Miércoles , julio 18 2018
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¿Por quién debemos votar?

Prueba páramo

Denise Dresser (*)

Este terreno llano, yermo, desabrigado. Este páramo electoral que habitan los escépticos, los dudosos, los que aún no tienen candidato y no saben por quién votar. Un lugar inhóspito, poblado por candidatos plurinominales como Napoleón Gómez Urrutia y Josefina Vázquez Mota o morenistas de reciente adquisición como Gabriela Cuevas o Chema Martínez o el PES. Un sitio agreste, donde es difícil saber a dónde voltear, en quién creer, a quién perdonarle los errores o a quién resaltárselos. Henos ahí, al 30% del electorado indeciso, atrapado entre perredistas que se avientan sillas y lopezobradoristas liberales que aplauden constituciones morales y frentistas que critican la corrupción pero olvidan cuánto se beneficiaron de ella. Atrapados en tierra de nadie, recibiendo tomatazos de todos, porque no compartimos las certezas de algún bando políticamente correcto.

La certidumbre de los seguidores de AMLO, que ante el imperativo de una sacudida al sistema actual justifican contradicciones constantes, propuestas timoratas y el tufo del pragmatismo priista que despide su esfuerzo por convertir a Morena en un “catch all party”. La certidumbre de los frentistas, que con tal de frenar a Andrés Manuel López Obrador no denuncian la corrupción de sus miembros o los protegen vía un puesto plurinominal. La certeza de los priistas, que con tal de mantener el statu quo cierran los ojos ante desvíos, triangulaciones y persecuciones políticas de una PGR expedita para investigar a enemigos, pero inmóvil cuando se trata de limpiar la propia casa.

Todos acusándose entre sí, argumentando que el de al lado es peor, midiendo con raseros distintos. La descalificación crece entre los “chairos” y los “pejezombies” y los “fifís” y los miembros de la “mafia en el poder” y los “chayoteros” y los “vendidos” y “los traidores”. Si no perteneces incondicionalmente a un bando o señalas la incongruencia o resaltas la contradicción vas al paredón. Viene por ti la policía política y el escuadrón moral, cuando aún faltan cuatro meses para la elección. Cuando la campaña debería ser el tiempo para auscultar, sopesar, debatir. Lo único que produce el clima actual, de enemigos enfrentados en una batalla frontal, es la polarización. Y la polarización extrema mata a la democracia. Está eviscerando lo que queda de ella —o saboteando la posibilidad de reformarla— al validar la demagogia de unos y de otros, las salidas falsas de unos y de otros, el deterioro institucional que algunos permiten y comportamientos antiinstitucionales que muchos legitiman.

Ante este escenario la pregunta que escucho con más frecuencia es “¿por quién votar?”, y aquí va un intento de respuesta. Ni un voto al PRI, por lo que ha sido y sigue siendo: una forma de vida, un sistema para la distribución del botín, una mafia que engendró el capitalismo de cuates, del cual vive y con el cual se mantiene en el poder. Adiós al PRI y adiós al priismo autoritario en todas sus encarnaciones, anidadas en el resto de los partidos. De poco serviría un “cambio” si ese cambio equivale a una regresión o a una simulación. De nada serviría “rescatar” a la democracia de las manos del PRI, si se pretende continuar con el corporativismo y la impunidad que institucionalizó.

Preocuparnos

Y para los otros candidatos habría que aplicar la prueba limítrofe que Levitsky y Ziblatt presentan en su libro How Democracies Die. Debemos preocuparnos cuando un candidato “1) rechaza, en palabras o acciones, las reglas del juego: 2) niega la legitimidad del oponente: 3) tolera o fomenta la violencia; 4) indica la voluntad de cercenar las libertades civiles de sus oponentes, incluyendo los medios”. Debemos colocar cercos y vallas y obstáculos alrededor de cualquiera que se oponga a la transparencia, a la rendición de cuentas, a los pesos y contrapesos. Debemos apoyar a quien se comprometa con esos cimientos básicos y con una amplia coalición prodemocrática que encare los motivos reales de la polarización: la desigualdad creciente, el resentimiento legítimo de los que hemos ido dejando atrás. Esa es la única manera que vislumbro para salir del páramo y crear mejores candidatos, mejores ofertas, mejores ciudadanos que exigen más y se conforman con menos. Lo escribía Juan Rulfo: “Hacía tantos años que no alzaba la cara, que me olvidé del cielo”. Si no volteamos hacia arriba, quienes aspiran a gobernarnos tampoco lo harán.— Ciudad de México.

denise.dresser@mexicofirme.com

Periodista

Fuente: Diario de Yucatán

 

 

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