jueves , agosto 6 2020
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Sergio Aguayo: Errores del CJNG

Fuente: Diario de Yucatán

Loable actuación policiaca en el caso Harfuch

Sergio Aguayo (*)

¿Por qué fracasó el costoso y aparatoso operativo del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) contra Omar García Harfuch, secretario de Seguridad capitalina?

El jefe del Cartel ordenó el atentado, porque desde 2019 el actual gobierno puso al CJNG en la mira por su crecimiento exponencial y por la brutalidad de sus métodos. En los últimos meses, aumentaron las detenciones y el cerco financiero de las instancias de seguridad del gobierno federal y capitalino, y de las autoridades estadounidenses.

Una primera razón del fracaso la explica el experto en armamento Gonzalo Senosiain (Benito Jiménez, Reforma, 28 de junio): los sicarios enviados estaban mal entrenados, no supieron cómo utilizar los poderosos fusiles Barret calibre 50, ni los rifles de asalto, que ni siquiera tenían las mirillas de puntería levantadas.

Tampoco anticiparon la rapidez y eficacia con la cual reaccionaron las fuerzas de seguridad capitalinas. Los criminales pusieron inhibidores de señal de los celulares, pero fueron incapaces de interrumpir el encriptado de los radios especiales que llevan los mandos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana.

En consecuencia, a los pocos minutos del atentado, llegaron al céntrico lugar los elementos de diversas corporaciones policiacas capitalinas, lo cual impidió que incendiaran el vehículo del funcionario con las bombas Molotov. También llegó rápido el helicóptero de Agrupamientos Cóndores que trasladó al funcionario herido —que tuvo suerte, porque fallecieron dos de sus escoltas— al hospital privado donde ya habían instalado un poderoso círculo de protección.

A los 20 minutos, el C-5 capitalino (Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano) que vigila la ciudad con un tupido sistema de cámaras, estaba enviando sus informes sobre la ubicación de los sicarios de cuatro comandos, algunos de los cuales fueron detenidos.

Las instituciones encargadas de acompañar a víctimas también reaccionaron con celeridad. A los 40 minutos llegó a la escena del crimen el director de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas de CDMX, para atender a los familiares de Gabriela Gómez Cervantes, la joven madre de 26 años que fue víctima del fuego cruzado; ya les cubrieron los gastos del funeral y otorgarán una ayuda integral a los deudos.

La titular de la Fiscalía capitalina, Ernestina Godoy, se apropió de la investigación y, ese mismo día, ya había armado una carpeta de investigación que le permitió procesar a la veintena de sicarios y al mando del CJNG, encargado de armar el fallido operativo criminal (a cinco los capturaron con ayuda de la Marina). A la fecha, las instituciones de seguridad, justicia y atención a víctimas de la capital han funcionado como debían y han impartido una lección de eficacia notable.

Del interior de las estructuras del gobierno capitalino —me comentan diversas fuentes— surgió una exigencia: evitar que el gobierno federal atrajera el atentado. Un indicio de las divergencias que rasgan las entrañas de los gobiernos de Morena.

Desde otro punto de vista, el jefe del CJNG cometió un error bastante común: confiado en su poderío militar, no tomó en cuenta que el atentado rebasaba los niveles de tolerancia gubernamental y social a la violencia criminal.

Un fallo similar influyó en el ocaso de los Zetas. En agosto de 2010, esa organización ejecutó a 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas. Por el impacto mediático, el gobierno de Felipe Calderón reajustó su estrategia y lanzó una ofensiva para descabezarlos y fragmentarlos, contando con la participación decidida de Estados Unidos, irritado porque en febrero de 2011 los Zetas asesinaron a un agente federal estadounidense en San Luis Potosí.

Falta incorporar la presunta participación del Cartel de Sinaloa en ese ataque.

El atentado contra García Harfuch es un reto a las élites gobernantes. Aun cuando el presidente insiste en su discurso pacifista, las fuerzas federales y capitalinas mantendrán —con el apoyo de Estados Unidos— la presión sobre el Cartel Jalisco Nueva Generación y el Cartel de Santa Rosa de Lima.

Será una guerra difícil, pero el Estado y sus aliados terminarán por imponerse. Nos siguen debiendo la estrategia integral para atacar a todos los carteles. El CJNG —no lo olvidemos— es uno más. (Colaboraron: Alfonso David Aparicio Bolaños y Zyanya Valeria Hernández Almaguer).— Boston, Massachusetts.

@sergioaguayo

Investigador y analista

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