domingo , noviembre 29 2020
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Rodrigo Llanes Salazar: Contaminación y orden

Mirada antropológica

Rodrigo Llanes Salazar (*)

Fuente: Diario de Yucatán

Un nuevo virus. El paso de una exgobernadora de un partido político a otro. El matrimonio entre personas del mismo sexo. Lluvias torrenciales. Todos esos elementos tienen en común que alteran un orden establecido. También que, desde una mirada antropológica, pueden ser considerados fenómenos “contaminantes”.

Una de las principales contribuciones de la antropóloga británica Mary Douglas (1921-2017) fue el estudio del concepto de “contaminación”, el cual, según ella, se encuentra presente en todas las culturas, si bien se expresa de diversas maneras. En cualquier caso, Douglas descubrió que “la idea de suciedad [o de contaminación] implica un sistema”, esto es, un sistema de creencias, valores y normas.

Dicho en otras palabras, cuando consideramos que hay algo sucio o contaminante, afirmamos un orden. Un orden social, simbólico y clasificatorio.

Douglas nos recuerda que Lord Chesterfield definió la suciedad como “materia en desorden”, lo cual implica, según la antropóloga británica, dos condiciones: “un conjunto de relaciones ordenadas y una alteración de ese orden. Así, pues, la idea de suciedad implica una estructura de ideas”.

No importa si el orden era considerado caótico previamente. Desde muchos puntos de vista, el mundo entero era caótico antes de la emergencia del actual coronavirus, pero, también desde diversas miradas, este virus ha alterado el orden, tanto a nivel global —trastocando relaciones comerciales, actividades turísticas, reuniones diplomáticas— como a nivel local y cotidiano, en donde muchas cosas y personas pueden ser percibidas como posibles fuentes de contaminación.

Desde luego, depende cómo definamos el orden. Si pensamos en los partidos políticos como organizaciones que comparten intereses, principios, valores y proyectos y que representan a partes de la ciudadanía que comparten dichos intereses, principios, valores y proyectos, podemos considerar que la incorporación de la exgobernadora priista Ivonne Ortega al partido Movimiento Ciudadano representa un acto de contaminación del partido.

La contaminación y la suciedad exigen rituales de purificación y limpieza. Desde esta perspectiva pueden entenderse los llamados de algunos analistas a que integrantes de Movimiento Ciudadano tomen una posición con respecto al ingreso de Ortega a dicho partido.

No obstante, si consideramos que muchos partidos políticos en la actualidad no son más que organizaciones cazadoras de cargos —como les llamaba Max Weber hace más de cien años— y que difícilmente se distingue a un partido de otro en términos de plataforma ideológica, entonces, la entrada de Ortega a Movimiento Ciudadano no representa la alteración de orden alguno; por el contrario, reafirma la actividad política convencional.

Otro de los aportes de Douglas es el análisis de la relación entre los órdenes clasificatorios simbólicos y el cuerpo. Acaso el cuerpo sea la primera fuente de clasificación que tenemos, por eso clasificamos las cosas en un arriba y abajo, por delante y por detrás, hablamos de la “cabeza” de la familia, etcétera. Del mismo modo, según Douglas, “las reglas de contaminación (…) suelen aplicarse a productos o funciones de la fisiología humana; regulan, pues, el contacto con sangre, excreta, vómitos, recortes de uñas y de cabellos, alimentos cocidos, etc. Pero el antropólogo observa que la importancia de las creencias en la contaminación fisiológica varía de unos lugares a otros”. Así, algunos fluidos, como las lágrimas o ciertas sangres, pueden ser consideradas purificadoras, mientras que otros, como la sangre menstrual o la orina, suelen ser consideradas “sucias” o “contaminantes” en algunas sociedades.

Metáforas

Por una parte, los productos de la fisiología humana nos sirven como metáforas para hablar de grupos de personas o cosas que son consideradas contaminantes (por ejemplo, quienes conciben a los pobres y marginados como excretas de la sociedad). Pero, por otra, la transgresión de funciones fisiológicas consideradas “normales” son consideradas como terriblemente contaminantes o “peligrosas”.

Por eso el matrimonio entre personas del mismo sexo suele ser concebido como impuro y peligroso, porque atenta contra un supuesto orden clasificatorio fundamental: la división entre naturaleza y cultura. Así, se argumenta comúnmente que lo “natural” es el matrimonio entre hombre y mujer, y que el matrimonio entre personas del mismo sexo es “contra natura”.

¿Pero qué entendemos por “naturaleza”? En el interesante proyecto “Un vocabulario para el futuro” del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, publicado hace unas semanas, el antropólogo y filósofo francés Bruno Latour examina dicho concepto.

Cuando hablas de “naturaleza”, afirma Latour, piensas en un concepto opuesto: cultura, sociedad, humanos. Naturaleza y cultura son conceptos gemelos, o, más bien, siameses. Una ciudad no es considerada “natural”, aunque todos los elementos que la constituyen hayan sido tomados de la “naturaleza”. La intervención humana hace que esos elementos pierdan el estatuto de “naturales”. En cambio, un campo verde suele ser considerado natural, a pesar de que haya sido arado y cultivado —cultivado, justo el origen de la palabra “cultura”—.

Así, razona Latour, la naturaleza suele ser entendida como “materialidad menos intervención humana”. El problema, afirma, es que los humanos venimos de la naturaleza. Por lo tanto, naturaleza-cultura/humanidad es, ante todo, una “oposición moral”, una oposición que, por ejemplo, hace que algunos consideren “inmoral” —“antinatural”— el matrimonio entre personas del mismo sexo. Por ello, también, Latour prefiere hablar de modos de vida, las formas en que se conectan y sus impactos en el mundo, en lugar de utilizar la división cultura-naturaleza.

Cada vez es más difícil condenar la homosexualidad con argumentos religiosos toda vez que el actual Papa ha afirmado que “los homosexuales tienen derecho a ser parte de la familia (…) son hijos de Dios y tienen derecho a una familia. Nadie debe ser expulsado o que lo hagan miserable por ello”. Como el argumento religioso ya no es válido, algunos grupos recurren al argumento de la “naturaleza”, que tampoco se puede sostener.

“Terremotos, tifones, eclipses y alumbramientos de monstruos son fenómenos que desafían el orden del universo”, ha escrito Douglas. Ella se refería principalmente a sociedades “tradicionales”, pero también reconoció que “es un error creer que ‘nosotros’, los modernos, y ‘ellos’, los antiguos, somos radicalmente distintos”. Así que, independientemente de que consideremos las atroces lluvias que cayeron en Yucatán en los últimos meses como un desafío al orden del universo, ciertamente desafiaron el orden de nuestra sociedad. Comunidades y fraccionamientos enteros quedaron inundados, se perdieron hectáreas de cultivos, y cientos de personas están padeciendo diversas formas de suciedad o contaminación en sus hogares, como moho en las paredes y en la ropa.

Las autoridades y desarrolladores inmobiliarios modernos han culpado a la “naturaleza”. A las lluvias inéditas, atípicas. No a las construcciones, no a las normatividades vigentes, no a las malas planificaciones (o la ausencia de ellas). Mientras tanto, muchas vecinas y vecinos identifican como fuente de peligro al gobierno y a las empresas desarrolladoras.

Un nuevo virus. El paso de una ex gobernadora de un partido político a otro. El matrimonio entre personas del mismo sexo. Lluvias torrenciales. Todos estos elementos pueden ser considerados contaminantes porque alteran un orden, un sistema. “La idea de suciedad implica un sistema”, escribió Mary Douglas. ¿Queremos que ese orden o sistema regrese a un estado anterior o nos encontramos con la oportunidad de, una vez alterado, ensuciado, contaminado, lo revisemos y cambiemos?— Mérida, YucatánFuentes: todas las citas de Mary Douglas provienen de su magnífico artículo titulado, simplemente, “Contaminación”. Igual de imprescindibles y fascinantes son sus libros “Pureza y peligro: un análisis de los conceptos de contaminación y tabú”, “Símbolos naturales: exploraciones en cosmología”, entre otros.

rodrigo.llanes.s@gmail.com

Investigador del Cephcis-UNAM

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