Miércoles , agosto 15 2018
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Magia y belleza dentro de la gruta de Altamira

Franck Fernández Estrada (*)

En los últimos meses en Mérida hemos tenido la gran suerte de ver la réplica de la Capilla Sixtina del Vaticano, obra mayor del arte del Renacimiento europeo.

Pero los entendidos han denominado como Capilla Sixtina de la prehistoria las pinturas encontradas en los techos de la cántabra gruta de Altamira, a dos pasos de la pequeña ciudad de Santillana del Mar.

Fue en 1879, después de varios años de visitarla, que Don Marcelino Sanz de Sautuola, abogado de profesión, descubrió las célebres pinturas que todos hemos visto en nuestros cuadernos de estudiantes. De hecho, fue su hija María, de tan sólo 8 años la que, al alejarse de su padre que buscaba en el piso restos de los hombres prehistóricos, vio bueyes en el techo. Marcelino, con ojo aguzado, de inmediato reconoció bisontes en los dibujos.

El Señor Sanz de Sautuola tuvo muchas dificultades para que se le creyera. Los expertos en prehistoria y arqueología de la época consideraron que su descubrimiento era pura superchería y los dibujos falsificaciones. En balde el Señor de Sautuola hizo publicaciones y en vano expertos vinieron a visitar la gruta de Altamira.

El veredicto de los expertos era inequívoco: son falsas. En estos años de finales del siglo XIX no sólo en el norte de España, sino en otros países de Europa, en particular en Francia, se descubrieron pinturas de la misma naturaleza. Esto llamó la atención de los especialistas.

Ya había fallecido el Señor de Sautuola cuando el francés, Émile Cartailhac, especialista en prehistoria, reconoció la autenticidad de los dibujos de la gruta de Altamira y el trabajo de Don Marcelino. En 1902 publicó en la prensa especializada un artículo llamado: “La Gruta de Altamira. Mea culpa de un escéptico”.

Los estudios han demostrado que estas pinturas tienen entre 13 y 18 mil años.

Los bisontes de las cuevas de Altamira tienen excepcional naturalismo, porque el pintor prehistórico que los realizó utilizó protuberancias propias de la cueva para darle cierta vida y volumen a estos animales.

También logró este efecto con diferencias en los colores, que van del rojo, al negro, amarillo y al pardo.

Pero no sólo hay pinturas de bisontes, sino que éstos están acompañados por caballos, ciervos y jabalíes. Bajo distintas capas de tierra los arqueólogos han encontrado trabajos que los antiguos hacían con huesos de animales y piedras como cuchillos de sílice o puntas para sus lanzas. También encontraron rudimentarias flautas y otros instrumentos que, al contacto con el aire, producen sonidos.

El hombre, desde que es hombre, ama el arte, ama la pintura y ama la música.

Durante todo el siglo XX, y en particular en los años 60 y 70, la cueva de Altamira tuvo un gran flujo de visitantes atraídos por la belleza del lugar. Y cuando digo belleza no sólo me refiero a las pinturas en sí, sino a la hermosa campiña de Cantabria y al lugar donde este atractivo turístico se encuentra. Tantos visitantes alteraban el clima del interior de la gruta, poniendo en peligro su conservación. En 1977 se tomó la decisión de cerrarla al público y 5 años más tarde se volvieron a abrir autorizándose la visita a tan sólo 8000 visitantes por año. En 2002 fueron completamente cerradas porque se detectaron microorganismos en la roca. Ante la cantidad tan grande de personas que deseaban poder continuar admirando la gruta y sus obras, en 2001 se abrió el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira a pocos metros de la entrada de la gruta. Allí se han realizado, con gran minuciosidad y respeto, reproducciones exactas de la zona de mayor interés de la gruta natural, a saber, la gran entrada —que durante milenios sirvió de refugio a nuestros antepasados— y del espacio en el que se encuentran los dibujos. Es lo que se llama “la neo gruta”. No solamente en Altamira podemos visitar grutas artificiales con réplicas de dibujos prehistóricos. También en el Museo Arqueológico Nacional de España de Madrid y en el Deutches Museum de Munich existen otras reproducciones.

La entrada a la neo gruta cuesta unos 70 pesos mexicanos. El paseo consiste en la visita de los salones de exposiciones donde se pueden apreciar las obras del hombre prehistórico en hueso y piedra, reproducciones pictóricas de la vida de los hombres de aquellas lejanas épocas y muy interesantes videos didácticos sobre el tema. Después se pasa a la neo gruta y la visita es completada por un hermoso y arbolado camino que le llevará a las cercanías de la gruta original, la que se puede ver desde una distancia de unos 100 metros.

Desde 2014 se ha lanzado una nueva forma para visitar la gruta.

Cada viernes por la mañana a los visitantes se les propone una rifa. Cada cual deja su nombre y rellena una forma mediante la cual se seleccionan las personas que tengan una excelente condición física. A las 9:30 se sacan cinco nombres del recipiente y esas cinco personas son los afortunados que, durante exactamente 37 minutos, tienen la suerte de bajar 20 metros por una maltratada escalera y visitar la gruta original en el respeto de un estricto protocolo de seguridad.

Si tiene la suerte de visitar las hermosas tierras de Cantabria, no deje de disfrutar de un sabroso cocido montañés en cualquiera de los múltiples restaurantes que encontrará en esta bendita tierra española y visitar la cercana ciudad de Santillana del Mar que, como dicen los de estas tierras, no es ni santa, ni llana ni tiene mar.

Traductor, intérprete y filólogo. altus@sureste.com

Fuente: Diario de Yucatán

 

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