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La fórmula de AMLO

Primer año de gobierno

Antonio Salgado Borge (*)

Fuente: Diario de Yucatán

El gobierno de AMLO ha concluido su primer año. Tras doce meses, ni los pronósticos apocalípticos de sus más devotos opositores ni la tierra prometida de sus más fieles seguidores están a la vista. En su lugar, como suele ser el caso en este mundo, una realidad compleja esperando ser entendida.

Para revisar el actual estado de cosas, vale la pena rodear el obstáculo de la polarización e iniciar reconociendo dos hechos importantes:

(a) El primero es que AMLO llega al fin de su primer año con una altísima aprobación y con un respaldo popular sin precedentes en la historia moderna de nuestro país. Tanto la encuesta de Alejandro Moreno para El Financiero como la de Reforma, probablemente las dos más confiables con base en elecciones pasadas, la aprobación del presidente es de 68%.

En términos generales, ambas encuestas dejan claro que la mayoría de las personas creen que este gobierno está siendo exitoso. De acuerdo con ambas encuestas, el combate a la corrupción es percibido como su principal logro. Reforma indica que 55% piensa que está mejorando el ingreso de las familias, mientras que 33% piensa lo contrario. Aunque por estrecho margen, más personas piensan que la economía está siendo bien manejada.

(b) El segundo es que, de acuerdo con ambas encuestas, si hoy se llevara a cabo la votación para decidir si revocar o no el mandato de AMLO 66% de las mexicanas y mexicanos optarían por que el presidente se mantenga en su cargo y alrededor de 30% votarían en contra. Si hoy hubiera elecciones de diputado federal, 49% de la población votaría por Morena, 17% por el PAN y 14% por el PRI. Esto es, la oposición está actualmente en la lona.

De los dos factores anteriores podemos inferir que la fórmula del gobierno de AMLO, al menos por ahora, es ampliamente aprobada. Entre los importantes aciertos del gobierno se incluye el cambio de enfoque económico, el aún tímido pero claro esfuerzo por separar el poder económico del político, su atención prioritaria a algunos de los grupos más vulnerables, o su decisión de nombrar a personas capaces en algunos puestos clave.

Sin embargo, este artículo no se detendrá en estos aciertos, sino que estará dedicado a profundizar en algunas de las deudas del actual gobierno. Y a explicar por qué estas deudas no han modificado la aceptación de la fórmula que AMLO ha presentado.

(1) La deuda principal del gobierno de AMLO es clara para la mayoría de la población: la mejora en la seguridad pública. De acuerdo con Reforma 62% de las mexicanas y mexicanos piensa que el gobierno va fracasando en materia de seguridad, mientras que El Financiero reporta que 52% piensa que el gobierno está tratando mal este rubro y apenas 26% opina que lo trata bien. Los indicadores duros corroboran la percepción popular; la urgencia de dar resultados en este sentido está a la vista.

Enfoque

El reto es lograr que el cambio de enfoque implementado por este gobierno, centrado ahora en la disminución de la violencia, se traduzca pronto en la pacificación de zonas del país. Por el momento, nada parece indicar que este vaya a ser el caso, aunque el gobierno federal todavía puede alegar que, dado el alcance de la descomposición, este proceso requiere más tiempo.

A la pregunta de por qué este estado de cosas no ha sido más costoso para el gobierno federal se puede responder que para buena parte de la población es claro que el deterioro de la seguridad inició claramente cuando en 2006 Felipe Calderón lanzó la mal llamada “guerra contra las drogas”, y que desde entonces ha seguido un declive constante. También es claro que Enrique Peña Nieto básicamente continuó con la misma estrategia y, por ende, con los mismos resultados. No es de sorprender, entonces, que el bono de paciencia, pero este bono no durará por siempre.

(2) Otra deuda del gobierno de AMLO tiene que ver con su actitud hacia las instituciones que tendrían que ser democráticas. Parte del problema ha sido la colocación de sus cercanos en puestos clave de instituciones que tendrían que ser autónomas. Quizás el caso más conocido y desaseado haya sido el nombramiento de Rosario Piedra al frente de a CNDH, pero a estas alturas es notorio que el presidente desea tener a personas de su confianza al frente de distintas instituciones, desde órganos reguladores hasta el INE.

El PAN y el PRI han tomado estos eventos como prueba de que el gobierno actual busca terminar con la democracia en México. Que este tipo de acciones no hayan lesionado la aprobación del actual gobierno ni preocupen a la mayoría se entiende cuando consideramos el grado de satisfacción con la democracia que los gobiernos anteriores le legaron al gobierno de AMLO. De acuerdo con la influyente encuesta Latinobarómetro publicada el año pasado, apenas ¡16%! de las personas se dijera satisfecho con el estado de la democracia en México.

Algunos simpatizantes de Morena alegan, con razón, que la búsqueda de control institucional ha sido una constante desde el gobierno de Felipe Calderón. También argumentan que este control es necesario para que el actual gobierno pueda detener a los poderes fácticos, ya que éstos podrían controlar organismos que luego podrían sabotearle. El primer pretexto es, desde luego, insostenible: lo que otros hicieron en el pasado no justifica las propias acciones. El segundo pretexto es controvertido. Aunque algo hay de cierto en ello, un mecanismo de esta naturaleza es claramente insostenible e implica a la larga reemplazar el control de un grupo por el de otro.

(3) Otro gran problema para el gobierno de AMLO es Morena. Por principio de cuentas los gobernadores de este partido no parecen compartir los principios que han hecho del presidente una figura tan aceptada por las mayorías. Tampoco parece ser este el caso de buena parte de las legisladoras y legisladores morenistas. Quizás el mejor ejemplo de la descomposición al interior de este partido es su incapacidad de elegir a quienes serán sus dirigentes.

De nuevo, la oposición no ha dado muestras de plantear nada distinto. Es francamente vergonzoso ver al PAN caminando de la mano de Vicente Fox o Javier Lozano, y al PRI siendo dirigido por “Alito” Moreno. La presencia y el proyecto de Felipe Calderón son una muy mala broma que sólo puede resultar atractiva para grupos radicalizados o desmemoriados. Sin embargo, al gobierno federal le urge mostrar que su combate a la corrupción es parejo y poner orden en su propia casa. Con apenas un año en el poder, muchas de sus figuras políticas apenas están siendo conocidas y cuentan con el beneficio de la duda. Pero el tiempo pasa y el bono de credibilidad que goza actualmente podría diluirse pronto.

(4) Finalmente, otro aspecto a criticar del actual gobierno es la aparente ausencia de un proyecto progresista y de vínculos más estrechos con organizaciones de la sociedad civil. Por el contrario, su cercanía con grupos religiosos conservadores es de sobra conocida. También lo es su falta de interés en hacer de México un país comprometido en la lucha contra el cambio climático.

Sin aportación

Por el momento, la oposición y los gobiernos estatales emanados de sus partidos no aportan nada distinto en este sentido. En consecuencia, nadie presiona al gobierno de AMLO para asumir una agenda acorde a nuestros tiempos. Pero las encuestas señalan que la gran mayoría de los jóvenes se identifican con paradigmas progresistas y de acuerdo con una encuesta de Reforma 78% de las mexicanas y mexicanos cree que el cambio climático es un problema urgente. Por ende, este asunto podría ser otro problema futuro para la fórmula de AMLO.

En conclusión, a pesar de sus aciertos y errores la fórmula que el actual gobierno federal ha empleado durante el primer año es ampliamente aprobada por la mayoría. A su favor ha jugado que todavía cuenta con el beneficio de la duda y que la oposición está en condiciones lamentables. Pero si realmente desea transformar democráticamente y para bien a México, el gobierno de AMLO tendría que tomar muy en serio las deudas que todavía tiene pendientes.—-Edimburgo, Reino Unido

asalgadoborge@gmail.com

@asalgadoborge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (Itesm)

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Un comentario

  1. Hola
    sigo leyendo notas de Visión Peninsular
    Muy bueno.
    Y lo sigo invitando a checar las portadas de diarios mexicanos en http://ensamble19.com.ar/tapasmexico.php
    Saludos
    Luisa

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