lunes , octubre 21 2019
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La Calderonización

De la paz a la guerra

Denise Dresser (*)

Publicado en el Diario de Yucatán

Así, de golpe, de improviso, como un mazazo en la cabeza, la Cuarta Transformación se transformó en la Cuarta Calderonización. De los abrazos pasamos a los balazos, de la pacificación a la militarización, de las Fuerzas Armadas fuera de las calles en tres meses a las Fuerzas Armadas ahí por tiempo indefinido. Votamos por la paz pero el gobierno entrante acaba de prolongar la guerra iniciada por Felipe Calderón y continuada por su sucesor. Tan criticada y ahora emulada, tan repudiada y ahora mimetizada, tan rechazada y ahora copiada. Con su Plan Nacional de Paz y Seguridad, AMLO acaba de legitimar tanto el diagnóstico como la estrategia del presidente que siempre despreció. Los morenistas ganaron la Presidencia denunciando la barbarie desatada por Calderón, pero se muestran dispuestos a exacerbarla. Ya no serán un gobierno transformador sino un gobierno facsimilar, asegurando no solo más de lo mismo, sino peor de lo mismo.

Porque lo malo del Plan de Paz es tan malo que terminará por aniquilar lo bueno que contiene. Y sí hay partes positivas, diagnósticos certeros. El reconocimiento de que la criminalidad coexiste con la corrupción y habrá que combatirla. El énfasis en la justicia transicional y cómo habrá que contar con asistencia internacional para instrumentarla. El entendimiento de los costos que ha generado el paradigma prohibicionista de las drogas y la necesitad de transitar a su regulación. La importancia de la reforma carcelaria y la reinserción social. Porciones del proyecto revelan una vocación progresista, un espíritu humanista, un idealismo aplaudible. Pero la cara pacifista de la 4T termina desfigurada por la casaca militar que le colocan encima, el cuerpo erguido se joroba por el peso del rifle que le hacen cargar. AMLO y Morena no pueden argumentar que caminan por el sendero de la paz, cuando traen las boinas y las botas puestas.

“Crisis civilizatoria”

Idénticas a las que se colocó Felipe Calderón cuando anunció el inicio de una guerra con los saldos conocidos; lo que “The Wall Street Journal” acaba de calificar como una “crisis civilizatoria” con 250 mil muertos, 37 mil desaparecidos. Quienes prometieron algo distinto de pronto actúan igual, morenistas esgrimiendo argumentos calderonistas. Como las policías no sirven, habrá que usar al Ejército; tal descomposición justifica el estado de excepción; como no contamos con civiles confiables otorguemos más poder a militares entrenados para matar, no para pacificar. Pocas cosas tan desilusionantes como contemplar la metamorfosis del lopezobradorismo en calderonismo; los pacifistas convertidos en trapecistas; los apóstoles de la paz transformados en los perros de la guerra. Mario Delgado, Olga Sánchez Cordero, Alfonso Durazo, ignorando al colectivo #SeguridadSinGuerra cuyo apoyo pidieron, traicionando a las familias de los Foros para la Paz cuyas esperanzas alimentaron, desoyendo a la Suprema Corte cuya posición sobre la Ley de Seguridad Interior prometieron acatar, manipulando la Constitución que ahora amenazan con modificar a modo. El gobierno electo criticó el belicismo de Calderón, pero acaba dándole la razón. No solo regresa al camino trazado por el expresidente, lo vuelve una supercarretera.

Por más volteretas verbales y piruetas intelectuales que intente hacer la plana mayor de Morena sobre el papel protagónico del Ejército para la paz, hay una realidad irrebatible. La Guardia Nacional que están proponiendo es incomparable a la Gendarmería Francesa o la Guardia Civil española. Estará formada mayoritariamente por militares, estará supervisada por militares, será entrenada por militares. Se utilizará para “la prevención, investigación, detención y presentación de detenidos ante el MP y aportación de las pruebas exigidas por la ley”. Las Fuerzas Armadas —de facto— serán las nuevas policías del país. Personal armado hasta los dientes estará patrullando las calles, investigando crímenes, deteniendo a civiles, haciendo lo mismo que ha hecho durante los últimos diez años. Y todos los datos, todas las cifras, todas las investigaciones independientes, toda la experiencia internacional, toda la perspectiva histórica y comparativa apuntan en el mismo sentido: más militarización, más muerte; más militarización, más guerra; más militarización, más calderonismo. En un viraje lamentable e inexplicable, el gobierno electo desechó la promesa de transformar. Prefirió imitar.— Ciudad de México.

denise.dresser@mexicofirme.com

Periodista

 

 

 

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