lunes , marzo 25 2019
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¿A quién estorba la perspectiva de género?

Transmutaciones

Lucía Melgar

Publicado en El Economista

Ignorada, malinterpretada o confundida con la “ideología de género”, la perspectiva de género (PEG) parece considerarse un estorbo para las políticas públicas y la preservación de las buenas costumbres o la moral en México y otros países. El ejemplo más claro en América Latina es Brasil, donde el presidente ha iniciado una lucha contra “la ideología de género” para establecer un orden social autoritario y excluyente. Esta deformación de la lucha por la igualdad de género corresponde a una postura conservadora extrema pero tiene variantes que también amenazan los avances logrados en cuanto a derechos y autonomía de las mujeres.

Como plantea Michel Forst, relator especial de la ONU, acerca de la situación de defensores y defensoras de los derechos humanos en el mundo, en un informe que presentará a fin de mes (eldiario.es, 14.II.19), la etiqueta “ideología de género” usada contra feministas y defensoras (es) ha favorecido la descalificación de éstas y el aumento de agresiones —amenazas, torturas, asesinatos— contra activistas y mujeres que participan en política y contra la comunidad LGBTTIQ.

En México el discurso oficial está lejos de enarbolar la lucha contra la “ideología de género” como bandera contra el avance de las mujeres pero, en diversos ámbitos, hay signos preocupantes de que la igualdad de género no es prioritaria o no se entiende como parte integrante de la justicia social.

Así por ejemplo, la atribución del aumento de los divorcios al neoliberalismo sugiere una idealización del matrimonio “para siempre”, que pasa por alto la violencia familiar y de pareja y la libertad de las personas para decidir la mejor manera de convivir. A este mensaje se añaden el recorte de presupuesto a las estancias infantiles para apoyar a madres trabajadoras y la sugerencia de que los abuelos, en particular las abuelas, se hagan cargo del cuidado de las y los menores que las madres no puedan cuidar.

La substitución del presupuesto para estas estancias por un subsidio directo a las familias no resuelve el problema del cuidado ni toma en cuenta las necesidades de la primera infancia, que no sólo requiere de vigilancia sino de estimulación y de convivencia con otros infantes. A la vez que abandona su obligación de garantizar el cuidado y desarrollo de esta población, con esta medida el gobierno sugiere que el cuidado corresponde sólo al ámbito privado y que en éste las mujeres —madres, abuelas, niñas mayores, como ha sucedido— tienen la obligación o la responsabilidad de cubrir estas necesidades sin más apoyo estatal que dinero. Así refuerza los estereotipos y mina la autonomía de las mujeres.

La negación o ignorancia del significado de la PEG se manifiesta también en omisiones que, de mantenerse, confirmarían el desdén gubernamental(en algunos círculos al menos) hacia las demandas de las mujeres.

Al momento de escribir esta columna, circula en redes un nuevo proyecto de dictamen acerca de la creación de la Guardia Nacional que discutirá el Senado. En éste, se reinsertan y reafirman el carácter militar de este cuerpo y la permanencia indefinida de las fuerzas armadas a cargo de la seguridad pública, signos ominosos pero no sorprendentes. Lo inesperado, y también preocupante, es que se elimina la perspectiva de género de los fundamentos de la “doctrina policial” que deberá regir a la GN.

Quizá se trate un “error” más en la redacción de iniciativas y se corrija, pero borrar la PEG de una reforma de por sí controvertida es mala señal. O los redactores ignoran lo que implica o creen que está inserta en los “derechos humanos”, que sí incluye el texto. O quizá ante la ineficacia de la capacitación en PEG a las fuerzas armadas desde el 2007 para evitar violaciones a los derechos de las mujeres, la consideren inútil. En cualquier caso, no es una omisión menor. Aunque no se haya aplicado de manera adecuada, la PEG no es desechable. Integrarla en la política pública implica reconocer que la igualdad de género y el respeto a los derechos de las mujeres son una necesidad y una obligación, no un estorbo.

@luciamelp

 LucíaMelgar

LucíaMelgar

Crítica cultural

Transmutaciones

Es profesora de literatura y género y crítica cultural. Doctora en literatura hispanoamericana por la Universidad de Chicago (1996), con maestría en historia por la misma Universidad (1988) y licenciatura en ciencias sociales (ITAM, 1986).

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