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Se le indigestan los derechos humanos

Sergio Aguayo (*)

Fuente: Diario de Yucatán

A la memoria de Jorge Bustamante, colega y amigo

Como el presidente es incapaz de entender al complejo movimiento de derechos humanos, toma el camino fácil de la descalificación.

El martes 30 de marzo, el Departamento de Estado norteamericano presentó al Congreso el informe anual sobre la evolución de los derechos humanos en el mundo. La parte sobre México es severa y el presidente López Obrador llegó irritado a la mañanera del miércoles. Aprovechó una pregunta sobre la epidemia de Covid para desahogarse con una interrogante y una condena.

“¿Por qué el gobierno de Estados Unidos opina sobre cuestiones que sólo competen a los mexicanos?” Después quedó claro que se refería a la mención crítica sobre la directora de Notimex, Sanjuana Martínez, soportada en estudios hechos por Artículo 19, un organismo de la sociedad civil (OSC), al cual descalificó por pertenecer al “movimiento conservador que está en contra nuestra”.

Una de las consecuencias de la Guerra de Vietnam y el caso Watergate fue la aprobación por el Congreso de EE.UU. de una ley que obliga a la elaboración de dichos informes. Desde 1976 aparece esta serie documental, útil para observar la evolución de ese tema en la política exterior de la potencia. Es un documento con el punto de vista del Departamento de Estado que, pese a su tendencia liberal, en ocasiones incluye omisiones intencionadas (por ejemplo, minimizar el uso cotidiano de la tortura por el gobierno mexicano durante la Guerra Sucia).

El documento que provocó el enojo presidencial tiene 42 cuartillas a espacio sencillo. Es un texto sólido y equilibrado que cita informes públicos del gobierno mexicano, de OSC y de organismos multilaterales. Su tesis central es que las violaciones a los derechos humanos se derivan de la “impunidad y las extremadamente bajas tasas de persecución”. Entre los ejemplos que da están los “ataques [en redes] a periodistas que hacen preguntas difíciles al presidente durante la mañanera”.

Por otro lado, también reconoce que los “observadores internacionales consideraron las elecciones de 2018 libres y equitativas” y reconoció que no hay “restricciones gubernamentales a la libertad académica o la realización de eventos culturales”.

No es la primera vez que estos informes molestan al presidente en turno. Una solución de fondo sería que el gobierno de la 4T pida al Congreso, que controla, aprobar una ley ordenando a la Secretaría de Relaciones Exteriores elaborar un informe anual sobre el respeto a los derechos de los ciudadanos mexicanos viviendo en el país vecino. Hay precedentes. Desde 1998 la República Popular China emite un informe sobre la situación de los derechos humanos en EE.UU.

Las dependencias de la 4T tuvieron reacciones diferenciadas. La CNDH guardó un incomprensible silencio ante el informe y las palabras del presidente. En el extremo opuesto se colocó la Junta de Gobierno del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, que, integrada por dependencias oficiales y un consejo ciudadano, reconoció la labor de Artículo 19. Dado que el Mecanismo depende de Gobernación, ¿estamos ante un deslinde tácito de la postura presidencial por parte de Alejandro Encinas y Olga Sánchez Cordero?

Independientemente de ello, se confirma la percepción de que el actual gobierno carece de una política integral y un compromiso homogéneo con los derechos humanos. Al igual que lo observado con el Movimiento Feminista, no hay una política de Estado y cada dependencia y funcionario se posiciona y avanza o retrocede como puede y quiere. Un desorden paralizante.

Esta interpretación se afianza entre las víctimas. El domingo 28 de marzo —décimo aniversario de la creación del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad— Javier Sicilia Zardain aseguró que “al igual que para Calderón y Peña Nieto, para López Obrador —un hombre que cabe perfectamente en el mismo saco al cual dice no pertenecer—, las víctimas no existen”.

Los derechos humanos se le están indigestando al presidente y a su administración. Atrás quedaron los días de sonrisas y esperanzas de que, finalmente, llegaría un gobierno que daría prioridad a las víctimas. Resulta natural y lógico que el poeta cerrara su alocución con un exabrupto cargado de dolor y enojo: “Seguimos estando hasta la madre”. (Colaboró: Sergio Huesca Villeda).— Boston, Massachusetts.

@sergioaguayo

Investigador y analista

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