jueves , julio 9 2020
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Pesimismo y optimismo

Covid-19: dos escenarios

Antonio Salgado Borge (*)

Fuente: Diario de Yucatán

Para algunas personas, las respuestas institucionales al Covid-19, como el aislamiento social o el cierre de fronteras, son el preámbulo de una suerte de apocalipsis. Para otras, son la oportunidad de bromear, encerrarse en casa o, de plano, salir a divertirse.

Lo cierto es que estamos ante una emergencia que debe ser tomada con toda seriedad y que aún no es posible saber a ciencia cierta los efectos de la actual pandemia.

En este artículo, revisaré una versión pesimista y una optimista de lo que podría dejarnos el Covid-19.

Pesimismo

La forma más cruda y contundente de cuantificar el impacto negativo del Covid-19 es, claro está, apelando al número de personas que fallecerán víctimas de este virus. Las estimaciones más negativas que tienen fundamento científico son escalofriantes. Por ejemplo, de acuerdo con el doctor Neil Ferguson, uno de los epidemiólogos más respetados del mundo, tan sólo en Estados Unidos el Covid-19 podría causar 2.2 millones de muertes (“The New York Times”, 20/03/2020).

Si bien la mortalidad del virus en las personas infectadas no es uniforme por estar asociada con factores individuales, como la edad o la presencia de condiciones preexistentes, y factores sociales, como la atención médica pronta, en el peor escenario millones de personas en distintos países, principalmente las más vulnerables, morirían.

Según proyecciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), “la pobreza en Latinoamérica aumentará este año en 5.6 puntos como consecuencia de la pandemia del coronavirus y llegará a 35.4 por ciento, lo que implicará un retroceso social de 13 años para la región”. Además, “la emergencia sanitaria le costará a América Latina 3.1 puntos del Producto Interno Bruto (PIB) regional y podría llevar a que el desempleo suba en diez puntos porcentuales. La desocupación pasaría de 8.2 por ciento a alrededor de 18 por ciento, un porcentaje que no se veía desde la crisis de la deuda de los 80” (“Proceso”, 20/03/2020).

Lo poco que se ha ganado lentamente en este período se perderá de un plumazo como consecuencia del Covid-19. A su vez, es esperable que problemas sociales vinculados con este fenómeno, como el retroceso en educación, salud o la multiplicación de las personas “sin techo” y la presencia de actividades económicas informales se vean igualmente afectados. Esto es, la pandemia arruinará vidas incluso muchos años después de que los hospitales se hayan vaciado.

El Covid-19 también alteraría radicalmente la forma en que interactuamos socialmente. Tal como lo expresó Gideon Lichfield recientemente, “todos queremos que las cosas vuelvan a la normalidad rápidamente. Pero lo que la mayoría de nosotros probablemente no hemos apreciado —pero pronto lo haremos— es que las cosas no volverán a la normalidad dentro de unas semanas, o incluso dentro de algunos meses. Algunas cosas nunca lo harán” (“MIT Technology Review”, 17/03/2020).

El problema principal es que incluso si aplican las medidas adecuadas para lograr contener el actual escenario, como el aislamiento social, los brotes del Covid-19 seguirán apareciendo si no se replican regularmente estas medidas. Esto significa que el aislamiento social habría llegado para quedarse. Lo que es peor, un estudio del Imperial College de Londres anuncia que, para ser efectivo, el distanciamiento social se tendría que aplicar ¡75% del tiempo! En la práctica, esto se traducirá en cambios en la manera de relacionarnos, cierre de establecimientos comerciales tradicionales —como restaurantes o gimnasios— cambios en la forma en el formato educativo —orientado a clases en línea— y mucho más trabajo desde casa, con las consecuencias en términos de empleos y económicos que esto implica.

Optimismo

En el escenario más optimista, el virus muta y desaparece por sí solo. De acuerdo con el doctor Larry Brilliant, uno de los individuos clave en la erradicación del sarampión cuyas opiniones fueron recabadas por Nicholas Kristoff en The New York Times, esto no es del todo descabellado. Los antecedentes más inmediatos son los del SARS y el MERS, dos coronavirus letales que se han diluido. Sólo en las películas los virus mutan para convertirse en más peligrosos”, (20/03/2020). Esto significa que existe una posibilidad real de que, así como ha llegado, el Covid-19 termine desapareciendo de nuestras vidas antes de desaparecer muchas de nuestras vidas.

Desde luego, este es un fenómeno al que nuestros gobernantes harían muy mal en apostar. Esto es, las medidas de aislamiento social son indispensables hasta no saber cuál es el caso.

En el mismo sentido, pero dramáticamente más moderado, es posible que el impacto del Covid-19 se minimice y se vuelva parte normal de nuestras vidas. A esto es a lo que apuestan gobiernos como el de Gran Bretaña o el de los Países Bajos cuando defienden su estrategia de “inmunidad de manada”. La idea detrás de esta estrategia es que “cuando el número de personas que es resistente al virus —quienes han sobrevivido a éste— es suficiente, el virus se detiene naturalmente porque ya no hay suficientes personas que pueden transmitirlo. Así, la manada es inmune, aunque un buen número individuos dentro de ella no lo son” (“MIT Techology Review”, 17/02/2020).

Desde luego, la estrategia anterior implica que muchas personas morirán antes de llegar a este punto, pero el cálculo es que ese daño es a estas alturas inevitable y que la humanidad debe ver hacia adelante, pues alrededor de 60% de las personas eventualmente tendrán el Covid-19. Lo importante para efectos de la lectura “optimista” —entre comillas— es que el daño de este virus está topado; esto es, que no estamos ante un fenómeno que terminará aniquilando a nuestra especie.

Pero el Covid-19 también podría traer consigo cambios sociales positivos. Por ejemplo, ante la emergencia, algunos gobiernos han anunciado que cubrirán los salarios de las personas que no puedan trabajar. Esto podría ser el inicio de una ruta rumbo al ingreso universal básico, la idea de que a cada persona le corresponde un ingreso por el simple hecho de respirar. Durante años distintos economistas los efectos económicos y sociales que esto generaría (“Bloomberg”, 19/02/ 2019). La actual situación podría abrir la puerta al establecimiento de esta política.

Además, la actual pandemia ha subrayado la importancia de contar con sistemas de salud públicos y robustos. Esto va directamente contra la tendencia neoliberal de privatizar todo lo privatizable. En este sentido, llama la atención que políticos que han defendido el modelo neoliberal ahora se rasguen las vestiduras ante la falta de capacidad de los gobiernos de hacer frente a la contingencia.

Recordatorio

Lo importante es que el Covid-19 y la posibilidad de más pandemias tendría que servir como recordatorio de que un verdadero Estado de Bienestar es indispensable para minimizar el impacto humano y económico de estos fenómenos. Tal como lo ha señalado Owen Jones para “The Guardian”, una de las terribles lecciones de una pandemia que afecta particularmente a las personas en condiciones de vida más precarias, es que “la desigualdad mata” ( 14/03/2020).

Otro cambio importante tiene que ver con la emergencia climática. En un sentido, la emergencia de virus está directamente relacionada con la imparable destrucción humana de diversos hábitats. La transmisión de enfermedades de animales a humanos es “un costo oculto del desarrollo económico. Nuestra presencia con fines de explotación en lugares otrora perturbados tiene como consecuencia que cada día estamos siendo expuestos a más patógenos (“Scientific American”, 18/03/2020). El Covid-19 es un recordatorio de las consecuencias de nuestros actos.

Pero en otro sentido, el Covid-19 también nos recuerda la capacidad de distintas naciones de reaccionar decididamente para hacer frente a una emergencia, que va de la mano con la capacidad del público de alarmarse ante fenómenos que claramente cobrarán muchas vidas y alterarán la forma en que la existencia de las personas sobrevivientes.—Edimburgo, Reino Unido

asalgadoborge@gmail.com

@asalgadoborge

Antonio Salgado Borge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (Itesm)

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