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Las movilizaciones

La oposición reprueba; Morena saca 10

Sergio Aguayo (*)

A la memoria de la entrañable Brígida García

Dos mil veinte pinta para ser el año de las protestas y de las movilizaciones.

Algunas (la rifa y las firmas para apuntalar la consulta sobre el juicio a los expresidentes) son convocadas por Morena y consagradas desde la tribuna “mañanera”. Otras, como el conflicto por el agua en Chihuahua, forman parte de otra realidad.

Los ciudadanos se movilizan para demostrar su inconformidad con algún acto de autoridad, para meter propuestas a la agenda pública o para defender o ampliar privilegios. También es eficaz como sucedáneo del psicoanalista.

La rifa del avión y la recolección de firmas pidiendo juicio a los expresidentes estimularon las críticas. Veamos lo dicho por cuatro políticos. “Cortinas de humo” bramó el priista, “gran distractor” añadió el bien portado panista, “ocurrencias presidenciales” puntualizó el emeceista, “simulación” y “farsa ilegal”, sentenció el perredista.

El Presidente tiene, como siempre, otra opinión. Calificó la compra de un cachito para la rifa como hacer “historia” y hubo militantes que compararon el evento con “la expropiación petrolera”.

Tras el entusiasmo, están varios hechos: el primero, es que Morena nació de las protestas callejeras. Pedro Miguel de “La Jornada” escribió que la rifa y la consulta acabaron “con la frustración de los partidarios de la Cuarta Transformación (4T) quienes, durante alrededor de dos años, habían debido permanecer ayunos de movilizaciones”.

Las exitosas movilizaciones —añade— llevaron “aire fresco a Morena”. Tras la fogosidad está otro hecho: Morena está preparando bases para las campañas.

Hace tiempo, los partidos sabían movilizar a sus bases. Las dirigencias de PAN, PRI y PRD olvidaron ese talento cuando se lanzaron a practicar un deporte ausente de las Olimpiadas: la disputa con mordidas y rasguños de cargos y partidas presupuestales. Otro olvido fue la pérdida de sensibilidad ante las protestas que proliferan fuera de sus filas. Están pasmados.

Es notable la ausencia de partidos en las movilizaciones que han marcado los últimos meses: las múltiples acciones feministas, la ocupación del edificio de la CNDH, el plantón de FRENA en el Centro Histórico o la toma de vías ferroviarias y casetas de cobro en las autopistas. Dedico dos párrafos a las movilizaciones por el agua en Chihuahua.

El Presidente las considera protestas espurias, porque tienen “propósitos políticos electorales” y están pensadas para defender la manera en cómo se controla y maneja el agua. Confirma el defecto de origen, señalando la participación de “exgobernadores de Chihuahua y dirigentes del PAN”. Nada dice sobre los militantes de Morena, porque su objetivo es descalificar las movilizaciones con otros orígenes.

Víctor Quintana, en su columna en “La Jornada” y/o Luis Aboites con un texto en redes, señalan dos factores ajenos a la manipulación política: la prolongada sequía y la presión de Estados Unidos exigiendo el pago de millones de metros cúbicos de agua.

Sin embargo, son muy claros al mencionar otras causas. Entre ellas, la opacidad gubernamental, la pobreza del manejo político y, sobre todo, la corrupción en la utilización del agua en la cual participa la Comisión Nacional del Agua.

El repaso de estas movilizaciones deja varias lecciones. En el arte de la movilización, la oposición reprueba y Morena saca un 10. Saben cómo protestar, pero es bastante común la ineptitud e ineficiencia. Es igualmente notable su destreza para la riña interna (Porfirio ya prometió correr del partido a Marcelo).

Finalmente, llama la atención la facilidad con la cual desacreditan, Morena y su líder, cualquier movilización que les dispute los espacios públicos.

El México de los partidos está siendo incapaz de conectar con las oleadas de protestas que reflejan, muchas de ellas, una rabia anti-sistémica alimentada por el lenguaje de odio brotando por doquier (las mañaneras ya son un manantial de insultos, descalificaciones y burlas). La anomia desarticula cualquier posibilidad de entendimiento o empatía. Una causa de la incertidumbre sobre el futuro es que algunas instituciones están abriendo los portones al México profundo y bronco que, resentido, intenta arrasar con las instituciones y los políticos. (Colaboró: Alfonso David Aparicio Bolaños).— Boston, Massachusetts.

@sergioaguayo

Investigador y analista

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