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Rubén Reyes, el poeta de la luz

Ariel Avilés Marín

Fuente: Estamos Aquí

“El hombre vertical, hijo o nieto de aquel caballero solitario,

Que ante los molinos de viento actuales ha defendido su palabra,

Su lengua y herencia cultural, y su pensamiento libertario”.

Rubén Reyes Ramírez.

Las letras, los símbolos, las metáforas, se vuelven un juego de sencillez en la pluma de Rubén Reyes, el canto sale de su lira con la misma facilidad con que el sol nos anuncia la mañana y la luna se hace diadema de nácar que corre sobre zafiros para decirnos que ya es noche. La difícil sencillez de la poesía de Rubén, es una naturalidad que no está dado alcanzar más que a unos cuantos privilegiados. “La sencillez, se alcanza”, dice Rubén con la suave calma que vive en sus palabras, mientras el punzón graba sobre el cartoncillo creando caracolas que vuelan por el aire con la grácil fragilidad de los sueños. Horas, días, semanas, meses, años, haciendo de la poesía un camino de vida luminoso y sonoro, para ir repartiéndolo a su paso por esta tierra de mortales, a los que un ser superior como él, nos obsequia en forma de versos.

Este año, la Medalla de Cultura “Silvio Zavala” que otorga el Ayuntamiento de Mérida, no pudo tener un recipiendario más justo, más limpio, más vertical. Un hombre singular, con esas cualidades morales que pocas veces se reúnen en un solo hombre. Rubén Reyes Ramírez, es un hombre sin par, es un alma inquebrantable, es una mano limpia, es una frente en alto, con el orgullo que anima los pasos del hombre de bien, que le impulsa a hacer siempre por los demás, antes que para sí mismo. Si algún privilegio he tenido en la vida, ha sido el de trabajar a su lado por más de cuarenta años, en las más dignas empresas y proyectos de cultura y educación. Algunas que se transformaron en tan sólo sueños que se disolvieron en el aire, y otras más que han cobrado vida e impulso propios y que hoy, podemos mirarlas como sueños alcanzados y felices. Unas y otras, nos llevaron al gozo infinito de la convivencia profunda, que nutre el alma y nos llena el espíritu de paz.

La vida me lleva a conocer a Rubén al coincidir en un entrañable proyecto, fundar la Casa de la Amistad Yucateca Cubana “José Martí – Felipe Carrillo Puerto”, institución que buscó profundizar los lazos culturales que han unido siempre a Cuba y Yucatán, que impulsó la cultura en una forma importante a nivel local, pues en su seno se llevaron a cabo ciclos de cine, eventos musicales, exposiciones de artes visuales, conferencias y muchas actividades más, que tuvieron gran relevancia, pues esto fue en una época en la que no había ninguna institución oficial que llevara a cabo este tipo de acciones. En el ámbito de esta agrupación, tuvimos el privilegio de estar en contacto con grandes plumas cubanas como Eliseo Diego, Cintio Vitier, Fina García Marruz, José Antonio Portuondo y Roberto Fernández Retamar. Rubén ejerció la presidencia de la casa y yo fui secretario de la misma. Su conducción de las sesiones de trabajo de la directiva, fueron verdaderas lecciones de vida diaria.

Por esta misma época, recibe uno de los primeros reconocimientos por su obra poética, se le otorga el Premio “Antonio Mediz Bolio”, que en ese entonces se asignaba por el mejor libro publicado en el año, y que fuera por la edición de “Pequeño Brindis por el Día”, y que recibe en Ochil el 15 de septiembre de 1986. En este poemario, Rubén agrupa sus poemas en apartados muy bien definidos, Prisionero, Crezca la Voz, En el Cristal de Algún Violín, Marejadas, Canto de Amor y Anarquía, En los Jazmines del Aire, Saetas de la Tarde, Malheridos y remata con el que da nombre al libro, Pequeño Brindis por el Día. En este poema Rubén nos dice: “Qué daría yo por el futuro, / si no el trigal más limpio de mis cejas / y el impacto estricto de mi puño; / qué daría yo si no mis ansias / y que, si no el dolor más transparente / y la semilla nupcial / de tanto cielo, / de tanto consumado azul / y tanta imprescindible lejanía; qué daría si no este instante de la música, / si no está cantidad de transparencia / y esta luz / y esta verdad / y esta alegría. / Qué daría yo, si no, por este día, / que la simple decisión de estar presente”.

En 2012, se le confiere la Medalla Yucatán, máxima distinción que otorga el Gobierno del Estado. El Premio “Antonio Mediz Bolio”, cambia de giro, y nuevamente se le asigna en 2014, ahora por lograr la profesionalización de los estudios literarios al fundar la primera licenciatura en letras del sureste, en el ámbito de la Universidad Modelo, la Licenciatura en Letras Hispánicas. La fundación de la licenciatura en letras, fue otra experiencia plenamente convivida con Rubén; los trabajos iniciaron con una serie de entrevistas que hicimos a personalidades de la cultura de Yucatán para sustentar la propuesta ante el Consejo de Administración de la Escuela Modelo, y luego, largos meses de trabajo diario hasta la madrugada, elaborando todos los planes y programas para la licenciatura. Nuestros esfuerzos se vieron coronados al abrir sus puertas la Universidad Modelo, con la Licenciatura en Letras Hispánicas, como una de las carreras fundadoras, en agosto de 1997. Poco después, este panorama se ampliaría al convertirse de carrera, en la Escuela de Humanidades, con Rubén como director.

Rica experiencia fue también participar con Rubén en la que es su obra más trascendente, “La Voz ante el Espejo”, publicada en 1995, la más importante antología que se ha escrito de la poesía yucateca, desde la Independencia, hasta nuestros días. Largas tardes pasamos en mi casa de Pensiones, entre tazas de café, como el propio Rubén consigna en la introducción, revisando fichas y fichas biográficas de los poetas yucatecos, leyendo sus poemas, seleccionando quienes pasarían a formar parte de la antología. Me sentí lleno de orgullo, cuando la noche del 6 de enero de 1999, en el discurso inaugural del Centro Cultural “Olimpo”, el Dr. Silvio Zavala Vallado dijo: “En un futuro, este centro cultural deberá tener su biblioteca, y en ella deberán estar a disposición del público lector, tres obras fundamentales: La Enciclopedia Yucatanense de Carlos  Echánove Trujillo, La Historia de la Literatura en Yucatán de José Esquivel Pren y La Voz ante el Espejo de Rubén Reyes Ramírez”. Otra obra de gran trascendencia de Rubén, es la publicación del “Popol Vuh” en tres idiomas, en maya quiché, en maya yucateco y en español, en coordinación con el Dr. Fidencio Briceño Chel. Digna de mención también, es la colección de diez tomos, editada por la UADY, con el título de “La Huella del Viento”, que es el estudio de importantes poetas yucatecos como José Peón Conteras, Ignacio Magaloni o Beatriz Peniche Barrera.

Literariamente, Rubén tiene sus raíces en el Grupo Literario “Platero” que se forma a iniciativa del poeta Juan Duch Colell y alentado por Inocencio Burgos, y donde participa con los escritores Francisco López Cervantes, Irene y Juan Duch Gary, Jorge González Acereto, Humberto Reppeto Ortega, Arathy Mendiburo y Roger Campos Munguía. Han sido de gran influencia en su trayectoria poética figuras como Roger Cicero Mak.Kiney, Fina García Marruz, Carlos Montemayor y Roberto Fernández Retamar. Su labor docente en la Escuela de Humanidades de la Universidad Modelo, puede considerarse como una culminación de su trayectoria, pues de las generaciones que han pasado por sus cátedras, han salid ya importantes plumas jóvenes que ya están descollando en el mundo de las letras.

Rubén Reyes, es un poeta a quien la luz se niega, pero él mismo en su poesía irradia luz; su brillo se derrama abundante por las líneas de sus versos, se agita con fuerza en sus estrofas, se eleva en el alma de sus metáforas. La fuerza de su pluma es capaz de disolver las tinieblas más densas. ¡Rubén Reyes, es un poeta de la luz!

Mérida, Yuc., a 15 de febrero de 2021.

Ariel Avilés Marín.

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