martes , diciembre 18 2018
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Tiempos de Vila

El mundo en Yucatán

Antonio Salgado Borge (*)

Publicado en Diario de Yucatán

Durante los últimos años los ejes del discurso y conflicto político alrededor del mundo se han modificado sustancialmente. Las causas o prioridades que caracterizan a la arena política global en 2018 son muy distintas a las de 2012 ó 2015. Movimientos definitorios y con enorme incidencia, como #MeToo, son incluso más recientes.

En nuestro mundo digitalizado e hipercomunicado, el flujo inmediato y accesible de información permite que fenómenos globales incidan en nuestra arena política local. No sorprende entonces que parte de las causas sociales que se han convertido en las marcas características de una generación estén presentes en nuestro estado. En consecuencia, la capacidad de Mauricio Vila de reconocer que en Yucatán se replican estas marcas, así como su disposición a responder positivamente ante las mismas, tendrán un impacto significativo en la percepción que buena parte de las personas yucatecas terminen teniendo de su gobierno y de su partido. Este artículo estará dedicado a analizar tres de estas marcas.

(1) Igualdad de género. Dentro de este rubro podemos incluir, por principio de cuentas, la igualdad entre mujeres y hombres. Si bien esta igualdad es reconocida en la ley, Yucatán, como el resto de México y buena parte del mundo, está muy lejos de garantizar actualmente a las mujeres condiciones indispensables e innegociables, como equidad en oportunidades profesionales o un ambiente libre de violencia machista o discriminación.

En este sentido, movimientos como #MeToo y las redes de organizaciones feministas galvanizadas por Donald Trump han sido fundamentales para empoderar a millones de mujeres. Esta tendencia no sólo ha logrado construir un importante “momentum”, sino que podría terminar por definir el rumbo político de algunas naciones. Un ejemplo conocido y cercano que ayuda a ilustrar lo anterior es el caso de la elección intermedia que definirá la composición del Congreso en Estados Unidos. En aquel país, el partido Republicano ha sido tomado por ultraconservadores y grupos religiosos que han revictimizado a las víctimas de abuso en años recientes. No sorprende, por ende, que ese partido haya perdido dramáticamente el apoyo de mujeres. De acuerdo con una encuesta de CNN, 58% de las mujeres en aquel país votaría por el Partido Demócrata, mientras que sólo 33% lo haría por el Partido Republicano (CNN 3/8/2018).

El crecimiento de movimientos feministas también es una realidad en Latinoamérica y en México. Lo mismo ocurre en Yucatán, donde las marchas, colectivos, grupos de reflexión o individuos feministas se han multiplicado durante los últimos dos años. En este sentido, Mauricio Vila ha comenzado su gobierno con el pie derecho. Su decisión de que 50% de las secretarías de su gobierno sean encabezadas por mujeres merece ser reconocida y aplaudida sin reservas; estamos ante una acción afirmativa fundamental que podría tener un impacto extraordinario en la vida de miles de yucatecas —en particular de las más jóvenes—. Además, con esta decisión Vila parece haber reconocido las demandas surgidas de la academia y del activismo.

Ahora bien, la igualdad de género también incluye los derechos de los individuos LGTBI+; derechos que, ni en la ley ni en los hechos, han sido plenamente reconocidos en Yucatán. Tal como ha ocurrido en la lucha por los derechos de las mujeres, los colectivos y organizaciones LGTBI+ han logrado el apoyo de las personas más jóvenes o más educadas en diversos países del mundo. Los derechos LGTBI+ son asociados, con razón, con reconocimiento a la igualdad de todos los seres humanos, la no discriminación y la libertad. No es casualidad que en los países más prósperos de Europa o en Estados Unidos la defensa de la diversidad de género se haya convertido —literalmente— en una bandera que se ondea en cada antiprotesta que confronta a las marchas de Neonazis, supremacistas blancos u otras organizaciones antiderechos.

En Yucatán, el Congreso del Estado tiene la obligación de legislar sobre el matrimonio igualitario, de corregir inmediatamente su desacato a un fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y de aceptar su obligación internacional derivada de una opinión consultiva de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Si bien esta es una facultad que no corresponde al gobernador, Mauricio Vila sí tiene, como principal líder político de su partido, la capacidad de impulsar a las personas panistas en el Congreso para salir de ese desacato. Si en los primeros días del gobierno de Vila se alcanza el pleno reconocimiento de la igualdad en este sentido, el PAN podría acercarse a una generación que mira su conservadurismo con reservas y arrebatar a Morena Yucatán una bandera que su estructura nacional ha tomado exitosamente.

(2) Democracia e inclusión (económica y social). Otra de las marcas que caracterizan a las generaciones más jóvenes es su mayor consciencia y oposición a la toma de control de gobiernos y partidos políticos por parte de corporaciones o puñados de individuos poderosos. Esa conciencia incluye la forma en que políticas públicas son diseñadas “a la medida” de quien paga y del impacto que esto ha tenido en la creciente desigualdad o la menor calidad de vida esperada. Sin embargo, también es posible incluir aquí el repudio al uso del aparato del Estado para reprimir a todas las personas que opongan resistencia. Así, en nuestro país mineras internacionales y nacionales han contaminado el agua que abastece a poblaciones completas y han destrozado ecosistemas sin ser castigadas por ello.

Alrededor del mundo, parte del éxito de partidos en ambos lados del espectro político ha pasado por su capacidad de replicar, al menos en el discurso, el enorme malestar y la creciente consciencia de la importancia de estos fenómenos. En México, poca duda cabe de que durante la pasada elección fue Morena el partido que logró apoderarse de esa bandera. Para el gobierno de Mauricio Vila puede ser tentador asumir que Yucatán es ajeno a este fenómeno. Sin embargo, lo contrario es cierto. Durante su gobierno, Rolando Zapata presumió constantemente la llegada de inversiones y su buena relación con las empresas; pero en los últimos seis años Yucatán ha sido uno de los estados más desiguales y con peores salarios del país —lo que ya es mucho decir—.

Además, el gobierno de Zapata ha heredado al de Vila conflictos sociales graves derivados en buena medida del uso del aparato del Estado —estatal y federal— para imponer megaproyectos mediante presiones, estudios viciados y privación del derecho a consulta a comunidades mayas. Lo que ocurre en Homún es tan sólo la manifestación más reciente y conocida de este fenómeno —que incluye parques de energía eólica y de energía solar, cultivos transgénicos, y desarrollos comerciales—. Para Vila esta situación es problemática por partida doble: (a) en primer lugar porque en varios de estos casos existe un problema social a punto de desbordar a su gobierno —incluso han habido amagos de linchamiento—. Pero también es problemática porque (b) tal como el caso Homún ha exhibido, existe cada vez más difusión, interés y respaldo ciudadano a las comunidades atropelladas.

(3) Corrupción e Impunidad. La última marca de nuestro tiempo a revisar aquí es la constituida por el repudio a la creciente mezcla entre corrupción e impunidad. La publicación en días recientes de casos ofensivos de desvíos a empresas fantasma serían sólo la capa más visible de un estado de cosas que la oposición —Vila incluido— no quiso o no pudo ver en su momento. Sin embargo, es posible, a manera de hipótesis, plantear que buena parte del electorado, ya sea por conocimiento directo de causa o a través de sus efectos en distintos ámbitos, fue capaz de notar lo ocurrido. Finalmente, el gobierno de Zapata y la campaña de Mauricio Sahuí no pudieron ondear ninguna de las banderas que terminaron definiendo la elección de mediados de este año.

Si bien Vila no tomó la lucha anticorrupción como estandarte, el nuevo gobernador no tiene pretexto para no impulsar por cauces legales y políticos una investigación, y en su caso búsqueda de castigo a la corrupción ocurrida durante el gobierno de Rolando Zapata. Es pronto para saber a ciencia cierta si el nuevo gobierno garantizará impunidad a sus antecesores. Sin embargo, con su silencio y con el posible asesoramiento e inclusión formal o informal de priistas o “ivonnistas” en su equipo, todo parece indicar que Mauricio Vila, como López Obrador, va por ese camino.

Tal como ocurre en el caso del gobierno federal, es una pregunta abierta si el próximo gobierno de Yucatán podría ser exitoso si no combate la corrupción y si abraza la impunidad. Pero para ello, la gestión de Mauricio Vila tendría que alcanzar un desempeño sobresaliente y lograr un impacto inmediato en la calidad de vida y en el respeto pleno a los derechos de todas las personas que viven en Yucatán.— Edimburgo, Reino Unido.

asalgadoborge@gmail.com

Antonio Salgado Borge

@asalgadoborge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (ITESM)

 

 

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