viernes , octubre 23 2020
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Presidentes paranoicos

Fuente: Diario de Yucatán

Grandes miedos

Denise Dresser (*)

Para ser un Presidente todavía tan popular, López Obrador parece atorado en la política paranoica. Por todos lados ve enemigos, complots, opositores enardecidos que buscan tumbarlo. Incapaz de entender el estira y afloja de la vida democrática, percibe la crítica como golpismo y la auscultación como traición. Incapaz de debatir, se dedica a descalificar como lo hace cada día desde la mañanera. Ahora el dedo flamígero fue apuntado hacia organizaciones de la sociedad civil, acusadas de recibir financiamiento del extranjero, denunciadas por oponerse al Tren Maya. Jesús Ramírez Cuevas incluso celebró la marrullería mentirosa que armó como un “acto de transparencia”, en pos de una sociedad “bien informada”. Nada más alejado de la realidad: México no se está volviendo un país mejor informado, sino más manipulado.

Manipulado por un Presidente que miente y un gobierno que se lo permite. Mangoneado por un mandatario que repite información falaz, sin el menor rubor, sin un asomo de resquemor, igual que sus predecesores. La corrupción se acabó, Pemex se rescató, la violencia terminó, la democracia se consolidó. Y las organizaciones de la sociedad civil son caballos de Troya enviados para acabar con la “4T”, no para ayudarle a gobernar mejor. Cuando actúa así, AMLO no solo vilifica injustamente a quienes ayudaron a allanarle el camino a la Presidencia; se suma a la lista de líderes iliberales en otras latitudes que atacan a la sociedad civil por el miedo que le tienen. Autócratas autoritarios al estilo de Orban y Erdogan y Putin y Duterte y Trump, embistiendo rutinariamente a los actores y a las organizaciones mantenidas por “intereses extranjeros, oligarcas, activistas a sueldo, opositores del gobierno”. En pocas palabras, traidores a la Patria. Penoso ver a AMLO en esa compañía, en esa camada.

Lamentable ver cómo él y su séquito se prestan a redefinir lo que significa ser ciudadano, y lo que implica vivir en una democracia. Al atacar a la sociedad civil y a los medios en esos términos, están atacando la pluralidad. Están sugiriendo que la actitud cuestionadora no es normal ni benéfica. Están apostando al corifeo canónico en vez del concierto a capella. Porque sin medios libres y sin organizaciones de la sociedad civil robustas, AMLO puede gobernar a su libre albedrío, con sus propios datos, sus propios proyectos faraónicos, su propia versión de la realidad. Porque una cosa es señalar a organizaciones oportunistas y opacas que operaron en sexenios pasados, y otra es atacar a quienes hicieron su Presidencia posible al exhibir la corrupción, al auscultar los abusos, al documentar el país de privilegios, al denunciar la “Estafa Maestra” y la depredación de los Duarte.

Presentarlos falsamente como operadores de intereses oscuros no busca producir una sociedad mejor informada. Su objetivo es deslegitimar la participación de voces no-gubernamentales en el debate público. Su propósito es minar la idea de que una sociedad funciona mejor con muchas opiniones, muchas instituciones, muchas opciones. Su meta es callar, amedrentar, lograr que solo el Presidente y los suyos dominen el espacio que debería ser de todos. Los demás —como México Evalúa, Animal Político, Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, la Fundación Kellog, el Centro Mexicano de Derecho Ambiental— no tienen un papel legítimo. En la letanía lopezobradorista no pueden analizar o evaluar o señalar errores o presentar datos distintos a los del gobierno. En la “nueva normalidad” anti-democrática les toca ser opositores desdeñables y estigmatizados, aún cuando lo que airearon anteriormente fuera aprovechado por AMLO para vencer al Prian. En el camino de regreso a un sistema de partido hegemónico, antiguos aliados ahora son extraños enemigos.

Todas las organizaciones acusadas han desmentido puntualmente las falsedades que el gobierno les lanzó. Han presentado documentos que evidencian el burdo intento de manufactura mañanera, sin pruebas fehacientes, sin fechas congruentes, sin investigaciones concluyentes. Han subrayado cuál es su papel: defender la verdad, defender los derechos, empoderar a los vulnerables, cuidar el medio ambiente, combatir la corrupción de antes y de ahora. No están en contra de AMLO; están a favor de un mejor país. Distorsionar su papel es algo que solo hacen los hombres pequeños con grandes miedos. Y los presidentes paranoicos.— Ciudad de México.

denise.dresser@mexicofirme.com

Periodista

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