hotelero Karol Kolozs postuló que las cosas no están tan malas pero tampoco tan buenas. Para este exdirectivo, hablar de “nazismo” es ridículo en el caso de Trump, y ese presidente “no es más monstruo que las personas que quienes han hecho de él un monstruo”. Sobre inmigración, considera “normal que un país se defienda”. Sobre discriminación: “En mi vida he visto discriminación, ni en mi familia ni con mis vecinos… hay que vivir la realidad y no dejarse llevar por la gente que tiene un odio profundo contra ese hombre”.

Ante contrastes de esta naturaleza, es tentador suponer que estamos ante dos opiniones y que, como tales, ambas son igualmente válidas. Pero esta posición implica confundir dos sentidos del término “validez”. En un primer sentido, en ciertos contextos “se vale” que cada quién exprese su opinión. Pero en otro sentido hablar de “validez” implica que lo expresado sea epistémica o lógicamente válido; es decir, que tenga respaldo en hechos comprobados y que su forma preserve la verdad expresada. Por ejemplo, en el primer sentido, “se vale” decir que la Tierra gira alrededor de la Luna; pero la opinión no es válida en el segundo porque una premisa —en este caso, la única— es falsa.

Las preocupaciones expresadas con claridad por la doctora George Ann Huck me parecen válidas en los dos sentidos. Tiene razón la doctora Huck en preocuparse por la forma en que la presidencia de Trump ha exacerbado el odio y la discriminación. Recordemos que el presidente de Estados Unidos ha sido grabado haciendo comentarios sexistas o que suele atacar a sus oponentes mujeres criticando su aspecto físico o su inteligencia. Tampoco podemos olvidar que se ha referido a los mexicanos como “violadores” y nos ha retratado como un peligro para la seguridad de Estados Unidos. A los comentarios explícitos debemos sumar una batería de declaraciones discriminatorias veladas celebradas por parte de sus seguidores.

Pensar que este fenómeno es irrelevante para los mexicanos viviendo en Estados Unidos implica perder de vista los hechos. Los crímenes de odio aumentaron en Estados Unidos en 17% tan sólo en 2017. Seis de cada 10 víctimas de crímenes de odio fueron agredidas por su etnicidad, la raza que se les adjudica o por su ascendencia. A los números, siempre fríos, hay que sumar la serie de videos donde se observa a personas agredir a hispanohablantes o que aparentan ser latinoamericanas. Las palabras crean realidades.

Desde luego, alguien podría decir que lo anterior es irrelevante para individuos yucatecos que no viven en Estados Unidos. Pero este argumento tampoco se sostiene porque parte de la premisa falsa de que el odio generado dentro de Estados Unidos sólo puede afectar dentro de Estados Unidos. Un ejemplo ayuda a ilustrar por qué es falso que el discurso de odio no nos afecta en Yucatán. Es un hecho registrado en periódicos como el “NY Times” o “The Guardian” que el gobierno de Donald Trump ha animado a grupos ultraconservadores que creen que hay jerarquías “naturales” que la sociedad liberal no sabe respetar. En esta jerarquía, un individuo blanco vale más que uno no blanco, un hombre heterosexual más que uno LGTBI+ o que una mujer.

Si Trump suscribe estas ideas en lo personal es discutible. Lo importante aquí es que hace muy poco para pensar que no lo hace y que ha arropado a personas que sí las suscriben. No sorprende por ende que Richard Spencer, uno de los principales líderes de la gran red de ultraderecha conocida como “alt-right”, hubiera dicho en 2016 que, “le guste o no” la etiqueta, Trump es parte de la alt-right. Por cierto, Spencer está acusado de abusar físicamente de su esposa y de decirle que “el único lenguaje que una mujer entiende es la violencia” (“The Guardian”, 24/10/2018).

Es también un fenómeno conocidamente estudiado y documentado por los medios citados que la “alt-right” difunde en diversas plataformas digitales contenidos normalmente basados en pseudociencias o formas lógicas falaces, para promover visiones antiderechos. El problema para Yucatán es que esta red opera globalmente y que sus contenidos están disponibles en nuestro estado vía internet. Las preocupaciones de la doctora George Ann Huck sobre la fuerza y alcance del odio, la discriminación o las mentiras están, por ende, perfectamente fundamentadas.

En este punto alguien podría decir que lo anterior no hace que Trump suscriba el “nazismo”. Desconozco el origen de esta idea: no puedo encontrar ningún registro confiable donde se postule que Trump es un nazi. Eso sí, su ascenso ha sido comparado extensamente con movimientos fascistas. No toda manifestación de fascismo es nazismo, aunque sí todo nazismo es una manifestación del fascismo. Sobre el fascismo, retomemos a Jason Stanley, experto en fascismo en la universidad de Yale: fascismo es una forma de utilizar ciertas técnicas —como la destrucción de la verdad, el antiintelectualismo o el discurso “nosotros-ellos— para acceder al poder. Sus víctimas principales, las personas que los fascistas consideran “amenazas”, suelen ser mujeres, personas LGTBI+ e inmigrantes.

Es un hecho que Steve Bannon, uno de los principales operadores de la llegada de Donald Trump al poder, ha buscado incubar movimientos de ultraderecha alrededor del mundo desde 2015 (“The New Yorker”, 17/11/2018). Bannon ha empleado la tecnología lo mismo para sembrar noticias falsas o teorías de conspiración que para conocer cómo piensa la gente e intentar manipular sus mentes (“The Guardian”, 17/03/2018). Recientemente, este excolaborador de Trump intentó construir una alianza en Europa y ofreció brindar sus herramientas a partidos de extrema derecha para seguir expandiendo su red (“The Guardian”, 21/11/2018). Ya habrá tiempo para repasar la fórmula de Bannon en futuras entregas de esta columna. Lo importante aquí es que esta fórmula ha empoderado a fascistas alrededor del mundo.

Lo anterior es ya suficiente para alarmarse con la doctora George Ann Huck. Sin embargo, vale la pena considerar un último riesgo. El año pasado Estados Unidos anunció su salida del Acuerdo de París, el esfuerzo internacional coordinado más importante para atacar el calentamiento global (“BBC”, 01/06/2017). Aunque recientemente Trump dijo que ya no cree que el cambio climático es “una farsa”, también aseguró que “no es causado por el hombre” y que eventualmente “cambiará de vuelta” (“The Guardian”, 15/10/2018). Es previsible que los efectos de la posición de Estados Unidos, uno de los países que más impactan en este sentido, sean marcadamente negativos.

En Yucatán, uno de los efectos será el aumento en el nivel del mar. “Al menos seis millones de mexicanos están en riesgo de perder sus hogares ante el aumento del nivel del mar provocado por el cambio climático” y nuestro estado es una de las entidades en riesgo (“Animal Político” 01/01/2016). Otros peligros son el aumento del calor, la destrucción de manglares o la llegada de mosquitos.

Las fuerzas que soportan al actual gobierno de Estados Unidos han puesto en jaque al mundo. No hace falta odiar para alarmarse o para notar que nos encontramos ante una situación amenazante: con atender a los hechos es suficiente. Aceptar lo que estamos viendo como normal o mantenerse neutral implica, directa o indirectamente, convalidarlo. Y si la historia nos sirve de guía, esto es siempre una muy mala idea.

¿Está todo perdido? Me parece que no. A pesar de los hechos que conforman este escenario aberrante, recientemente han surgido razones para el optimismo. Apenas 38% de las personas que viven en Estados Unidos aprueba al actual gobierno (“Pew”, 01/10/2018). A ello tenemos que sumar que el Partido Demócrata arrasó este mes en las elecciones y recuperó una de las cámaras que en ese país, donde hay un poder judicial independiente, agencias serias, y que existe un proceso abierto para investigar la posible intromisión de Rusia en sus elecciones de 2016. Pero sobre todo, que hay miles de personas estadounidenses informadas y críticas que han estado a la altura de los tiempos; individuos que rechazan contundentemente la discriminación, el odio y la mentira; personas, como George Ann Huck, que nunca se encogerán de hombros cuando lo que tienen enfrente resulta inhumano o inaceptable.

asalgadoborge@gmail.com

Antonio Salgado Borge

@asalgadoborges

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (ITESM)

 

 

 

 

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