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Paso deprimido, obra que nació de una violenta represión

Uno de los capítulos más negros de la historia de Yucatán, se dio el 4 de julio del año 2011, cuando los ciudadanos inconformes con la construcción de la “Glorieta de la paz”, ahora conocido como “paso deprimido”, fueron violentamente reprimidos por grupos de choque enviados por la administración en turno. Angélica Araujo e Ivonne Ortega, encabezaban dicha administración.

Al cumplirse este sábado 4 de julio el noveno aniversario de  esta obra aún no logra el propósito para el cual fue construido.

Este aniversario de la tremenda represión y golpiza aplicada a los oponentes, pone de manifiesto la inutilidad de esta obra, porque la infraestructura quedó totalmente  inservible al afectarse desde las lluvias de la tormenta tropical Cristóbal y  permanecer inundada la parte deprimida del puente desde hace un mes.

Hoy más que nunca los ciudadanos habitantes de ésta ciudad de Mérida, ponen en consideración si valió la pena la inversión, pero sobre todo si valió la pena el oscuro episodio del cual fueron protagonistas dos políticos que, afortunadamente, ahora están en la banca.

Nos referimos a Angélica Araujo Lara, quien era en ese entonces alcadesa de Mérida, y Gaspar Quintal Parra, quien era oficial mayor del ayuntamiento, y a quien se menciona como orquestador de los hechos violentos, que sin miramientos de ningún tipo, vándalos arremetieron contra ciudadanos indefensos, entre los que había mujeres y hasta niños, lo cuales fueron acorralados mediante una estrategia que solo pudo salir de una mente retorcida, en la que el diálogo y la concertación política no tienen cabida.

Varios de los golpeados, incluyendo el cónsul de Holanda en Mérida, tuvieron que ser hospitalizados a causa de las lesiones que sufrieron por defender su ciudad de una obra que, hasta el día de hoy, no ha cumplido su función.

El paso deprimido fue uno de los muchos tropiezos que llevaron al fracaso el proyecto político de Angélica Araujo, y hoy a nueve años del suceso aún es recordado como uno de los capítulos más negros de la historia reciente de Mérida.

El 4 de julio no se olvida… para que nunca más vuelva a suceder.

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