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La segunda campaña

Mauricio Vila: entre la debilidad y la posibilidad

Antonio Salgado Borge (*)

Las celebraciones en el PAN yucateco son entendibles. Lo que hace tres años parecía imposible se volvió real. Tras dos gobiernos priistas consecutivos, el próximo gobernador del Estado será un panista. Pero mal haría el PAN en prolongar su festejo. Y es que, cuando se miran de cerca las características de su victoria y las condiciones que enfrentará el próximo gobierno, el triunfalismo empieza a tornarse tan engañoso como autodestructivo.

Las características

(1) Yucatán es el único Estado donde el PRI pudo aspirar a ganar la gubernatura este año. ¡Y vaya que estuvo cerca de lograrlo! Para ilustrar la magnitud de la anomalía que representa el caso yucateco, recordemos que, como consecuencia del merecido voto de castigo masivo, de las nueve gubernaturas en juego el PRI perdió todas. Además, únicamente en Yucatán logró el PRI quedar en segundo lugar; en todos los demás casos el PRI fue despachado al último lugar y sus candidatos al gobierno estatal quedaron entre 20 y 40 puntos abajo del primer lugar. En Yucatán, la distancia entre Vila y Mauricio Sahuí fue de apenas tres puntos porcentuales.

Esta impresionante asimetría demanda, desde luego, una posible explicación: ¿por qué a pesar de la impresionante ola antiPRI y de lo visto en otros estados, en Yucatán Mauricio Vila apenas derrotó al PRI por tres puntos? Una posibilidad es que la “ola antiPRI” no se hubiera sentido en el Estado. El siguiente punto podría ayudarnos a ver si este fue el caso.

(2) Mauricio Vila obtuvo un porcentaje menor de votos que los que lograron Joaquín Díaz Mena o Xavier Abreu. Recordemos que este año Vila ganó con 39% de los votos; en 2012, Díaz Mena fue derrotado con 41% y Xavier Abreu perdió, en 2007, con 42.5%. Es decir, a pesar del impulso de la ola antiPRI que barrió el país este año, la candidatura de Mauricio Vila no logró convencer o emocionar a Yucatán más que sus predecesores. Para ser claro, en Yucatán se habría votado más contra el PRI que a favor del PAN. Hace seis años Rolando Zapata ganó con casi 51% de los votos, mientras que Mauricio Sahuí habría obtenido alrededor de 15 puntos porcentuales menos que el actual gobernador en funciones: 36%.

(3) La ola antiPRI tuvo un efecto en Yucatán. ¿Por qué, entonces, a pesar de esta ola, Mauricio Vila y el PAN no lograron convencer y ganar por amplio margen a pesar de las condiciones inmejorables? Es tentador pensar que la causa es la emergencia de Morena; sin embargo, esta opción debe ser descartada cuando se considera que Morena fue un fenómeno nacional y no local, y que el PRI fue el que perdió votos en Yucatán. Otra posibilidad en el espacio lógico pasa por centrar la atención en la campaña del candidato. Pero la campaña de Vila no fue particularmente mala. Si bien el candidato se rehusó a confrontar al gobierno estatal o al PRI y desatendió las inquietudes de grupos de la sociedad civil, la campaña de Vila no tuvo errores graves y los golpes indirectos a sus rivales mandados en los días finales probablemente fueron decisivos para rebasar al candidato priista.

Me parece que la poca capacidad de convencimiento de Vila y del PAN encuentra su más plausible explicación en el desprestigio de la marca PAN en Yucatán —desprestigio del que Mauricio Vila ha sido partícipe—. Quizás el caso paradigmático de este desprestigio es que el PAN yucateco habría perdido la competencia rumbo al Senado ante el PRI. Esto es, los dos integrantes de la fórmula priista serán senadores, mientras que sólo Raúl Paz habría llegado por el PAN. Todo parece indicar que el nombre de Ana Rosa Payán no logró compensar la mala imagen que se ha labrado a pulso Raúl Paz. Yucatán es el único Estado del país donde el PRI ganó una senaduría por mayoría.

Sin embargo, por mucho que satisfaga a algunos panistas, sería injusto reducir este fenómeno a Raúl Paz. El PAN habría obtenido en Yucatán a lo sumo dos de las cinco diputaciones federales en juego —una aún podría perderla ante Morena—. Además, cuatro de las 15 diputaciones por mayoría serán para el PAN; diez serán para el PRI y una para Morena —pronto sabremos sobre los plurinominales—.

La consecuencia

Una vez revisadas las características de la victoria podemos pasar a analizar las consecuencias que de éstas se derivan. Y la principal, al menos para efectos de este análisis, es que Mauricio Vila tomará la gubernatura en una situación precaria. Y es que no sólo el nuevo gobernador probablemente no tendrá mayoría en el Congreso estatal, sino que la mayoría de los legisladores federales yucatecos representando los intereses del Estado podrían no ser panistas. Esto es, al menos durante los primeros tres años de su gobierno, Vila podría verse obligado a abrazar y empoderar al PRI con tal de fortalecerse como gobernador.

El problema para el PAN y para Vila es que pocas cosas pueden ser peores para un gobierno débil surgido de un entorno antiPRI que caminar de la mano del PRI. AMLO y Morena pueden darse este “lujo”, pues la fuerza derivada de las características de su triunfo no tiene precedentes en la historia de México. Sin embargo, por los motivos (1-3) expuestos arriba, este no puede ser el caso del PAN local. Además, los simpatizantes panistas han sido hipercríticos de los supuestos acuerdos entre Morena y los priistas; es decir, cualquier insinuación de alianza con el priismo local podría terminar por debilitar aún más al ya de por sí débil gobierno estatal entrante.

El PRI local ya ha dado muestras de su capacidad para aprovechar la debilidad que se anticipa en el nuevo gobierno. El bien conocido contexto poselectoral probablemente permitió al PRI buscar espacios para negociaciones. Esta posibilidad tiene que quedar por ahora en la categoría de mera hipótesis, pero sirve para ilustrar cómo el PRI puede buscar aprovechar cuanta oportunidad tenga enfrente para hacer saber su debilidad a sus sucesores. Y dado el control del actual gobierno sobre instituciones o poderes supuestamente autónomos, oportunidades futuras son predecibles.

La vía de salida (o de no salida)

Ante la debilidad panista, se abren dos vías de salida. (a) La primera es embarcarse en una suerte de segunda campaña desde el nuevo gobierno y buscar incrementar una reserva de legitimidad que hoy luce raquítica. En este sentido, el movimiento del nuevo gobernador tendría que ser rápido y efectivo. Para ser claro, el reto no es aumentar la popularidad del gobernador entrante con espectaculares insulsos, sino acercarse a aquellos sectores de la población a los que no logró convencer durante su campaña.

Para ubicar dónde estaría una posible reserva de apoyo, Vila y el PAN podrían considerar que el candidato de Morena a la gubernatura tuvo 20% de los votos y el candidato de Morena a la alcaldía de Mérida casi 24%. Es probable que en caso de haber construido campañas y postulado candidatos en sintonía con AMLO, Morena habría obtenido aún más votos en nuestro Estado. Esta tendencia es importante, pues abona en la defensa de un punto que ha sido discutido en esta columna al menos desde la elección de 2012: en Yucatán existe un importante y creciente grupo de personas que ni el PRI ni el PAN han sabido representar; grupos integrados mayormente por jóvenes, personas con educación formal e individuos progresistas. En esta elección, Morena habría logrado obtener parte de estos votos.

Vila y el PAN tienen la gran posibilidad de salir a buscar a los grupos a los que no emocionaron durante sus campañas; es decir, de mirar afuera del contenedor en que viajan sus votantes cautivos. Si algo nos enseñó esta elección es que el apoyo de cámaras empresariales o de las bases no es suficiente para ningún partido o candidato. Pero para conectar con quienes no votaron por él, Vila tendría que cambiar su forma de enfocar la cuestión política. Y eso implica necesariamente pensar y mirar fuera del molde en que se ha formado su PAN. Por ejemplo, Vila podría excluir de su gabinete cuates o cuotas e incluir a personas conocidas y reconocidas —al menos un 50% mujeres—. El electorado ya ha demostrado que sabe reconocer y premiar estas iniciativas, que son parte de lo que ha hecho tan exitosa la difusión del gabinete de AMLO en redes sociales. Pero, además, Vila tendría que realizar rupturas significativas y explícitas que él y su partido han venido evadiendo. Por ejemplo, enfrentar la corrupción de sus antecesores, tomar los derechos humanos como prioridad en los hechos o invertir en el desarrollo de cultura y espacios verdaderamente públicos.

Desde luego, siempre habrá un plan (b) para Mauricio Vila y el PAN: dado que, de cualquier forma, la oportunidad de ejercer el presupuesto durante seis años está garantizada, una opción es olvidarse de la legitimidad y manejar el sexenio en piloto automático de la mano del PRI. Eso sí, por los motivos expuestos arriba, el PAN tendría que asumir que con ello estaría pavimentando el camino hacia futuras derrotas, que pondría en riesgo la viabilidad de su gobierno y que cerraría la puerta a nuevas generaciones de militantes que hoy empiezan a despuntar en el Estado.— Edimburgo, Reino Unido.

asalgadoborge@gmail.com

Antonio Salgado Borge

@asalgadoborge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (ITESM)

Fuente: Diario de Yucatán

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