lunes , septiembre 23 2019
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Plagio y patrimonio

Mirada antropológica

Rodrigo Llanes Salazar (*)

Publicado en Diario de Yucatán

“Estás promoviendo el colonialismo, robando diseños indígenas y mezclándolos con una versión romantizada del programa colonial español. El plagio no es arte, el robo no es un homenaje”, “Esto no es tuyo es de los pueblos indígenas de México. ¡Deja de robar!”, “Plagio”, “Hermoso. Nadie es dueño de la belleza de esas piezas. Supérenlo”.

Los comentarios anteriores, algunos de ellos acompañados con los hashtags “México sin plagio”, “Diseñen no copien”, “Cultural appropriation” (apropiación cultural) son algunos de los que provocó una polémica foto subida por Wes Gordon a su cuenta de Instagram. Gordon es el director creativo de la casa de moda Carolina Herrera y la foto muestra a una modelo que viste una prenda que recuerda a un sarape Saltillo, una de las piezas de la reciente Colección Resort 2020.

Desde luego, las redes sociales son incendiarias y cualquier publicación puede provocar indignación y desatar polémica, muchas veces alimentada por troles. Pero lo que ha llamado la atención con respecto a la Colección Resort 2020 de Carolina Herrera es la respuesta del Gobierno de México, cuya secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, envió una carta a Gordon la semana pasada, en la que leemos que:

“En la colección RESORT 2020 aparecen manifestaciones que pertenecen a comunidades específicas de nuestro país. Tal es el caso de los modelos 8 y 23, cuyo bordado proviene de la comunidad de Tenango de Doria, Hidalgo; en estos bordados se encuentra la historia misma de la comunidad y cada elemento tiene un significado personal, familiar y comunitario. Los modelos 11 y 13, por su parte, incorporan bordados del istmo de Tehuantepec, que le dan identidad a las mujeres de la región. Por último, los modelos 14 y 16 incorporan el ‘sarape Saltillo’; en la historia de este sarape encontramos el recorrido del pueblo de Tlaxcala para la fundación del norte del país”.

La carta continúa exigiendo a la empresa pública una explicación sobre “con qué fundamentos decidieron hacer uso de elementos culturales cuyo origen está plenamente documentado y cómo su utilización retribuye beneficios a las comunidades portadoras” y califican a la colección como un “acto de apropiación”.

Carolina Herrera respondió en su cuenta de Twitter que su colección Resort 2020 “fue creada desde nuestra admiración y respeto por la rica cultura de México. Carolina Herrera es una casa de moda que siempre se ha sentido y continúa sintiéndose orgullosa de sus raíces latinas y nos esforzamos en celebrar el espíritu de alegría de vivir en cada una de nuestras colecciones. Confiamos en poder seguir resaltando y celebrando con respeto las diferentes culturas del mundo”.

La colección de Carolina Herrera, la carta de la secretaria de Cultura y la respuesta de la casa de moda forman parte de una discusión más amplia en torno a la cultura y el patrimonio cultural en el marco de los procesos de globalización económica y cultural, así como de la defensa de los derechos colectivos de las comunidades y pueblos indígenas.

Para Carolina Herrera, su colección es un homenaje a sus “raíces latinas” y una muestra de “respeto” a la “cultura de México” (así, en singular). Para algunos usuarios en Twitter que han celebrado la colección, Carolina Herrera está haciendo lo que no hace la Secretaría de Cultura, voltear “a ver nuestras raíces” y “llevarlas al mundo”, darlas “a conocer al mundo entero”. Un tuit afirma que “nadie se apropia de la cultura, la cultura está ahí para eso, para vivirla, para sentirla, para admirarla, para integrarla, para mezclarla, para hacerla Vida. La colección de #carolinaherrera es ‘hermosamente Mexicana’”.

No podemos negar que prácticamente toda creación cultural —incluyendo al diseño de moda— hace referencia explícita o implícitamente a creaciones culturales pasadas. Los estudiosos de la cultura coinciden en que no existen expresiones culturales “puras”, todas son, en mayor o menor medida, mezclas de producciones de distintos colectivos humanos. Asimismo, también es verdad que cuando una persona, organización o empresa influyente toma elementos distintivos de alguna cultura para alguna de sus obras, este acto puede provocar un mayor interés por dicha cultura.

Sin embargo, siempre debemos recordar que los intercambios culturales no tienen lugar en el vacío, sino que ocurren en contextos de relaciones asimétricas de poder. Y probablemente esto es lo que más indignación ha provocado, que una de las casas de moda de lujo más importantes del mundo lucre a partir de diseños de comunidades indígenas que se encuentran en condiciones de pobreza.

Acaso para discutir el tema con mayor claridad pueda ser de utilidad la “teoría del control cultural” formulada por el antropólogo mexicano Guillermo Bonfil. Dos elementos son centrales en esta teoría: los elementos culturales y la capacidad de decisión de un grupo. Considerando las combinaciones entre esos dos elementos, Bonfil propuso cuatro posibles situaciones culturales.

Cuando un grupo toma decisiones propias sobre elementos culturales propios, es decir, que el grupo produce, se trata de una “cultura autónoma”. Cuando el grupo toma decisiones propias sobre elementos culturales ajenos —esto es, que el grupo no produce—, se trata de una “cultura apropiada”. Cuando el grupo no toma decisiones sobre sus elementos culturales propios, sino que otro grupo es el que decide, se trata de una “cultura enajenada”. Finalmente, cuando el grupo no produce los elementos culturales que usa ni decide sobre ellos, se trata de una “cultura impuesta”.

A partir del esquema de Bonfil, podemos observar que si nos colocamos en la posición de Carolina Herrera, se trata de una apropiación cultural, pues es la casa de moda la que toma las decisiones sobre elementos culturales ajenos (de comunidades indígenas). Si nos ponemos en el lugar de las comunidades indígenas, nos encontramos con un proceso de enajenación cultural, pues es una empresa externa la que está decidiendo sobre elementos culturales que la comunidad produce.

La teoría de Bonfil tenía como objetivo entender mejor los procesos culturales que viven los pueblos indígenas y las culturas populares para fortalecer la cultura autónoma y apropiada. Es decir, lo fundamental para Bonfil era que los grupos tomaran sus propias decisiones, ya sea sobre elementos culturales que ellos producen o elementos ajenos.

En este sentido, me parece que lo importante en el caso de la colección Resort 2020 es quiénes son los que han tomado las decisiones. ¿Participaron las comunidades indígenas que sirvieron de inspiración? Carolina Herrera no ha proporcionado una respuesta (y es probable que no hayan participado en la toma de decisiones). Por otra parte, ¿la respuesta del Gobierno de México está tomando en cuenta las decisiones de las comunidades indígenas?

Al respecto, hay que tener en cuenta que la carta de la Secretaría de Cultura tiene lugar en el contexto de una discusión más amplia en México sobre la protección del patrimonio cultural de los pueblos indígenas. En febrero de 2019, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) emitió la “Recomendación General 35/2019 sobre la Protección del Patrimonio Cultural de los Pueblos y Comunidades Indígenas de la República Mexicana” que tiene como objetivo “advertir sobre las omisiones existentes en marcos normativos, así como en los alcances de diversas instancias del Estado, en relación con la problemática de la sustracción y la apropiación cultural indebida que enfrentan los pueblos y comunidades indígenas en sus usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas” y “coadyuvar en el diseño y generación de procedimientos y mecanismos idóneos que permitan su efectiva protección, salvaguarda, preservación integral, desarrollo y promoción”.

La Recomendación de la CNDH, formulada en términos del derecho al patrimonio cultural, cita diversos casos de afectación al patrimonio de pueblos indígenas en México, entre ellos la denuncia en 2016 por parte de artesanas indígenas de Tenango de Doria, Hidalgo, sobre el plagio y comercialización de sus dibujos sin su consentimiento; el caso de artesanas tejedoras de Aguacatenango, Chiapas, que en 2018 denunciaron a una empresa textil por el plagio de sus bordados tradicionales, entre otros.

De acuerdo con la Recomendación de la CNDH, la violación del derecho al patrimonio cultural de las comunidades tiene afectaciones a la economía de las personas artesanas mexicanas y propone un diálogo intercultural entre Estado, empresas y pueblos indígenas, que éstos sean consultados de manera previa sobre el tema y que se integra un sistema para la protección y salvaguarda del patrimonio cultural de pueblos y comunidades indígenas.

En fechas más recientes, la CNDH ha continuado denunciando el “plagio sistemático del patrimonio cultural indígena de nuestro país” y los senadores Ricardo Monreal y Susana Harp, ambos de Morena, han anunciado la presentación de una iniciativa de ley en la materia. De acuerdo con algunos comunicados oficiales, la propuesta de ley reconoce a los pueblos y comunidades indígenas como “titulares del derecho que genere el uso y aprovechamiento de sus elementos culturales e identitarios”.

El arte y la moda, como toda creación humana, se enriquecen a partir del intercambio entre diferentes expresiones culturales. Pero en estos intercambios no podemos olvidar las desigualdades de poder y, sobre todo, respetar las decisiones de las personas y grupos productores de cultura.— Mérida, Yucatán.

rodrigo.llanes.s@gmail.com

Investigador del Cephcis-UNAM

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