Sábado , mayo 26 2018
Portada / La Opinión / La ermita de San Antonio

La ermita de San Antonio

Franck Fernández (*)

Francisco de Goya fue uno de los más importantes pintores, no solo para España y su historia, sino también porque marcó un hito importante dentro de la historia de la pintura. Goya prefigura toda una serie de movimientos pictóricos que se dieron a continuación.

De Goya pudiéramos hablar durante horas. Su obra se puede dividir básicamente en dos etapas: antes y después de su sordera. Con la sordera comenzó un período siniestro y lóbrego en su trabajo que lamentablemente coincidió con la invasión de Napoleón a su país.

Goya fue testigo de primera fila de la encarnizada lucha que libró el español contra los “franchutes”, por casi todos despreciados. La guerra del pueblo español contra el invasor fue atroz, una verdadera carnicería, y los franceses respondieron con la misma violencia y saña. Esta lucha Goya la reflejó en sus “Horrores”, bocetos en los que documenta, de la forma más cruel, los horrores de la guerra.

Pues bien, al fondo del Palacio Real o Palacio de Oriente, como también se le conoce, existe una avenida llamada Paseo de la Florida. Lleva este nombre porque Carlos III y Carlos IV tenían por aquellos lugares una finca llamada La Florida y para llegar a ella se tenía que tomar este camino que hoy es avenida. Casi colinda con el pomposamente llamado río Manzanares, que podríamos decir más bien que es un arroyo, sobre todo en momentos de sequía o cuando las represas le roban las pocas aguas que trae.

En algún momento del Paseo de la Florida encontramos a la derecha una pequeña iglesia que lleva el nombre de Ermita de San Antonio. Fue Carlos IV quien encargó construir esta pequeña ermita en estilo neoclásico, tan de moda en aquella época. Y qué de más natural que dedicársela a San Antonio, ya que en las zonas colindantes se organizaban las muy populares verbenas de San Antonio que comienzan el primero de junio.

Famoso aquel cuplé que reza: “Llévame a la verbena de San Antonio, que por ser la primera yo quiero estar”. San Antonio es uno de los santos más venerados en Madrid y sabido es que las jóvenes sin novio ni esposo naturalmente se van de paseo a la verbena y a la ermita para pedir al santo en su búsqueda de esposo, no en balde San Antonio es conocido como santo casamentero.

La iglesia fue terminada en 1798 y Carlos IV le pidió su decoración a Goya, pintor oficial de la corte que era. Goya ya era conocido como retratista de grandes miembros de la corte y otros altos personajes. Realizó muchos conocidos cuadros, entre ellos “La maja vestida” y “La maja desnuda” que se pueden apreciar en el Museo del Prado. Se dice que ambos cuadros representan a la Duquesa de Alba del momento, décimo tercera del título, y cuyo nombre era María Teresa de Silva Álvarez de Toledo.

Pero volvamos a nuestra Ermita de San Antonio. Goya, que aún disfrutaba de todas sus capacidades auditivas y estaba en el apogeo de su carrera, hizo un gran alarde de sus conocimientos pictóricos para representar en la cúpula de dicha ermita una famosa escena de la vida de San Antonio de Padua. Estando San Antonio en Padua sueña que su padre había sido injustamente acusado de asesinato y San Antonio corre a Lisboa, ciudad de la que era oriundo, para ayudar a su inocente padre. Reúne a toda una multitud ante la tumba del asesinado, obra milagro, y con el muerto salido de la fosa le preguntó San Antonio si había sido su padre el asesino. De inmediato el muerto respondió no y volvió a su tumba, disculpando de esta forma al padre del santo.

Esta escena fue magníficamente representada por Goya utilizando como testigos del milagro a personajes del Madrid de finales del XVIII: ladroncillos, campesinas, lavanderas (que venían al cercano Manzanares a hacer su trabajo) y las sempiternas majas, con sus hermosas mantillas de encaje y peineta.

Los trastornos de la guerra llevaron a Goya a emigrar a Francia, donde murió en la ciudad de Burdeos. Ante el fervor de los madrileños por el santo de la ermita, desde 1909 el Estado Español declaró el establecimiento monumento nacional, trayendo en 1919 los restos mortales de Goya desde Francia para que tuvieran eterno reposo en la popular iglesia.

Ante las multitudes que atraían los frescos y la propia tumba del maestro, el Estado Español decidió construir al lado, en 1928, una réplica de la ermita para que ésta sirviera exclusivamente al culto. Si va por Madrid y decide visitar tan hermosa iglesia, al terminar regálese con un buen pollo asado y la consabida botella de sidra asturiana que se vende desde 1880 en la vecina Casa Mingo. Buen provecho.

Traductor, intérprete y filólogoaltus@sureste.com

Fuente: Diario de Yucatán

 

 

Deja un comentario

Ver también

Réplica de la Capilla Sixtina, un excelente acierto de cercanía con el arte

ShareAutoridades eclesiásticas se congratulan por las acciones emprendidas Con la inauguración de la réplica de …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *