lunes , noviembre 11 2019
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La “mejor ciudad del mundo”

Reconocimiento y celebración

Antonio Salgado Borge (*)

Fuente: Diario de Yucatán

El nombre de la capital de Yucatán apareció esta semana en decenas de medios nacionales y locales. El titular más repetido afirmaba, sin mayor calificación, que Mérida había sido “nombrada la mejor ciudad del mundo”.

En un mundo donde los titulares son más leídos que las notas, la idea de que Mérida es “la mejor ciudad del mundo” jugó un papel doble. Por una parte, algunas personas utilizaron esta noción para reafirmar y mostrar su orgullo de haber nacido o vivir en esta ciudad. Por otra, el gobierno del estado, el ayuntamiento de Mérida y algunas personas identificadas con su partido (PAN) o sus proyectos reprodujeron la nota como evidencia del buen trabajo que realizan.

En realidad, el reconocimiento que recibió Mérida —no Yucatán en su totalidad— fue el de la “mejor ciudad pequeña para visitar en 2019”. Este galardón fue producto de la votación de las lectoras y lectores Conde Nast Traveler, una publicación notablemente enfocada a viajes de lujo. En consecuencia, quienes votaron son personas con altos ingresos; en promedio, el ingreso de los hogares de quienes leen esta revista es de alrededor de $160,000 pesos mensuales (MagsDirect.com). Es decir, que Mérida no fue reconocida como “la mejor ciudad del mundo” sino que fue reconocida (a) por un grupo de viajeras y viajeros con alto poder adquisitivo como (b) la mejor ciudad pequeña para pasar sus vacaciones.

Hacer estas precisiones no tiene como objetivo aguar fiesta alguna. Que las viajeras y los viajeros con altos recursos que leen Conde Nast Traveler prefieran a Mérida sobre ciudades como Montecarlo (Mónaco) o Florencia (Italia) al momento de elegir destinos acordes a su estilo de vida es, en términos generales, positivo para la economía local. En este sentido, un reconocimiento como el conferido a esta ciudad no es insignificante pues implica, entre otras cosas, que Mérida cuenta con los ambientes, servicios e infraestructura que este segmento de la población busca en sus viajes. O, por ponerlo, en otros términos, que contamos con una “burbuja turística” que logra su cometido. El tono de la reciente celebración de nuestras autoridades y de la sinfonía mediática que usualmente la acompaña es, por ende, engañosa.

Desde luego, alguien podría decir que mucho de lo que disfrutan las personas que leen Conde Nast Traveler no opera exclusivamente para turistas; es decir, que buena parte de la infraestructura o los servicios que convencen a visitantes de altos ingresos están disponibles para el mercado local. Sin embargo, por evidentes motivos, lo más que podría derivarse en este sentido es que la “burbuja” mencionada arriba está disponible para los estratos socioeconómicos más altos del estado; es decir, que Mérida es “la mejor ciudad del mundo” exclusivamente para las personas con mayores recursos que la viven o la visitan frecuentemente.

Indicadores

En realidad, si se quiere defender con seriedad la experiencia positiva de vivir en Mérida uno tendría que recurrir indicadores más serios y más representativos que un ranking elaborado por una revista de lujo. El mejor que conozco en este sentido es el Índice 2018 de Ciudades Prósperas de la ONU-Hábitat, que en 2018 consideró a Mérida la ciudad con mejor calidad de vida en México. Este índice “evalúa seis aspectos en cada una de las localidades: productividad, infraestructura, calidad de vida, equidad e inclusión social, sostenibilidad ambiental, gobernanza y legislación urbana” (El Financiero, 10/11/2018).

Pero aún si damos a este índice el reconocimiento que merece es necesario evitar inferencias equivocadas. Por ejemplo, de que Mérida sea ciudad con mejor calidad de vida en México no es posible derivar que esta ciudad tenga le mejor calidad de vida en el mundo. México vive condiciones extraordinarias, como violencia, inseguridad, corrupción, deterioro del tejido social o desigualdad que no se encuentran en las mismas proporciones en otros países, como Australia, Nueva Zelandia, Canadá, Dinamarca, Suecia, o Noruega, por citar tan sólo algunos casos. A ello hay que sumar que Yucatán no es ajeno a algunos de esos problemas, como demuestran la violencia contra las mujeres, la desigualdad en el ingreso, la discriminación institucional contra personas Lgbti, la opresión a comunidades mayas, la falta de drenaje o políticas de reciclaje integrales y el pésimo sistema de transporte público. Estos factores inciden directamente en los aspectos evaluados por la ONU.

De la afirmación de que Mérida es la ciudad con mejor calidad de vida en México también tendríamos que evitar inferir a partir que la calidad de vida que se disfruta en promedio en esta ciudad sea predicable al resto del estado. Para ver por qué basta con considerar que de acuerdo con el Coneval cerca de la mitad de la población de Yucatán se encuentra en condiciones de pobreza, mientras que alrededor de una quinta parte de quienes habitan Mérida son consideradas pobres. Además, buena parte de los problemas sociales más apremiantes ocurren en comunidades abandonadas o concebidas exclusivamente como “ganado político” por el gobierno actual y varios de sus antecesores.

Una vez que hemos reconocido los matices anteriores podemos saber con mayor precisión dónde estamos parados. Si este es el caso, ¿por qué el gobierno del estado ha decidido celebrar engañosamente y con bombo y platillo el lugar de Mérida en el ranking de Conde Nast Traveler? Hay al menos dos posibles respuestas a esta pregunta.

(1) Una posibilidad es que ello haya sido producto de un ensimismamiento ingenuo y elitista de nuestras autoridades: es decir, que realmente están convencidos de que Mérida es la ciudad del mundo porque ésta es una ciudad donde la gente con más recursos puede disfrutar mejor de la vida. Los demás son lo de menos.

(2) Pero también es posible que lo promocionado por el gobierno local y por medios nacionales la semana pasada haya sido orquestado con fines meramente promocionales. Y es que esto ha sido empleado ciertamente para difundir la imagen del gobernador del estado en el resto del país. Así, medios como “El Universal” (08/10/2019) acompañaron el supuesto “nombramiento” de Mérida como “mejor urbe del mundo” con la información de que Michelle Fridman acudió “en representación del gobernador de la entidad, Mauricio Vila Dosal” e incluso afirmó que el premio es consecuencia de la labor de estos dos funcionarios.

Desde luego, las dos opciones anteriores no son excluyentes. Lo cierto es que, en cualquier caso, ambas retratan, con precisión escalofriante, la visión y las prioridades mostradas por la presente administración estatal durante su primer año de gobierno.—Edimburgo, Reino Unido

asalgadoborge@gmail.com

Antonio Salgado Borge

@asalgadoborge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (ITESM)

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