Viernes , agosto 17 2018
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Los castrados

Franck Fernández (*)

¿Hasta dónde es capaz de llegar un hombre para alcanzar al summum de la fama, ser adulado tanto por las grandes masas como por las élites, disfrutar de todas las riquezas, ser más amado que un rockstar o una gran estrella de fútbol, por todos admirados y añorado por todas las mujeres?

¿Estaría un hombre dispuesto a llegar a la castración? ¿Y qué decir si son los padres los que deciden, en la más temprana edad, castrar a sus hijos ante la promesa de un futuro maravilloso?

Existen distintos tipos de castraciones, desde el corte de todos los atributos masculinos hasta sólo los testículos. También existe la castración química, que se utiliza como castigo a grandes violadores y pederastas. Pero lo que nos ocupa hoy es una castración que se hacía en el pasado realizando una incisión a nivel de la ingle y con la cual se cortaba el cordón inguinal, también llamado conducto de los espermatozoides, lo que hace que se detenga la producción de testosterona, que es la hormona masculina.

Pues bien, a esta intervención recurrían muchos padres de niños cantores. La intervención se hacía cuando el niño estaba entre los 7 y 8 años y tenía grandes condiciones para el canto. El objetivo era que, con la madurez, la voz no se transformara por la falta de producción de testosterona. Pero el trastorno no sólo se daba a nivel de la voz, sino que también en otros aspectos físicos. Aquéllos a los que se les practicaba este tipo de castración no tenían pilosidad, aunque sí había pilosidad púbica, engordaban enormemente, sobre todo a nivel de las caderas y de los muslos, no tenían nuez de adán e incluso les llegaba a salir senos.

Un detalle: un castrado de esta forma sí podía mantener relaciones sexuales, aunque tenía la completa y seguridad de nunca procrear.

Las castraciones son casi tan viejas como el ser humano. De ellas se habla en la Biblia y fueron utilizadas de una u otra forma por todas las antiguas civilizaciones. Desde los africanos hasta los chinos, pasando por los egipcios, los indios y otras tantas civilizaciones… todas conocieron diferentes tipos de castración, aunque mientras más antigua fuera la experiencia más violenta era la operación en la que generalmente se emasculada al varón de todo atributo.

A finales del siglo XVIII surgió en Rusia una secta que proclamaba que la pureza del alma pasaba por la incontinencia sexual.

Son los llamados skoptzy, que practicaban no sólo la castración masculina sino también la femenina. A las mujeres incluso se les mutilaban los senos. Esta práctica desapareció totalmente con la llegada del poder soviético a comienzos del XX.

Ya durante el Imperio Bizantino se utilizaban las voces de los castrados para los cantos religiosos. Se cree que el auge de usar estas voces estuvo con la reconquista de los españoles de sus territorios ocupados por los moros, puesto que en las cortes de los califatos del sur de España era normal que castrados amenizaran las veladas. Más adelante llegó la orden del Papa Pablo IV que impedía que las mujeres cantaran en los coros de las iglesias y en las representaciones teatrales. Con el siglo XVIII llegó la ópera barroca y con ella el gran furor por los voces de los castrados. De ellos, el más famoso fue Carlo Broschi, más conocido bajo el nombre de Farinelli, y que conquistó la Europa de su tiempo. Desde el Reino de Nápoles, dónde nació, hasta la corte española, fue el más famoso de los castratis. Los contemporáneos decían que su voz era divina e incluso le atribuyen poderes mágicos.

Las mujeres desfallecían ante su voz y voluntariamente se les entregaban en cuerpo y alma.

La historia de Farinelli fue retomada en una maravillosa película de 1990 en la que se logró imitar la voz de un castrato mezclando, gracias a las maravillas de la electrónica, la voz del contratenor norteamericano Derek Lee Ragin y de la polaca Eva Mala Godlewska, soprano de coloratura. Lo que lograron los técnicos es realmente fantástico, pero en realidad nunca sabremos cómo era la voz de un castrato.

El sonido de extraordinaria belleza de los castratis estaba en combinar la dulce voz de un niño con la potencia de los pulmones de un hombre adulto. Los castratis sirvieron a los papas en coros de la Capilla Sixtina hasta que León XIII prohibió la castración en 1903. Sin embargo, ya para ese año, Alessandro Moreschi, el último de los castrados repertoriado, había sido operado y se le permitió seguir presentándose en escenarios. Existe una vieja grabación de aquéllas que se hacían sobre cilindros de cera en donde, a pesar de la mala calidad de la grabación, se puede tener una idea de las capacidades y registros de los castrati.Ahora bien, tampoco podemos decir que Alejandro tuviera las técnicas y la pureza de los castrati del siglo XVIII, en la medida en que cuando él estudió música ya no vivía ningún profesor que se dedicara a enseñar el canto a este tipo de cantante.

En la actualidad se puede obtener un sonido que se considera similar al de los castrados. Es el de los contratenores que, sin necesidad de llegar a la castración y con mucho ejercicio vocal, obtienen registros muy agudos dignos, se cree, de los grandes castrati de antaño.

Traductor, intérprete y filólogo. altus@sureste.com

Las castraciones son casi tan viejas como el ser humano. De ellas se habla en la Biblia y fueron utilizadas por todas las civilizaciones.

Fuente: Diario de Yucatán

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