lunes , diciembre 10 2018
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Sepultureros del conocimiento

Falsedad y responsabilidad

Antonio Salgado Borge (*

“En el tercer año de la presidencia de AMLO, el dólar llegará a 35 pesos y la inflación será de 24%”. Esto no es todo. “El desempleo será de 8% y ya no habrá subsidios para jóvenes y ancianos”. Lo anterior forma parte del contenido falso de una infografía que circula en Facebook. Sin embargo, su falsedad no ha sido obstáculo para que esta publicación sea compartida más de cinco mil veces.

Todos los días un buen número de yucatecos comparte memes, vídeos, fotografías o infografías que no son verdaderos; es decir, que no corresponden con estados de cosas en el mundo. En este artículo defenderé que este fenómeno ha expuesto con claridad un enorme déficit en nuestra capacidad de entender qué cuenta y qué no cuenta como conocimiento, y que parte de la solución al problema de destrucción del conocimiento pasa por un ejercicio de autocrítica que nos lleve a admitir que hemos fallado, a corregir fallas pasadas y a prevenir fallas futuras.

Empecemos definiendo nuestro término clave. Por conocimiento podemos entender aquella creencia que es verdadera y justificada. (a) El conocimiento es una instancia de un estado mental llamado creencia. Mi conocimiento de que Mérida es la capital de Yucatán es una instancia de mi creencia o aceptación de que este es el caso; uno no conoce lo que no cree. (b) Pero para que una creencia sea conocimiento, ésta tiene que ser verdadera. Creer que Campeche es la capital de Yucatán no es conocimiento porque no corresponde a un estado de cosas real. Finalmente, el tercer requisito fundamental para que algo cuente como conocimiento es (c) nuestra capacidad de justificarlo. Si yo creo que Mérida es la capital de Yucatán no es porque se me ocurrió hace dos segundos, sino porque puedo apelar a que esta información es avalada, por ejemplo, por el testimonio que ofrecen libros de geografía o historia y que la aprendí gracias al testimonio de mis padres o de mis maestros.

Es importante subrayar que todos y cada uno de los tres elementos de esta definición son indispensables; es decir, basta con que uno falte para cancelar el conocimiento de algo. Una infografía, por gráfica y bonita que sea, como las “Amor a México” no es verdadera porque para que algo sea verdadero esto tiene que corresponder con un estado de cosas en el mundo. Y las posibilidades de que todos los datos precisos de lo que se anuncia en este caso sean ciertos son insignificantes. La infografía tampoco puede ser justificada, pues no hay algo que la acredite por medio de una con una cadena causal de eventos; salvo que los viajes en el tiempo ya se hayan inventado, cualquier infografía que nos “informa” con tal lujo de detalle cómo se vería el tercer año de un gobierno que aún no se inicia no tiene posibilidad, no puede ser justificada. Por ende, esta publicación no puede constituir conocimiento.

Dicho lo anterior, podemos notar que al menos tres formas de sepultar el conocimiento en redes sociales. La primera es (1) propiciando que éste sea identificado con su condición de creencia y que los requisitos de verdad y la justificación sean descartados. Esto es lo que intentan todos los días aquellos que no creen en los contenidos que comparten —por lo tanto, no los consideran verdaderos ni pueden justificarlos—, pero que los difunden con la intención expresa de engañar a otros. Este grupo, que incluye a los generadores de contenido falso y a los promotores de proyectos políticos, promueven el desconocimiento con el fin de crear miedo, odio o reacciones que esperan capitalizar electoralmente.

En este sentido, hace un par de días el invaluable proyecto verificado.mx dio a conocer una lista con los principales generadores y divulgadores de contenidos falsos en México, entre los que se encuentran las cuentas de redes sociales Amor a México, Nación Unida, Diario de Oaxaca, Pejendejadas y Argumento político —la lista completa está en verificado.mx—. Es bien sabido que la existencia de este grupo no es exclusiva de Yucatán o de México; pero se ha recrudecido en nuestro país debido al proceso electoral en curso. Así, por ejemplo, el periódico digital “Mother Jones” reportó que una red de sitios comparte contenidos disfrazados de “noticias” con el fin de atacar a atacar a AMLO (“Mother Jones”, 09/04/2018).

Desde luego, también hay sitios dedicados a atacar a Ricardo Anaya, a José Antonio Meade o a los candidatos a la gubernatura de Yucatán; pero sin duda es el candidato de Morena el que lleva la peor parte en esta guerra sucia. Los sitios o portales chatarra difícilmente surgen de forma orgánica, sino que son orquestados por empresas contratadas exclusivamente para estos fines. Por ende, este grupo tiene una responsabilidad mayúscula, pues los efectos de estrategias que para sembrar desconocimiento han puesto en jaque a la democracia alrededor del mundo —ejemplos: Trump y Brexit—.

La segunda forma de enterrar la posibilidad de conocimiento pasa por (2) desestimar si la información es justificable y asumir que para considerarla verdadera basta con que ésta coincida con su punto de vista o ataque a un candidato o idea que les parezca adverso. Recientemente le comenté a uno de mis contactos en Facebook que una publicación que compartió sobre el socialismo era chatarra; no sólo no constituía conocimiento, sino que el sitio de origen es uno de los mayores generadores de falsedades probadas. La respuesta de mi contacto fue, a grandes rasgos: “Aunque no se refiera a conocimiento, lo que en la publicación se dice es simple y coincide con mi punto de vista”. Para algunas personas, simpleza y coincidencia con su creencia son criterios suficientes para considerar algo como conocimiento. Esta forma de contribuir al desconocimiento es más peligrosa que la anterior, pues implica que miles de yucatecos podrían preferir la posibilidad de convertirse en altavoces de mentiras —y corresponsables de sus consecuencias— con tal de no evaluar información críticamente.

Finalmente, una tercera forma de enterrar el conocimiento es (3) olvidando que la justificación es clave para que algo cuente como conocimiento. Esto es lo que hacen aquellos que le dan el mismo valor a una infografía o un meme de fuente sin calidad testimonial, supongamos, “Amor a México”, “Nación Unida” o “Zócalo Virtual”, que a una publicación de Diario de Yucatán. Y es que una justificación crucial en gran parte del conocimiento humano es la calidad del testimonio. Cuando la justificación no puede ser articulada causalmente, cualquier creencia que se tenga deja de contar como conocimiento. La justificación de una creencia es una de las partes más complejas del proceso de conocimiento. La presente crisis tendría que servirnos como recordatorio de que no es suficiente poner la información en manos de los individuos; para conocer es indispensable desarrollar nuestra capacidad de razonar y entender cadenas causales complejas que nos permitan justificar lo que creemos, de tal forma que esto quede vinculado lo más estrechamente posible con lo verdadero.

¿Qué podemos hacer todos los interesados en combatir el desconocimiento? Pongo sobre la mesa de lxs lectorxs de Diario de Yucatán tres sencillas propuestas. La primera está relacionada con nuestra habilidad de creer, y pasa por el ejercicio de nuestra capacidad de dudar. Para ser claro, esto implica poner en duda nuestras creencias presentes.

Por ejemplo, si yo creo que el hijo de AMLO tiene un Lamborghini, entonces debería buscar comprobar si esa creencia es verdadera y justificada. Si no puedo comprobarlo, o si hay evidencias de lo contrario, entonces debo dejar de creerlo.

La segunda pone énfasis en la verdad y la justificación que debe tener todo conocimiento. Esta propuesta, que de alguna forma he desarrollado independientemente en otra parte (“Sinembargo.mx” 06/04/2018), pasa por defender la justificación de contenidos que permita desechar por completo cualquier información que no provenga de testimonios que hayan probado ser altamente confiables. Altamente confiable es Diario de Yucatán, “sinembargo.mx”, “Animal Político”, “The Guardian”, “The New York Times”… Claramente esta estrategia implica renunciar por completo a leer y a compartir información chatarra que incita al morbo y que aparece todos los días en nuestros muros de Facebook. La propuesta es estricta, pero me parece que es altamente efectiva y que los costos en términos informativos son de nulos a mínimos.

Finalmente, la tercera propuesta implica un ejercicio público de honestidad intelectual. Lo mínimo que puede hacer quienquiera que haya compartido contenidos de los sitios identificados por verificado.mx, o que descubra que ha compartido contenidos que no puede justificar como verdaderos, es avisar a sus contactos en redes sociales de este error y ofrecer una disculpa por las confusiones que esto pueda generar. Y es que quienes no tomen una medida de esta naturaleza no sólo se tendrían la responsabilidad atribuible a los sepultureros del conocimiento, sino que, gracias a esfuerzos públicos como verificado.mx, cargarían con los costos sociales que su exhibición como desconocedores implica.— Edimburgo, Reino Unido.

asalgadoborge@gmail.com

@asalgadoborge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (ITESM)

Fuente: Diario de Yucatán

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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