miércoles , diciembre 2 2020
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Rafael Loret de Mola Provocar o reprimir

Nos han quitado a los mexicanos todo rasgo de ingenuidad, aunque siga obteniendo triunfos cuestionables el partido oficial o los entenados de los gobernadores salientes que lograron así cubrirse las espaldas.

Pese a ello, nadie quiere creer ni en el vecino apacible ni, mucho menos, en los dirigentes políticos quienes, al parecer, no se han cansado de manipular a sus anchas lo mismo escrutinios que un abanico de descalificaciones sobre hechos que debieran ser irrefutables y caen, como fardos, sobre las arenas movedizas donde se mueve la opinión pública.

Hace unos días, por ejemplo, buena parte del colectivo se indignó, y con razón, al observar las imágenes tomadas en Comitán, Chiapas, que presentaban a seis maestras conocidas siendo trasquiladas, como ovejas, a la manera de las imposturas cometidas por los vencedores de las guerras contra las mujeres colaboracionistas, esto es aquellas dispuestas a satisfacer los instintos sexuales del enemigo, sobre todo en Francia e Italia tras el derrumbe aparente del nazismo y el fascismo, unidos irremisiblemente por la barbarie y la crueldad contra naciones enteras en estado de indefensión ante las grandes potencias de la época.

Fueron videos molestos, inquietantes, porque mostraban a una comunidad entregada al frenesí de las revanchas contra mujeres sin capacidad alguna para reaccionar y cuyo único delito consistió en dar clases en contra de las consignas de sus dirigentes y de la mayor parte del gremio en disidencia, es decir la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) que lo mismo ha puesto en jaque al gobierno que recibido una catarata de infundios para desacreditarla, a tal punto que ha resultado casi imposible resolver los enigmas acerca de si la posibilidad de un diálogo fue sesgadamente desviada por una parte, el gobierno, o la otra, los líderes del movimiento magisterial.

Para infortunio de la clase política la interrogante se resolvió, a medias como todo en este país, cuando el secretario de Educación Pública, el afeminado Aurelio Nuño Mayer –no es un comentario homofóbico sino una descripción-, advirtió que sólo habría diálogo cuando los radicales aceptaran cumplir con la infortunada Reforma Educativa impuesta a los mentores sin consenso de estos, es decir de los actores reales de la trama, y como si viviéramos bajo el peso del Primer Reich a la mexicana con la Comisión Nacional de Seguridad Pública, refugiada en la Secretaría de Gobernación –esto es con rango menor al que tenía como dependencia autónoma-, en calidad de Gestapo propia para realizar espionajes, perseguir y amenazar a los líderes sociales y tratar de amedrentar a los críticos muchos de los cuales, sin remedio, han cedido a las presiones a cambio de puestos elevados en los medios controlados o de patrocinios con sabor a compraventa de conciencias.

Por supuesto, los dirigentes de la Coordinadora, entre quienes destaca Rubén Núñez, luego de paralizar Chiapas, Oaxaca, Guerrero y parte de Michoacán, difundieron la versión de que son “infiltrados”, de los gobiernos priístas o sus aliados, quienes han cometido las faltas, como peluqueada a las veteranas maestras de Comitán, más indignantes y difundidas, como lo son también quienes suelen desviar las manifestaciones y plantones con actos de violencia destinadas a convertir las demandas generales en presas de los vándalos pagados por instancias oficiales; digamos la tradición “halconera” que viene del Jueves de Corpus de 1971.

En este punto, la sociedad incrédula ha perdido el rumbo, sobre todo porque, como es natural, desconfía de un gobierno fáctico y sin moral.

Por cierto, mañana mismo, habrán de cumplirse cuarenta y cinco años de la brutal acometida contra los estudiantes que organizó Echeverría trasladando la responsabilidad al neoleonés Alfonso Martínez Domínguez, quien se inventó la Macroplaza de Monterrey con sus propios pecados a cuestas.

Ese día, ignominioso, gran parte de la juventud de entonces que ya comienza a entrar, de lleno, a la tercera edad, fue brutalmente silenciada, perseguida y estigmatizada con los mismos métodos usados hoy: el desprestigio general para los supuestos rijosos mientras se guardaba en los archivos oscuros las actuaciones sanguinarias de “los halcones”, esto es paramilitares disfrazados de civiles, iniciando con ello la larga secuela de infiltraciones.

¿Quién tiene la razón? En cuanto a la lucha social no podemos sino ser solidarios con quienes enfrentan a un gobierno corrupto y corruptor que impone reformas sin haberlas consultado jamás con quienes deberán cumplirlas ni ofrecer salidas decorosas a los inconformes. No se trata, repito una vez más, de evaluaciones o censos como se ha hecho creer a los más, sino de acciones destinadas a evitar la constante intervención oficial en las líneas educativas y la ausencia de la misma cuando se trata de atender lo básico: el abandono real del setenta por ciento de las aulas a lo largo del país y los sacrificios extremos de los alumnos para llegar y salir de las escuelas, en la mayor parte de los casos sin transporte y sin auxilio de ninguna naturaleza.

Pero, claro, de esto se guardan de hablar los defensores a sueldo del peñismo, los hackers embravecidos y los mercenarios de la comunicación. No es poca cosa.

Varios fueron los efectos de las cargas contra los maestros disidentes. En primer lugar, la procuraduría chiapaneca, con gran celeridad, capturó a Santiago Calvo López, cabeza de los comerciantes adheridos a la Organización Popular Independiente Emiliano Zapata (OPIEZ), confirmando con ello que, en efecto, existieron infiltrados en los bochornosos actos de Comitán puesto que el indiciado no era mentor ni fue llamado por la dirigencia gremial ni había siquiera expresado su apoyo a la misma.

Pero también surgió una voz inquietante venida de la sierra, más allá de Ocosingo, que gritó fuerte: “Se van los federales de Chiapas o comenzaremos la guerra”. Luego de veintidós años de guerrilla pacifista, sin un tiro de por medio excepto los de salva de los días festivos, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional mandó un comunicado belicoso que incluía la advertencia, nada superficial ni menor, de un golpe de Estado.

Y esta situación, minimizada en la mayor parte de los diarios y noticiarios, obligó a pensar en las refriegas de 1994 cuando, durante once días, los neozapatistas pusieron cerco al ejército aunque, al final, las cosas se revirtieron y los militares sitiaron a los rebeldes, precisamente cuando el entonces presidente, Carlos Salinas, optó por declarar el cese unilateral del fuego.

Sólo entonces, el gobierno medio reaccionó con Nuño como vocero quien, de plano, sugirió que él sería quien protegería a los maestros –con la segregación de los disidentes de la Coordinadora y poniendo el acento en las afrentas de Comitán-, de las agresiones de quienes no lo son salvo para provocar y, además, insistiendo en la teoría de que fueron los miembros de la CNTE quienes humillaron a las maestras que no querían parar. No sabía que la Procuraduría de Chiapas ya había identificado a los “infiltrados” sin tantos aspavientos.

La advertencia del EZLN no parece ser vana sino un llamado, a tiempo, para hacer entender a las autoridades federales que el camino de la represión genera respuestas violentas y pone en predicamento la solvencia moral, si le queda alguna, del peñismo. De caminar entre la línea de fuego, y esto es lo que hoy nos preocupa, ésta se extenderá hacia gran parte de la República en donde miles de mexicanos aguardan una señal.

La peor parte, sin embargo, es la tendencia de quienes se sienten afrentados a proponer la separación de Chiapas del territorio nacional sin darse cuenta de que el gobierno de Peña Nieto no es, ni mucho menos, México. La tremenda pretensión en busca de la escisión de la amada tierra chiapaneca es, en sí, el mayor desafío. Jamás, desde que tengo memoria, salvo algunos tropiezos mentales del difunto cacique yucateco Víctor Cervera, se había llegado a este nivel en contra de la unidad nacional. Cuidado. Chiapas no es Cataluña, por favor.

Fuente: en la grilla.com

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