jueves , junio 4 2020
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La Medusa

Por:  Franck Fernández(*)

Fuente: Diario de Yucatán

En el mar vive un animal que, a pesar de ser extremadamente bello con muy lánguidos movimientos, es particularmente nocivo para el ser humano. Estoy hablando de las medusas de mar. Si bien la mayoría de las picaduras de medusas de mar pueden causar picazón, entumecimiento, dolor y marcas rojas, existen algunas variedades cuyas picaduras pueden ser peligrosas e incluso pueden acarrear la muerte. Estas hermosas criaturas del mar, de muy diferentes tamaños, obtienen su nombre de un personaje muy conocido de la mitología griega.

Como ya he explicado en el pasado, los antiguos griegos querían explicar los fenómenos naturales que veían a su alrededor a través de la actividad de una enorme cantidad de dioses,  semidioses y seres sobrenaturales que habitaron su mitología. Más tarde los romanos adoptaron estas creencias de los antiguos griegos, aunque le cambiaron el nombre latinizándolos. El personaje del que les quiero hablar hoy es Medusa y ya el cine se ha encargado de narrarnos esta historia que nos cuenta la mitología griega adoptándola más o menos de la leyenda.

Pero ¿quién era Medusa en la mitología griega? Para comenzar, era una mujer extremadamente bella y con una muy hermosa cabellera de la que estaba muy orgullosa. Era una de las sacerdotisas de la diosa Atenea y también era hermana de tres horribles personajes que vivían en una gruta alejadas de la luz del Sol y de la Luna. Eran las Gorgonas, que habían nacido con pelo blanco y con un solo ojo para las tres. También compartían un solo diente. Cuando una de ella necesitaba ver o masticar, se iban pasando el ojo o el diente.

Tan hermosa era Medusa, que Poseidón la violó en el interior del templo de Atenea, cuando el primer atributo que debía tener una de sus sacerdotisas era la castidad. La diosa Atenea furiosa, en vez de castigar al violador, castigó a la pobre violada y, por despecho, la convirtió en una serpiente que, para mayor desgracia de la joven, mantuvo su rostro humano. En lugar de la hermosa cabellera, de la que tan orgullosa estaba Medusa, le crecieron serpientes. No hay que decir que Atenea, tan celosa estaba de tan hermosa cabellera, que se la quedó para sí misma. Otra de las desgracias a la que fue sometida Medusa fue que tuvo que ir a vivir a lo profundo de una cueva en una isla aislada porque cualquier persona que mirara sus ojos de inmediato de convertía en una estatua de piedra.

Pero cambiemos ahora a la historia de otro de los personajes de esta historia. Júpiter o Zeus para los griegos era el Dios supremo y era un dios bastante libertino y promiscuo. No crean que solo tenía ojos para las mujeres, pues también tuvo sus devaneos con un hermoso joven. Pero bueno, para poder seducir a las mujeres que le gustaban solía convertirse en algún animal u objeto que le permitiera llevar a buen término sus sucios planes. Existía una hermosa princesa hija del rey de Argos y, para seducirla y poseerla, Zeus se convirtió en lluvia de oro. Estoy hablando de Danae. De este insólita relación nació Perseo, el otro personaje importante de esta historia de Medusa y cuyos destinos estaban destinados a encontrarse.

En  el país de Perseo, el rey Polidectes quería de todas formas casarse con Danae, la madre de nuestro héroe. Para alejar a Perseo que le molestaba en sus planes, lo mandó a buscar la cabeza de Medusa. Atenea, que también quería para sí la cabeza de Medusa, guió en su peligrosa misión al joven Perseo entregándole un casco que tenía la virtud de hacerlo invisible, una espada y un escudo extremadamente pulido y que le podía servir de espejo. Perseo primero fue a ver a las Gónadas, les arrebató su ojo y su diente y las chantajeo diciéndole que si no le indicaban el camino para llegar a ver a su hermana Medusa no les devolvería ni el ojo ni el diente. Las pobres Gorgonas solo pudieron acceder y le indicaron cómo llegar a la cueva donde se escondía la pobre Medusa. En un momento en que Medusa dormía él, con el casco que lo hacía invisible, se le acercó para cortarle la cabeza y, para no quedar petrificado, se le acercó sin mirarla directamente, sino que la observaba a través del reflejo del escudo

Así fue como cortó la cabeza de Medusa. A pesar de ya no estar unida al cuerpo de la serpiente, la cabeza mantenía su poder de petrificar a quien la mirada. Perseo utilizó la cabeza de Medusa con el poder que aún conservaba para petrificar a un monstruo marino que debía devorar a la princesa Andrómeda. Andrómeda había sido encadenada a una roca al lado del mar por sus propios padres como tributo a un monstruo, Kraken. Finalmente, Perseo llega a su tierra con la cabeza de Medusa logra matar a Polidectes, el acosador de Danae, su madre. A cambio de la ayuda que le había dado Afrodita, Perseo le entregó la cabeza de Medusa y, desde ese día, la Diosa la convirtió en su escudo protector.

Afortunadamente ya en nuestros tiempos el trato que reciben las mujeres no es el de un objeto como el de la pobre Medusa que no solo fue violada sino que fue castigada a pesar de ser la víctima, convertida en monstruosa serpiente a la que le cortaron la cabeza.

(*) Traductor, intérprete y  filólogo; correo electrónico: altus@sureste.com

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