viernes , diciembre 4 2020
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México: el mayor cementerio

¡Nacional!

Ernesto Arévalo Galindo (*)

Fuente: Diario de Yucatán

“La muerte espera al más valiente, al más rico, al más bello. Pero los iguala al más cobarde, al más pobre, al más feo, no en el simple hecho de morir, ni siquiera en la conciencia de la muerte, sino en la ignorancia de la muerte. Sabemos que un día vendrá, pero nunca sabemos lo que es”.— Carlos Fuentes, escritor mexicano

Como consecuencia a la pandemia por Covid-19, potencializada con la peste del gobierno de la República, encabezado por Andrés Manuel López Obrador a través de su Cuarta Transformación, México celebra el Día de Muertos en cada hogar, al abrigo de los pensamientos y los recuerdos. Los cementerios no fueron abiertos para no expandir el virus nacido en China. Pero no era necesario abrir los camposantos, porque México ya es una gran necrópolis, en donde está enterrada su historia. México fue transformado de una nación a un “cementerio nacional”, cuya “extensión territorial” lo hace ser el mayor del mundo.

No son los males políticos con su Presidente fanático, no son los males políticos con su atroz violencia, no son los males políticos con su avanzada pobreza, no son los males políticos con su inmisericorde exterminio, no son los males políticos con su manipulada educación, no son los males políticos con su podrida corrupción, no son los males políticos con su institucionalizada impunidad los que nos están matando, sino los males sordos, los males insistentes, los males tolerables porque forman parte de nuestra rutina hasta llegar a obligarnos a cavar nuestro propio hueco, en un amplio terreno, con la complicidad del tiempo.

México muere, aunque la muerte es lo único seguro en la vida. “La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene”, en alusión al escritor argentino Jorge Luis Borges. Pero, la pena es que México muere producto de una vida anacrónica. ¡Todo un país está muriéndose! Producto de una vida política anacrónica, cuya voracidad no tiene límites. Los actores políticos de la Cuarta Transformación se creen “divinos”, empezando por el propio Andrés Manuel López Obrador; por tal razón son “diferentes”, ajenos al dolor, al sufrimiento y al exterminio de millones de mexicanos que, al votar, firmaron su condena de muerte.

En víspera del Día de Muertos, la Cámara de Diputados y el Senado de la República aprobó el retiro de 33 mil millones de pesos del Fondo de Salud para el Bienestar y del Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos; lo anterior, sin discusión ni dictamen en comisiones, como lo indica el proceso legislativo.

Toda una fortuna para el gasto discrecional de un solo hombre, Andrés Manuel López Obrador. Dinero público que estaba destinado para el Sector Salud, en plena crisis sanitaria por la inminente llegada de la segunda ola de contagios por Covid-19. Pero, tampoco olvidar a los enfermos de cáncer, entre otras enfermedades, cuya llegada de la muerte está adelantándose para millones de personas inmersas en la angustia, la desesperación y el dolor, ya que ni siquiera tienen acceso a medicinas, “porque no hay recursos”.

De igual manera, dinero público que estaba destinado para la atención de damnificados por los desastres naturales.

Las mujeres y los hombres de la Cuarta Transformación, con sus escorias minoritarias de partidos políticos afines, festejaron su decisión. Festejaron la desgracia de millones de seres humanos de todas las edades, de sexo indistinto y de condición social. Festejaron su muerte anunciada, pero con mayor grado de sufrimiento.

También se creen “divinos”. Seres “diferentes” a los demás. Y, sí, son diferentes, porque la corrupción no vive de la humanidad, la difunde como peste el mal gobernante.

La muerte espera al más valiente, al más rico, al más bello. Pero los iguala al más cobarde, al más pobre, al más feo, no en el simple hecho de morir, ni siquiera en la conciencia de la muerte, sino en la ignorancia de la muerte. Sabemos que un día vendrá, pero nunca sabemos lo que es. Lo único que sabemos es que… ¡es para todos!

¡Todo un país está muriéndose!

No son los tiempos para sentir pena por los muertos. Son tiempos para sentir pena por los vivos.

¡Los muertos en vida!

Porque México es un gran cementerio…

¡Nacional!— Cozumel, Quintana Roo.

Periodista

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