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Los mal portados

JORGE CARRASCO ARAIZAGA

Fuente: Proceso

CIUDAD DE MÉXICO (apro). – Cuando se convirtió de manera formal en el candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador exaltó la libertad de expresión como uno de las fortalezas de la democracia. “Prensa, más prensa”, soltó en su arenga para criticar lo que los gobiernos panistas habían hecho con algunos de sus críticos.

“Sostengo convicciones liberales de mediados del siglo XIX. La prensa se corrige con la prensa. No va a haber censura. No se le va a quitar el programa a ningún comunicador. Nunca más lo que sucedió con Gutiérrez Vivó a y con Carmen Aristegui”, dijo cuando Morena oficializó su candidatura el 19 de febrero de 2018.

Se refería así al despido de Aristegui de MVS en medio de chantajes del gobierno de Felipe Caderón al grupo radiofónico y al cierre durante el gobierno de Vicente Fox del noticiario Monitor que conducía José Gutiérrez Vivó, con la excusa de un conflicto empresarial del conductor con Grupo Radio Centro.

Eran los tiempos de campaña en que López Obrador decía lo que cada quien quería escuchar. Como presidente ya dice lo que realmente piensa: prensa, más prensa, pero la que “se porta bien”.

Thomas Jefferson, el principal autor de la Declaración de Independencia de Estados Unidos y tercer presidente de ese país, antes de llegar a la presidencia dijo que prefería periódicos sin gobierno a un gobierno sin periódicos. La frase se convirtió en símbolo de la libertad de expresión hasta nuestros días.

Ya como presidente, Jefferson urgió a los estados de la Unión a tomar “unas cuantas precauciones” para frenar a la prensa opositora. Afecto a escribir cartas, esa consideración quedó escrita en una de ellas. Se cuidó de no hacer públicas sus críticas a lo que consideraba como abusos de la prensa.

El poder, sin duda, se incomoda con la prensa. En el extremo, atentan contra ella, directa o indirectamente. En México, las muestras están a la mano. En el siglo XIX, desde donde le gusta mirar al presidente, a la prensa le fue bastante mal tanto con los conservadores como con los liberales.

Cuando los conservadores se hacían del poder, cerraban los medios liberales y encarcelaban a sus editores, directores o redactores. Lo mismo hacían los liberales.

La investigadora Elba Chávez Lomelí, en su libro Lo público y lo privado en los impresos decimonónicos da cuenta de 352 procesos judiciales contra la prensa entre 1812 y 1900.

En promedio, cada año cuatro medios fueron cerrados o sus directivos y redactores encarcelados, desterrados, excomulgados o multados y los ejemplares confiscados o destruidos bajo la acusación de injurias, subversión o sedición, ya con leyes monárquicas, conservadoras o liberales.

El régimen del PRI también castigaba a los periodistas que se portaban mal, como a los que hacían Excélsior, encabezados por Julio Scherer García, y a quienes el presidente Luis Echeverría echó con un golpe a trasmano. Fue en 1976, el mismo año que se fundó la revista Proceso.

Al siguiente mandatario, José López Portillo tampoco le gustaba la revista y por portarse mal, es decir, criticarlo, le cortó la publicidad oficial bajo la cínica frase: “no pago para que me peguen”. Fue en 1982.

Con el PAN pasó lo mismo. El presidente Vicente Fox decidió en 2005 cortar la publicidad a la revista por un reportaje de la periodista Olga Wornat sobre las maniobras de Martha Sahagún para que el Vaticano declarara nulo su matrimonio religioso con Manuel Bribiesca y poder casarse con el entonces presidente de la República. Sahagún, incluso, emprendió un juicio civil que perdió.

Felipe Calderón y Enrique Peña prolongaron y ahondaron ese castigo. A diferencia del trato magnánimo a los medios que se portaban bien; es decir, a los que no los criticaban.

No hay ni ha existido comodidad alguna, como pretende confundir el presidente. La clase política mexicana ha estado lejos de honrar los principios internacionales de la libertad de expresión.

En tiempos en que se han incrementado los asesinatos, desaparición y amenazas contra periodistas desde el año 2000 -la gran paradoja del cambio del poder en la presidencia- las descalificaciones a la prensa y los llamados a “portarse bien” por parte del presidente López Obrador exacerban esa hostilidad.

Aun cuando cumpla su palabra de que no se repitan casos como el de Aristegui y Gutiérrez Vivó, se vale de la prensa para alimentar su batalla contra lo que llama conservadurismo. La prensa como un frente más en su pretensión de pasar a la historia.

@jorgecarrascoa

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