Sábado , enero 20 2018
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Ruptura en la Segey

Todo por la campaña

Filiberto Pinelo Sansores (*)

Un clima de profundo descontento, propiciado por el uso político-electoral de las instituciones públicas y la aplicación en ellas de disposiciones arbitrarias para presentar a los titulares como genios de la innovación, se ha hecho evidente en los últimos días en la Segey (Secretaría de Educación Pública estatal) con la protesta de casi todos los supervisores de educación secundaria y numerosos maestros, en las instalaciones de la dependencia (D. de Y., 8-12-17).

En aras de impulsar la carrera a la gubernatura de su titular, Víctor Caballero Durán, el inexperto grupo de funcionarios, en materias educativa y administrativa —aunque sí muy aptos para las tareas de clientelismo electoral y compra de votos— que forman el cuerpo directivo de la institución está tratando, junto con aquél, de imponer a los 38 supervisores de este nivel medidas a las que se oponen no sólo porque afectan sus intereses profesionales, sino también los de la educación.

Su descontento no es nuevo. Se ha incubado a través del tiempo, porque son los supervisores quienes tienen que afrontar las consecuencias de las graves omisiones y malas decisiones de estos directivos, sin tener la mínima posibilidad de influir en la solución de los problemas que éstos crean.

Uno de ellos es el originado en que la Dirección de Secundarias no envía a tiempo al personal que las escuelas requieren para funcionar bien, por lo que se inician los cursos con grupos sin maestros ni trabajadores de apoyo (prefectos, trabajadoras sociales), administrativo (contralores, secretarias, bibliotecarios) y/o de intendencia, con las consecuencias que ello implica y los reclamos a ellos de directores y padres de familia.

En lugar de resolver el problema, las autoridades lo empeoraron pues al empezar este curso fueron suprimidos los tres departamentos que atendían las diferentes modalidades de secundarias —técnicas, generales transferidas y generales estatales— que elaboraban los nombramientos, para centralizarlos en las manos del director de Secundarias y ahora la lentitud es mayor.

Asimismo, mientras a unas escuelas no sólo no se les asigna el personal que les hace falta o les quitan el que tiene y las dejan incompletas, a otras se lo dan en exceso para cumplir compromisos políticos, en aras de las necesidades clientelares de la conocida campaña del titular de la institución.

Por eso es que quienes reciben una plaza o un contrato de trabajo para desempeñar labores de jornada están obligados a trabajar, contra turno y sábados y domingos, en labores de proselitismo partidista. Se juega con el hambre de los desocupados para favorecer intereses de partido. Por esta razón, a muchos se les acomoda en las escuelas y turno que convenga al interés de la campaña y a algunos se les refrendan sus contratos, aun si tienen un mal desempeño laboral a juicio de los directores.

Por este ilegítimo comercio político, las horas de clase vacantes que quedan en cada escuela —después de asignar una parte a los profesores de nuevo ingreso— son distribuidas con criterios de amiguismo o de la conveniencia político-partidista de quienes dirigen la Segey, por la vía del director de secundarias, Mario Novelo Ayuso, operador del PRI en la dependencia, quien sólo ocasionalmente respeta la facultad de los directores de las escuelas de proponer a quienes deben ocuparlas tomado de su personal, de acuerdo con manuales de la propia SEP.

Otro problema que tienen que afrontar los supervisores es que hasta hoy no se les ha pagado a los maestros y demás personal que laboran por contrato —se les adeuda desde la lejana fecha en que empezaron—, además de que en sus contratos no se reconoce el pago de vacaciones, pues quienes los firman mañosamente ponen en ellos como fecha final de vigencia la de un día antes del inicio de los periodos vacacionales oficiales, violando de manera impune las leyes laborales del país.

La gota que derramó el vaso ha sido el intento de desintegrar las actuales zonas escolares para reagrupar las escuelas que las componen en nuevas zonas, sin consultar la opinión de los 38 supervisores que integran los cuerpos respectivos en las tres modalidades, los cuales tienen como función orientar el trabajo educativo y vigilar que cada escuela funcione bien.

Un primer paso fue separar a las escuelas particulares de sus zonas y asignárselas a maestros sin experiencia de supervisión y sin la plaza de cobro correspondiente, mediante una figura inventada, la de “Visitadores” (imitación de las que existen en la Comisión de Derechos Humanos o la Secretaría de Hacienda). “Algunos de esos visitadores carecen incluso de la experiencia de dar clases”, afirman los supervisores.

Los supervisores se oponen a la pretendida “rezonificación”, fundamentalmente, porque ésta dispone que en cada nueva zona se atienda a escuelas de modalidades diferentes, cuando actualmente en cada una se atienden escuelas de una sola modalidad. A lo largo de los años, los supervisores se han especializado en la forma de funcionar de su modalidad respectiva; ahora, sin consultarlos se pretende que cada uno atiende también escuelas de las otras dos, para ellos desconocidas.

Las secundarias técnicas, dicen, tienen más horas de talleres que las demás y muchos de éstos cuentan con programas productivos, con los que los supervisores de las otras modalidades nunca han trabajado.

“Por el capricho de estos innovadores, tendremos que comenzar de nuevo a conocer al personal docente y directivos de cada escuela, y a familiarizarnos con las formas de trabajo y los contextos escolares en cada una”, alegan.

Asimismo, dicen, ha habido un absoluto silencio de la Secretaría para resolver los problemas que se generarían por las diferentes claves de asignación y cobro que tienen, según las normas de Hacienda, y sobre los criterios con que se crearían las nuevas claves para trabajar en escuelas de modalidades diferentes a las que les permite su clave.

Están ciertos de que carece de sustento jurídico esta pretensión “innovadora”. “En ningún documento oficial llámese Artículo 3o. Constitucional, Ley General de Educación o cualquier otro, ampliamente revisados —aseguran— existe la figura de ‘rezonificación’. Se trata —afirman— de un invento local, una ‘banderita innovadora’ que tiene como fin servir a las pretensiones del secretario de Educación en su conocida aspiración de ser candidato a gobernador”. Así pues, la Segey, como otras dependencias, está convertida en laboratorio para transformar recursos del erario en la concreción de los sueños de grandeza de quien la recibió para que sea su trampolín personal.— Mérida, Yucatán.

fipica@prodigy.net.mx

Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa

FUENTE:Diario de Yucatán

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