martes , septiembre 29 2020
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Rodrigo Llanes Salazar: Covid-19 y presión social

Mirada antropológica

Rodrigo Llanes Salazar (*)

Fuente: Diario de Yucatán

El pasado fin de semana, con 10,438 casos confirmados y 1,223 muertes registradas por Covid-19 en Yucatán, el gobernador Mauricio Vila anunció en su cuenta de Twitter que no “se descarta que el próximo lunes el semáforo cambie a rojo”.

Volver al semáforo rojo con nuevas medidas de confinamiento obligatorio y el cierre de actividades económicas no esenciales ha provocado, como es natural, reacciones entre empresarios y trabajadores. “Sería el tiro de gracia a los empleos, los negocios, las empresas, que de por sí penden de un hilo. Esta enfermedad (…) se evita con conciencia y responsabilidad, no cerrando negocios”, declaró Michel Salum Francis, presidente de la Cámara de Comercio de Mérida (DdeY, 2-8-20).

El problema es que no toda la población del Estado ha actuado con conciencia y responsabilidad, es decir, no ha cumplido las medidas básicas de sanidad: respetar la distancia física (de por lo menos metro y medio o dos metros), usar cubrebocas de manera correcta (cada vez más estudios documentan la importancia del uso de cubrebocas, los cuales pueden reducir la dosis del virus), lavarse las manos con agua y jabón adecuadamente (lo cual no siempre es posible si no hay acceso a agua limpia). Además, las autoridades estatales aún no han enfatizado, como sí lo hizo hace poco menos de un mes la Organización Mundial de la Salud, que el coronavirus se transmite por el aire y que puede transportarse en partículas de aerosol.

Aún más, parte de la población no solo no cumple las medidas, sino que ha asumido una posición contraproducente: ejercer presión contra quienes sí lo hacen. Esta posición ha generado lo que el sociólogo Émile Durkheim llamó “corrientes sociales”, que ejercen presión entre las personas. Como observó Durkheim, estas corrientes sociales cobran más fuerza en espacios colectivos, donde ocurre la vida en común, como las oficinas, precisamente uno de los lugares de mayor riesgo para contraer el coronavirus. En estos espacios no solo suceden contagios virales, sino también contagios sociales: se transmiten ideas, creencias, normas, valores, discursos y prácticas.

Así, es en este tipo de espacios donde, de acuerdo con varios testimonios, podemos encontrar con mayor frecuencia las siguientes respuestas. Si una persona pide a otras que respeten la distancia física de metro y medio o dos metros, o que utilicen tapabocas, las personas responden, burlonamente, diciendo que “exageran”. Si una persona usa cubrebocas y/o careta, como es recomendado, también la ridulizarán diciendo que parece un astronauta.

Desde luego, la presión social se suma a la presión económica que ya sufren miles de personas y familias. Debido a estas presiones, algunas personas que tienen negocios pensarán dos veces si le pedirán a un cliente que no usa cubrebocas que lo use, que respete la distancia debida, o si de plano no lo atenderán.

En Estados Unidos, este tipo de situaciones ha detonado verdaderos enfrentamientos, no solo verbales, sino incluso físicos. Las medidas como el uso de cubrebocas se han convertido en actos morales e incluso políticos. Así, quien usa cubrebocas puede, con un sentido de superioridad moral, de cumplimiento de su deber ciudadano, ver con desaprobación a una persona que no lo usa. Ésta, así, responde desde la confrontación. Asimismo, numerosas personas en los Estados Unidos han reclamado que el uso de cubrebocas constituye una violación de sus derechos, particularmente de sus libertades individuales. Que Estados Unidos es el país de la libertad.

Hasta donde sé, en México no se han registrado episodios similares, aunque, como ya se ha documentado, sí se ha agredido a personal de la salud, el cual ha sido estigmatizado —erróneamente— como propagador del coronavirus. No obstante, aunque pueda parecer algo menor, las actitudes burlonas respecto al cumplimiento de las medidas básicas de sanidad representan un gran peligro, sobre todo cuando se presentan en lugares concurridos. Al inhibir a que más personas cumplan con la distancia física, el uso de cubrebocas, la limpieza de las manos o la desinfección de objetos utilizados, la presión social puede tener consecuencias devastadoras, incluso mortales.

Desde luego, lo anterior también tiene que ver con las diversas concepciones que existen sobre el riesgo y vulnerabilidad, y los estudios socioculturales nos han enseñado que en ello interviene una dimensión de género. Particularmente, estudios sobre masculinidades han documentado que adolescentes hombres —como en el caso de un estudio de Goiana, Brasil— se sienten invulnerables frente a las enfermedades de transmisión sexual. En parte esto se puede atribuir al desconocimiento de la transmisión de la enfermedad, pero también a una concepción de la masculinidad en la que “ser hombre” implica tomar riesgos, mientras que cuidarse “no es de hombres” (Arraes et al., “La masculinidad, la vulnerabilidad y la prevención de Ets/VIH/SIDA entre adolescentes varones”, “Rev. Latino-Am. Enfermagem, 2013).

Las autoridades municipales y estatales han llevado al cabo campañas para difundir las medidas de sanidad e informar sobre zonas de alto contagio de Covid-19. Junto a estas medidas también son necesarias acciones que funcionen como contracorrientes de las tendencias que generan presión social, a través de la burla y la ridiculización, para no cumplir las medidas de sanidad y evitar la transmisión del coronavirus. Las autoridades y las figuras públicas deben ser ejemplares al respecto. Por otra parte, como ha escrito la pediatra Perri Klass, debemos normalizar el uso de cubrebocas —así como de las otras medidas— y usar la aplicación positiva: en lugar de confrontar a la otra persona o actuar con un sentimiento de superioridad moral, “hacer preguntas puede ser muy positivo: ‘Me doy cuenta de que no usas cubrebocas. ¿Necesitas uno?’; ¡Me da curiosidad que no uses cubrebocas’. En vez de decir: ‘Ponte cubrebocas. ¿Qué te pasa?’” (“The New York Times”, 24-7-20).

Si las contracorrientes de presión social para no cumplir las medidas de sanidad siguen ejerciendo su peso, ni siquiera el regreso al semáforo rojo logrará que los contagios y los fallecimientos continúen aumentando en nuestro Estado.

rodrigo.llanes.s@gmail.com

Investigador del Cephcis-UNAM

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